Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008

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LA REPETICIÓN DEL AMOR

por Lic. Ricardo Navas

"Contigo conocí el amor
porque sólo me diste de él
la forma imposible"
Nemer Ibn El Barud

Freud inicia su artículo sobre el amor de transferencia indicando que es una situación producida por la transferencia, "de condicionamiento múltiple e inevitable" (1), "de segura ocurrencia" (2). Este carácter de inevitabilidad del amor de transferencia aparece resaltado de manera notable todo al inicio del artículo, al extremo de plantear Freud que la paciente tiene dos alternativas: "debe renunciar a todo tratamiento psicoanalítico, o consentir su enamoramiento del médico como un destino inevitable" (3). Lo que podría leerse de este modo: en todo psicoanálisis es inevitable el enamoramiento. Esto, a su vez, nos deslizaría hacia la pregunta: este carácter de inevitable, ¿acaso surgirá de su necesariedad?

Si leemos el texto Puntualizaciones sobre el amor de transferencia juntamente con Sobre la dinámica de la transferencia y Recordar, repetir y reelaborar, de ellos parecería desprenderse que el amor de transferencia tiene dos puntos de apoyo: la predisposición del paciente en tanto que neurótico y la posición del analista.

En relación al primer punto, hay que destacar lo que dice Freud en Sobre la dinámica de la transferencia: Después de explicarnos que las disposiciones innatas y los influjos infantiles dan como resultado en todo ser humano "una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará" (4), nos dice que "... si la necesidad de amor de alguien no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se verá precisado a volcarse con unas representaciones-expectativa libidinosas hacia cada nueva persona que aparezca..." (5). Considera entonces normal que dicha expectativa recaiga sobre el médico. Dos cuestiones importantes se desprenden de este párrafo: el "hacia cada nueva persona que aparezca" nos remite al carácter compulsivo en la búsqueda de un objeto de amor que podría cubrir completamente cierta falta y liga al amor a la repetición, porque se debe tener presente que esa nueva persona será insertada "en una de las series psíquicas" (6). La otra cuestión que se plantea, es la interrogación acerca de si es posible la satisfacción exhaustiva de lo que Freud llama necesidad de amor.

Plantear la imposibilidad de satisfacción exhaustiva lleva a aquello que nos enseña Lacan en relación a la demanda de amor, concepto que está ausente de la obra de Freud y que se ubicaría sobre éste de necesidad de amor. Demanda de amor que es imposible de satisfacer porque no está ligada a un objeto en su naturalidad —naturalidad que se encuentra perdida por la acción del significante— sino a un objeto que se constituye como don del amor del Otro en tanto que posee un poder en lo real para satisfacer la necesidad que provoca el desamparo del infans. Como don, el objeto es un objeto simbólico del amor del Otro, y si "La característica misma del don en tanto que simbólico es su posibilidad de ser revocado, anulado" (7), esto conduce a que no exista ningún objeto que garantice el amor del Otro. Lo que implica que esta necesidad de amor planteada por Freud no pueda ser satisfecha nunca de manera exhaustiva.

"Pero, cuidado, se trata de signos del amor del Otro, no de objetos de amor, el verdadero objeto de amor es ese Otro primordial, al que Lacan mismo designará como objeto primordial" (8). Claro está que a ese Otro el neurótico verá impedido su acceso en función de la ley del incesto y el complejo de Edipo. Este amor por el objeto primordial es el que se repite —es reimpreso aclara Freud en Sobre la dinámica ...— en la situación transferencial y al que hace referencia de modo explícito en su artículo Puntualizaciones sobre el amor de transferencia: "... este enamoramiento consta de reediciones de rasgos antiguos, y repite reacciones infantiles. Pero ese es el carácter esencial de todo enamoramiento." (9) Y agrega inmediatamente: "Ninguno hay que no repita modelos infantiles" (10), lo que podría considerarse como una puesta en duda del carácter ‘original y verdadero’ del amor que se presenta fuera de la situación analítica. Pero continuando con lo anterior, es esta repetición de ese amor infantil la que le da al amor de transferencia su carácter de necesario. Porque si un análisis verdadero sólo es aquel que ha conseguido analizar las experiencias infantiles, esto únicamente es posible si aquéllas son actualizadas en la transferencia, siendo incluso muy importante que presenten "el carácter convincente de lo espontáneo" (11).

