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Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008 |
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FILADELFIA
por Lic. Mariana Moretti
Difícil apuesta la de ensayar una síntesis argumental de una película en la cual cada escena resulta realmente significativa, con juegos de luces y sombras que parecen hablar por sí mismos, con un alto contenido emotivo, y de intensa movilización por tratarse de una temática que nos atraviesa hoy más que nunca: el SIDA, y que nos deja inermes frente a un real insoportable e innombrable de siempre: la muerte.
El film transcurre en Filadelfia. Elección de un titulo que no parece ingenua si tomamos en cuenta las palabras mismas de quien cumple el papel de un abogado defensor y que no casualmente representa en este film, a través de su color de piel, también a una minoría muchas veces rechazada, la raza negra. El dice refiriéndose a Filadelfia: "...ciudad del amor fraternal, cuna de la libertad, donde se declaró la independencia...", un documento que resalta que... "todo hombre es creado igual..."
Su protagonista: Andy, rodeado de una familia cuya estructura pareciera hasta ideal,con vínculos estrechos, de carácter altamente contenedora y donde no aparece en lo manifiesto de la película la dimensión del conflicto. Andy es un joven abogado, enfermo de SIDA, cuya elección de objeto es homosexual, forma parte de una empresa de construcciones y con una brillante carrera dentro de la misma.
Pese a esto es despedido luego de haberle otorgado, sin embargo, la representación de un caso difícil.
Así se abre la trama argumental, donde juegan las distintas razones dadas para dicha desvinculación, la que manifiestan los socios de la firma, por un lado y la que Andy sostiene como verdadera. Razones que formarán el núcleo central de la demanda judicial y por lo tanto del juicio en el que el protagonista puede hacer explícita su acusación: "...con lo doloroso que es, yo acuso a mis antiguos colegas por tan censurable comportamiento...", que podríamos traducir como discriminación.
Mientras la enfermedad de Andy avanza hasta colmar lo inevitable e inocultable de su propia imagen, imagen de un cuerpo que no puede remediar el "soportarla" y a la vez la combate con el "resto" de vida que de ella se desprende y que no parece homologable a la fuerza con la que pelea, habrá lugar en la película para la aparición en escena desde las palabras, desde los actos o simplemente a través de un excelente juego de miradas y gestos, de varios elementos altamente cuestionantes: los prejuicios, las costumbres, la aceptación o el rechazo de lo que nos resulta diferente, los valores, la verdad y junto a ella el ocultamiento o el engaño, la lealtad o la traición, el aislamiento, el apoyo o la contención, lo justo o lo injusto, el amor o el odio, la vida, los distintos modos de vivirla y la muerte.
A lo largo de esta película habría distintas escenas que podríamos recortar para ilustrar de algún modo los conceptos de: lo universal, lo singular, lo moral de lo particular, el efecto particularista.
Así, por ejemplo, en el comienzo de la misma, transcurre una escena de la que forman parte los cuatro socios de la empresa en cuestión y Andy.
En ésta, luego de un breve interrogatorio con aparente carácter de prueba confirmatoria de una decisión acertada, se da lugar a un diálogo donde le conceden a Andy la representación de un caso:
- Andy: "Sinceramente aprecio tu fe en mis habilidades..."
- Socio: "Fe, Andy, es creer en algo de lo que no tenemos prueba... Y no es ése el caso en esta situación..."
Allí, Andy parece agradecer tal reconocimiento hacia él como si el mismo se basara en una simple cuestión de fe (en sus habilidades).
Charly, su "amigo", socio de la firma, con su respuesta parece admitir un valor de universal para la fe y como tal su carácter teórico, sin efectos tangibles, no pasible de ser "probado" sino sólo en la dimensión singular de este sujeto, Andy, quien en su singularidad, única e irrepetible, sí ofrece las pruebas que dan cuenta "en este caso" de sus habilidades y que parece jugarse en el escenario particular ofrecido por este grupo de socios quienes comparten el reconocimiento hacia este sujeto, basándose en lo común de sus valores, normas y deberes, por ejemplo, hacia cómo defender el caso en cuestión y así representar a una parte correctamente. Valores compartidos que permiten a este grupo llamar en adelante también a Andy con el nombre de "socio", sumándolo así al "algunos" que ellos conforman.
