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Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008 |
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THE TRUMAN SHOW
De la Isla de Guilligan a las Islas Fiji
por Fernando Bravo
"One
doesn't discover new lands without consenting to lose sight of the shore for a very long time." |
"We're
all in this alone." |
Con las citas precedentes se inicia el texto original escrito por Andrew M. Niccol que dio luz al largometraje "The Truman Show".
El Prof. Maximiliano González escribió el trabajo ganador del Concurso "The Truman Show", organizado por el Diario La Nación y UIP (United International Pictures). A continuación transcribo de modo casi textual algunas de sus puntualizaciones acerca del film:
"...Truman ha sido despojado de su privacidad de la peor manera posible, ha sido privado contra su voluntad, pues lo que él juzga privado ha sido, siempre, continuamente público. Truman está sólo y cree estar rodeado de mujer, amigos, que no hacen más que representar esos papeles ante él para Kristof-Dios (el creador del programa televisivo). La trama llega a un punto en que el protagonista debe sospechar, y debe deshacer semejante sistema... La repetición cíclica y exacta es la punta del ovillo para descubrir la trama en la que está involucrado... Aquí comienza a desarrollarse el perfil heroico del personaje que termina alcanzando la estatura de Odiseo, ya que como el héroe homérico deberá enfrentar las inclemencias climáticas a las que lo somete Kristof-Poseidón, el ahora enojado Dios que desea deshacerse de su hijo, pues ha tomado conciencia (y ése es el tabú que el Dios mediático ha decretado: todo es posible, salvo tomar conciencia). Truman en realidad termina siendo un Odiseo al revés. Su lucha no consiste en regresar sino en evadirse, en ir al mundo que hasta ahora es un misterio (en este sentido la historia de Truman metaforiza el desarrollo anímico, desde las etapas más arcaicas de la evolución psíquica de un individuo, desde el narcisismo y la vida signada por el deseo de los padres, a la elección de objeto exogámica y la construcción de un proyecto de vida propio y original).La cámara de Kristof no se queda quieta. Desde su fortaleza en la luna -deconstrucción de cualquier imagen idílica que sobre el satélite nocturno pueda conjeturarse- filma absolutamente todo y la naturalidad la obtiene del mejor actor que pueda tener jamás: alguien que no actúa, que vive. Puesto que actuación y vivencia se ha superpuesto hasta la fusión total (en la película asistimos a la construcción sistematizada de un falso self por parte del Dios-Director Kristoff, y vemos a un Truman casi sucumbir a los hechizos mortales de esta máscara que limita todas sus posibilidades de identidad y transformación). El eje de interés es el que tiene la vida como última y más alta posibilidad de verosimilitud. El verosímil que propone el programa de Kristof es infalible, puesto que Truman jamás tendrá conciencia de estar actuando.
A pesar de todo esto, no deja de ser verdadera al afirmación de Kristoff acerca de que el mundo real también es una trama de simulacros, lo que en realidad permite percibir la alegoría que el film presupone, la dimensión hacedora de los medios como constructores de realidades que no hacen sino tapar la realidad.
Al evadirse de la ciudad natal-virtual, Truman deja de ser Truman para comenzar a serlo en el mundo, para realizar su identidad, tanto tiempo virtualizada: pero este resultado, satisfactorio para el protagonista, echa luz sobre la duplicidad continuamente digitada entre identidad real e imagen fabricada."(1)
El por qué del título que encabeza al presente ensayo es la guía o índice de los dos temas generales planteados en el trabajo. La serie televisiva "La Isla de Gilligan", más allá de su profunda riqueza en carcajadas tiene una característica peculiar: quienes han caído en ella no pueden ya escapar (en realidad pareciera como si siempre hubiesen vivido en ella pues poco sabemos de sus vidas pre- isla de Gilligan), y de este hecho dan crédito la infinidad de veces que Gilligan, el Capitán, el Profesor y los demás habitantes han fracasado en sus intentos de abandonar la isla. De cualquier modo la misma serie tampoco tendría sentido si escapasen. Como veremos éste es el sentido que pierde el Truman Show una vez que Truman inicia el desenmascaramiento de la trama en la cual estaba involucrado. Pero no nos adelantemos, esta idea del aislamiento en la isla de Gilligan coincide con un Truman no conciente de la realidad ficticia que lo rodea y lo invade. Es verdad que Truman podría haber vivido toda su vida sin percatarse de lo que realmente sucedía... Es precisamente ésta, la posibilidad que se explora en la primera sección del ensayo que por su parte se subdivide en tres apartados. Ellos aúnan los interrogantes teórico-clínicos a los cuales he llegado a raíz de la lectura del material recopilado acerca de la percepción, el mundo interno y la realidad externa. Los expongo a continuación:
La realidad en psicoanálisis.