En otro de sus artículos, Recordar, repetir y reelaborar, Freud dice que no debemos tratar la enfermedad del analizado "como un episodio histórico, sino como un poder actual" (12) y trabajar "mientras el enfermo lo vivencia como algo real-objetivo y actual" (13). Este adverbio ‘como’ del que el diccionario Espasa 1, en su tercer acepción, nos dice que "En sentido comparativo denota idea de equivalencia" (14) nos introduce de lleno en el carácter de escena que tiene para Freud la transferencia. La transferencia es definida por él como la palestra donde la repetición escenificará el pulsionar patógeno escondido del analizado. Ahora bien, esta referencia a la escena aparece también en su artículo sobre el amor, sólo que allí la presenta desbaratada por una "realidad que irrumpe súbitamente" (15). ¿Y qué dice Freud en relación a este amor de transferencia? "La cura tiene que abrirse paso a pesar de esta transferencia amorosa y a través de ella" (16). O, en otros términos, a pesar de los aspectos imaginarios de este amor y a través de la dimensión significante que él presenta. ¿Cómo lo resuelve Freud? "Uno retiene la transferencia del amor, pero la trata como algo no real, como una situación por la que se atraviesa en la cura,..." (17). Lo cual, en buen argentino, significa que el analista no se la crea. Que no haga de este imaginario un real (18) sino que pueda aprovechar lo que de significante se ofrece en él. Que mientras el paciente lo vivencia como algo real-objetivo y actual, el analista pueda incluir ese real actualizado en la transferencia, en esa función teatral que es la neurosis (artificial) de transferencia. El grito de ¡Fuego! que suspende la función teatral con que Freud ejemplifica la situación debe, en la escucha del analista, devenir incluido en el libreto.

Este es, podemos decir siguiendo a Freud, el quehacer del analista, aquel que lo funda como tal. Porque las otras dos opciones que menciona Freud llevan a desenlaces que no son incluibles en la situación analítica, porque justamente son desenlaces que hacen caer el análisis de su estatuto de tal. En ambos hay desfallecimiento del analista, en ambos el analista cree en la ‘realidad’ de aquello que se le ofrece-muestra, en ambos se juega algo del orden de la contratransferencia (19). Si el analista por su creencia en la ‘realidad’ de ese amor corresponde a él produce una actuación (agieren) del paciente, término que al inglés fuera traducido como acting-out (20). La otra posibilidad que menciona Freud es que el analista interrumpa el tratamiento. Para el paciente, en este caso, aquel wiederholen que se presentaba como agieren y debía incluirse en la Übertragung habrá quedado en el nivel de Aktion, término que emplea Freud en Recordar, repetir y reelaborar para designar la repetición en "todos los otros ámbitos de la situación presente" (21) que no corresponden al del análisis. Así, el análisis no se habrá diferenciado en nada de ellos.

Pero... esta predisposición del paciente a volcar representaciones-expectativa libidinosas hacia cada nueva persona que aparezca, ¿alcanza para producir el amor de transferencia? ¿Qué, en la producción de este fenómeno, podemos imputarle al analista? "El tendió el señuelo (22) a ese enamoramiento al introducir el tratamiento analítico..." (23) nos contesta Freud en Puntualizaciones sobre el amor... ¿Por qué lo dice? En Recordar, repetir y reelaborar y haciendo referencia a la nueva técnica que emplea, nos aclara que "El hacer repetir (Das Wiederholenlassen) en el curso del tratamiento analítico, según esta técnica más nueva, equivale a convocar un fragmento de vida real (ein Stück realen Lebens heraufbeschwören)" (24). Si ante esta convocatoria aquello que se presenta es el amor que repite modelos infantiles, que descubre la elección infantil de objeto y trae a la luz la añoranza sexual por el objeto —esto último teniendo presente que "En el origen sólo tuvimos noticia de objetos sexuales" (25)—, esto ubica al analista en la posición de ese Otro primordial del Proyecto.... aquél que fue primer objeto de amor y que, como asistente primero, fue quien aportó el objeto que sirvió para la primera experiencia de satisfacción. Y en relación a ese Otro, "nosotros tomamos el relevo" (26) prestando nuestra persona como soporte a los fenómenos de transferencia.

Pero, ¿cómo se hace repetir?, ¿cómo convocar un fragmento de vida real?, ¿en qué consiste tender el señuelo? Si notamos que Freud habla de la ‘introducción’ del tratamiento y seguimos el texto de Lacan sobre la dirección de la cura arribamos a la siguiente conclusión: con la simple enunciación de la regla analítica que, no olvidemos, Freud llamaba fundamental. Al padecimiento del sufriente que concurre a análisis, el analista no responde con amor sino con un ‘Diga todo’ que lanza la demanda. "...con oferta, he creado demanda." (27) "porque después de todo soy yo quien le ha ofrecido hablar." (28) Esto es así ya que la sola puesta en juego de su discurso implica la demanda, sin que por esto sea demanda de algo. "Me pide..., por el hecho de que habla; su demanda es intransitiva, no supone ningún objeto" (29) nos dice Lacan.