Dentro de esta misma escena aparece un hecho que luego cobrará mayor significación. Uno de los socios nota "algo" en la frente de Andy, una "marca" que lo singulariza y expresa lo que él decidió hasta ahora mantener oculto: su enfermedad. Y desde aquí, como todo lo oculto, empieza a ser también para el resto un enigma a descifrar. Una "marca" cuyo desocultamiento la transformará en una "lesión" a causa del HIV y que pasará a ser encubierta ahora por los socios, quienes argumentarían como verdadera otra "causa" para el consecuente despido: incompetencia.
El hecho del despido podría hablar de un efecto particuIarista por parte de aquel "algunos", el grupo de socios, que no admitiendo la existencia de alguien diferente, con valores y elecciones distintas, lo expulsan, mostrando el intento -en este efecto- de transformar en un como para "todos" los valores propios, arrogándose a sí mismos el poder universal - singular.
Frente a este hecho el protagonista, expulsado ahora hacia otro particular (hombres homosexuales y enfermos de HIV) recurre a alguien que conforma otra minoría: un abogado de raza negra, luego de haberse dirigido previamente a otros nueve abogados.
Este abogado -Joe- atraviesa distintos momentos donde parece ir modificando su posición respecto en primera instancia a si en el relato de Andy podía verse o no un caso; más adelante también se cuestionará sus propias opiniones como sujeto más allá de la ley a la que representa.
Pese a "ver" un caso, detallarlo, lo niega en el mismo instante:
Joe: "No deseaban despedirlo por tener SIDA, entonces, aunque es brillante, lo muestran como incompetente por el archivo perdido. No veo su caso."
Luego agrega, diría mejor, reconoce no quererlo por "razones personales", razones éstas que nos llevan al desprendimiento de toda la línea de valores morales que él mismo sostiene y que expresa claramente a través de sus propias palabras:
- "Soy prejuicioso, no me gustan los homosexuales..."
- "No soporto esa porquería..."
- "No entiendo por qué esos tipos hacen eso... Soy conservador..."
- "Aceptarías a un cliente, si pensaras constantemente: no deseo que se me acerque, ni siquiera quiero que respire cerca de mí...?"
En relación a esta última pregunta podríamos inferir en el abogado un intento por depositar la decisión respecto a aceptar o no a Andy como cliente en un otro, un semejante al que él puede reconocer como tal (quizás este lugar más que oportuno para mencionar el término semejante, tratándose justamente de su mujer, de raza negra y heterosexual, como él) y depositando la decisión en este otro, no hacerse responsable de su acto. De todos modos no obtiene la respuesta buscada, ni a favor ni en contra.
Una escena en particular (cuando se encuentra con Andy en la biblioteca) grafica con claridad el momento en el que Joe se enfrenta a un dilema ético, situación dilemática expresada en un instante donde detiene su caminar (casi podríamos decir su "huída") y su rostro dibuja las posibles alternativas frente a su interrogante: acepto el caso o no lo acepto.
Son varias las cuestiones que parecen desprenderse para Joe, sobre todo frente a la primera posibilidad; representarlo, con todo el peso que el término mismo implica. ¿Cómo representar a un homosexual sin serlo y además rechazando esta elección?
Entonces regresa, y en el acto mismo de sentarse frente a Andy, "cerca de su respiración", escenifica su decisión, de la que ahora sí sólo él será responsable. En una búsqueda de algún caso "precedente" en la Justicia, Andy le ofrece nada menos que "la decisión mayor", tal como él mismo dice, su garantía en este punto es el texto de Ley, la Ley misma.
Así, Joe pasa a leer un fragmento de aquella, que pareciera definir hasta poéticamente el efecto y esencia del particularismo.
- "Esta es la esencia de la discriminación, formarse opiniones de otros, en base no a méritos individuales, sino en las características de los miembros de un grupo."
Otras razones pertenecientes al campo moral de lo particular se desprenden de los comentarios de Charles (ex-socio y "amigo" de Andy) al recibir la citación judicial:
- "Andy metió el SIDA en nuestras oficinas, en nuestros baños para caballeros, en nuestra reunión anual para las familias... ¡Por Dios!..."
Comentarios de los que podríamos leer entre líneas que el SIDA no es para caballeros, o que los caballeros no contraen SIDA. ¿Por qué no lo contraen? ¿Por ser correctos?, ¿Por actuar debidamente?, ¿Siendo heterosexuales y no siendo obscenos? ¿Por qué tampoco puede estar en las familias?; los enfermos de SIDA, ¿no tienen familia?; una familia con un integrante homosexual, ¿no es tal?; un homosexual, ¿no tiene derecho a formar una familia?...
Luego, justamente una reunión familiar antecede el inicio del juicio.
Allí, diálogos cargados de afecto, plena comprensión y apoyo incentivan aún más la decisión del protagonista de llevar a cabo el proceso judicial, pese a lo doloroso que puede resultar para todos.
Podríamos relacionar lo acontecido aquí con una postura particular de la familia frente a la problemática del SIDA, posición enfrentada a la que presentan los socios de la firma.
De este modo, tomando en cierto sentido lo dicho en otro sitio: "...la escena familiar ...humaniza el problema y al hacerlo desata sin duda una cierta cuota de angustia, pero las asociaciones que promueve permiten ingresar esa angustia en un camino simbólico y por lo tanto un mayor crecimiento de la calidad de los sujetos que se enfrentan al problema..." (1)
Como ilustrativa contracara aparece la otra posición adoptada, a la que aludía anteriormente, la cual separando, excluyendo y alejándose del sujeto enfermo, "...relevaría la angustia y propone una salida expeditiva que refuerza al sujeto individualista..." (1)
¿Cómo es olvidado aquí el carácter simbólico del ser humano...?, que tal como expresa Fariña "...debe ser tomado en cuenta como la medida de todas las cosas... Cuando esto no es así, devienen formas de degradación..." (1) Otras, sin embargo, son las marcas simbólicas que atraviesan a Andy desde el discurso materno: - No crié a mis hijos para que se sentaran en la parte trasera del bus... Ve allá y pelea por tus derechos..." Y, casi como respondiendo a esta frase, que sin embargo no escuchó, Joe emite una opinión que pareciera ser acorde al deseo de esa madre: - "...él es un luchador...".
Vemos así desplegarse el carácter de lo simbólico como... "esa operación por la cual un objeto es representado por otro que no está presente y del cual recibe los atributos y las razones de su comportamiento." (1)
Ya en el juicio comienzan a desplegarse algunos elementos que no se vislumbraban antes.
Aparece, por ejemplo, desde los demandados, una búsqueda por diferenciar la responsabilidad de los sujetos en relación a lo que opera como causa para la contracción de la enfermedad.
Así, aparece en escena otra abogada, quien había trabajado con uno de los socios, también enferma de SIDA, para ofrecer el escenario apropiado para sostener la comparación.
Ella, contagiada a través de una transfusión de sangre luego de un parto complicado, aparece como "no responsable" y por lo tanto digna de compasión y lástima por no haberse enfermado por una "falta propia".
Por otro lado, se eleva la causa indigna de Andy, su "propia falta", su deplorable condición de homosexual que lo arrastró a ser el "responsable" de su propia degradación y por lo tanto no digno de complacencia alguna. Sin embargo... no fue por esto por lo que fue despedido...
Entremezclándose con las peleas acerca de lo correcto o incorrecto del obrar humano, el abogado defensor, Joe, eleva su voz intentando correr al menos un instante el velo de tanta hipocresía y así afirma e interroga a la vez: - "Este caso no es sólo sobre SIDA, ¿no es así?... ¡Hablemos de lo que este caso realmente se trata! El odio del público, nuestra carga, nuestro temor, la homosexualidad... y cómo ese clima de odio y temor se tradujo en el despido de este homosexual en particular, mi cliente...".