Recordemos nuevamente que Freud proponía como análisis verdadero sólo aquél que analiza las experiencias infantiles y digamos que, únicamente "Por el intermediario de la demanda, todo el pasado se entreabre hasta el fondo del fondo de la primera infancia." (30) Lacan nos dice en ese texto que es por esa vía que se produce la regresión temporal en el análisis. Pero dicha regresión no consiste en que el paciente haga caca o coma en el diván (31) sino que es regresión temporal en el tiempo de la rememoración. La regresión "...no alcanza sino a los significantes (orales, anales, etc.), de la demanda y no interesa a la pulsión correspondiente sino a través de ellos" (32).

Esto es, la regresión implica "...el retorno al presente de significantes usuales en demandas para las cuales hay prescripción" (33); porque, como decía Freud, "...en definitiva, nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie" (34).

Notas
(1)  Freud, S., ‘Puntualizaciones sobre el amor de transferencia’, en Obras completas, tomo XII, Amorrortu Editores, Bs.As., 1990, pág. 163 Volver
(2)  Freud, S., Ob. cit., pág. 164 Volver
(3)  Freud, S., Ob. cit., pág. 164 Volver
(4)  Freud, S., ‘Sobre la dinámica de la transferencia’, en Obras completas, tomo XII, Amorrortu Editores, Bs.As., 1990, pág. 97 Volver
(5)  Freud, S., Ob. cit., pág. 98 Volver
(6)  Freud, S., Ob. cit., pág. 98 Volver
(7)  Rabinovich, D., ‘El concepto de objeto en la teoría psicoanalítica I’, Ed. Manantial, Bs.As., 1988, pág. 129 Volver
(8)  Rabinovich, D., Ob. cit., pág. 124 Volver
(9)  Freud, S. ‘Puntualizaciones sobre el amor ...’, Ob. cit., pág. 171 Volver
(10)  Freud, S., Ob. cit., pág. 171 Volver
(11)  Freud, S., Ob. cit., pág. 165 Volver
(12)  Freud, S., ‘Recordar, repetir y reelaborar’, en Obras completas, tomo XII, Amorrortu Editores, Bs.As., 1990, pág. 153 Volver
(13)  Freud, S., Ob. cit., pág. 153 Volver
(14)  Diccionario enciclopédico Espasa 1, Espasa-Calpe, Madrid, 1986 Volver
(15)  Freud, S., ‘Puntualizaciones sobre el amor...’, Ob. cit. pág. 165 Volver
(16)  Freud, S., Ob. cit., pág. 167 Volver
(17)  Freud, S., Ob. cit., pág. 169 Volver
(18)  Esto sería el equivalente de la intención de engañarle que Freud imputa a la joven homosexual. Volver
(19)  Parece pertinente citar aquí la advertencia que hace Lacan: "Pero lo que es seguro es que los sentimientos del analista sólo tienen un lugar posible en este juego, el del muerto; y que si se le reanima, el juego se prosigue sin que se sepa quién lo conduce" (Lacan, J., ‘La dirección de la cura y los principios de su poder’, en Escritos 2, Siglo Veintiuno Editores, Bs.As., 1985, pág. 569) Volver
(20)  Una posibilidad que no menciona Freud y que está también presente es que quien interrumpa el tratamiento sea el paciente, lo cual se ubica en la misma categoría de agieren. Volver
(21)  Freud, S., ‘Recordar, repetir...’, Ob. cit., pág. 152 Volver
(22)  'El se ofrece como señuelo' podríamos decir si consideramos, con Lacan, al analista ubicado en posición de semblant dea. Volver
(23)  Freud, S., ‘Puntualizaciones sobre el amor...’, Ob. cit., pág. 172 Volver
(24) Freud, S., ‘Recordar, repetir...’, Ob. cit. pág. 153 Volver
(25)  Freud, S., ‘Sobre la dinámica...’, Ob. cit., pág. 103 Volver
(26)  Lacan, J., ‘La dirección de la cura...’, Ob. cit., pág. 597 Volver
(27)  Lacan, J., Ob. cit., pág. 597 Volver
(28)  Lacan, J., Ob. cit., pág. 597 Volver
(29)  Lacan, J., Ob. cit., pág. 597 Volver
(30)  Lacan, J., Ob. cit., pág. 597 Volver
(31)  lunger, V., ‘Relectura del Acting-out: cuestiones del objeto y del deseo’, seminario del 17.6.92, inédito Volver
(32)  Lacan, J., ‘La dirección de la cura...’ Ob. cit., pág. 615 Volver
(33)  Lacan, J., Ob. cit., pág. 597 Volver
(34)  Freud, S., ‘Sobre la dinámica...’, Ob. cit., pág. 105 Volver

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