¿De qué nos habla Joe a través de esta intervención? ¿No nos estará diciendo algo acerca de la discriminación, que al igual que otros métodos de represión buscan... "...destruir en cada uno de nosotros", eliminar, callar o enjuiciar el proyecto de vida, la elección de objeto de más de uno en particular?... Así, podríamos pensar cómo bajo el ataque a un cuerpo singular, Andy en nuestro caso, se buscaría destruir un cuerpo social, se buscaría en realidad silenciar la propia homosexualidad callando y censurando la de un otro, la de un semejante que por sostener esa elección se torna para el resto alguien diferente y de este modo "...se puede sumar a lo oculto -de uno mismo- la propia negación frente a lo extraño." (2)
Por otro lado Savater también parece parafrasear esto cuando dice que "...porque los otros hombres se me parecen mucho pueden resultar más peligrosos que cualquier otro animal o que un terremoto..." (3)
Frente a esta intervención de este abogado resuena entonces la réplica nada menos que de boca del Juez, un Otro que intenta explicitar las garantías de la Ley que él mismo imparte en nombre de La Justicia:
- "...en esta Corte la Justicia es ciega en lo referente a raza, credo, color, religión y orientaciones sexuales."
A lo que Joe responde, creo de un modo brillante, que más allá (o más acá) de esa Ley, de esa Justicia ciega... "...no vivimos en esta Corte..." y quienes seríamos intencionalmente ciegos en realidad somos los hombres.
Así se abre luego el lugar para que diga su verdad quien ya no sigue eligiendo protegerse en y con el silencio, sino quien decidió tomar de una vez la palabra, aunque sea ahora, o quizás justamente ahora, cuando él mismo confiesa que comenzará a prepararse para "lo inevitable". Y expresa de un modo singular qué es lo que él más ama de la Ley diciendo:
- "...que de vez en cuando, no con mucha frecuencia, sino ocasionalmente, uno logra ser... parte de Justicia, que se realiza."
De este modo Andy parece estar hablándonos de la no posibilidad de que existan lo universal y lo singular aisladamente, cómo la única manera de que se torne tangible un rasgo universal de la Justicia sería en un acto singular de un sujeto en el cual ese rasgo "se realiza", a través de ciertas particularidades de la especie humana que en este caso tratarían de las mediaciones normativas, leyes que intentan establecer un orden y que al ser escritas pasan a ser particulares.
Podríamos pensar que tanto Andy como su abogado por lo que están luchando es por defender lo mismo que, según Savater, "...a la ética le interesa, lo que constituye su especialidad es cómo vivir bien la vida humana, la vida que transcurre entre humanos. Si uno no sabe cómo arreglárselas para sobrevivir en los peligros naturales, pierde la vida, ...pero si uno no tiene ni idea de ética, lo que pierde o malgasta es lo humano de la vida..." (3)
Mientras que del lado de los socios cabria preguntarse qué es Io que verdaderamente están en este "juicio" "enjuiciando".
Hacia el final del juicio, aparece el comienzo de otro final, que también será el de la película.
Andy, -y no sólo él-- debe comenzar realmente a enfrentarse con aquello "inevitable" para lo cual había dicho empezar a prepararse. Sufre una descomposición durante el proceso judicial y es internado y más allá de lo innombrable que resulta, la muerte empieza a colmar su cama y su cuerpo. ÉI no podía ignorarla.
También colmaba el ambiente de esa habitación y los rostros de sus familiares, que sí parecían intentar negar su presencia cuando entre los "festejos" por una batalla ganada, un fallo real que a partir de ahora servirá de "precedente" -batalla que en realidad trasciende ese ámbito jurídico particular abriendo otro horizonte, el de la ética- se despedían de quien en realidad era el que se iba, con un "hasta luego" o un "te veré mañana"...
Así la muerte, de quien no hace mucho tiempo oí una referencia como "un reloj sin hora", clavaba sus agujas en el preciso instante en que, quien a la vez aguardaba por ella y contra ella peleaba, dijera simplemente: "ya estoy listo...".
Bibliografía
(1)
Fariña: "La ética de lo simbólico en el mundo de lo formal..."
(2)
Ulloa, F.: "La ética del analista frente a lo siniestro"
(3)
Savater: "Ética para Amador"
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