La ambigüedad de la noción de realidad en psicoanálisis se debe en buena medida al hecho de que la misma palabra se aplica a la realidad psíquica y a la realidad exterior. Para el inconciente sólo cuenta la primera, es decir el mundo interior de las fantasías inconcientes. Pero para ser preservada, la realidad interior tiene que contar con la realidad exterior. El primado del principio de realidad protege al principio del placer; de aquí la importancia para el analista, de tomar en consideración la realidad exterior.(2)
A continuación transcribiré dos fragmentos de "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" (1911) que a mi juicio condensan una parte importante del desarrollo teórico que Freud realiza en base al asunto que nos compete.
| "Retomo las ilaciones de pensamiento que he desarrollado en otro lugar, suponiendo ahora que el estado de reposo psíquico fue perturbado inicialmente por las imperiosas exigencias de las necesidades internas. En este caso lo pensado, deseado fue puesto de manera simplemente alucinatoria, como todavía hoy nos acontece todas las noches con nuestros pensamientos oníricos. Sólo la ausencia de la satisfacción esperada, el desengaño, trajo por consecuencia que se abandonase ese intento de satisfacción por vía alucinatoria. En lugar de él, el aparato psíquico debió resolverse a representar las constelaciones reales del mundo exterior y a procurar la alteración real. Así se introdujo un nuevo principio en la actividad psíquica; ya no se representó lo que era agradable, sino lo que era real, aunque fuese desagradable".
"Así como el yo-placer no puede más que desear, trabajar por la ganancia del placer y evitar el displacer, de igual modo, el yo-Realidad no tiene más que aspirar a beneficios y asegurarse contra perjuicios. (en la nota al pie nº15: la ventaja del yo-Realidad sobre el yo-placer ha sido expresada por Bernard Shaw: "poder escoger la línea de la mayor ventaja en vez de ceder en la dirección de la menor resistencia".) En verdad, la sustitución del principio del placer por el ppio. de realidad no implica el destronamiento del primero, sino su reaseguramiento. Se abandona un placer momentáneo, pero inseguro en sus consecuencias, sólo para ganar por el nuevo camino un placer seguro, que vendrá después." |
a) Cuando el desengaño del producto alucinatorio no se produce (acercamiento a las constelaciones internas y especialmente externas que conducen a fallas graves en el registro perceptual).
Freud afirma que los procesos psíquicos inconcientes (primarios) obedecen al principio del placer, "estos procesos aspiran a ganar placer; y de los actos que puedan suscitar displacer, la actividad psíquica se retira (represión). Nuestros sueños nocturnos, nuestra tendencia de vigilia a esquivar las impresiones penosas, son restos del imperio de ese principio y pruebas de su jurisdicción". Por otro lado querría volver sobre el párrafo citado al principio, vimos como lo deseado era "puesto de manera simplemente alucinatoria, como todavía hoy nos acontece todas las noches con nuestros pensamientos oníricos. Sólo la ausencia de la satisfacción esperada, el desengaño, trajo por consecuencia que se abandonase ese intento de satisfacción por vía alucinatoria. En lugar de él, el aparato psíquico debió resolverse a representar las constelaciones reales del mundo exterior y a procurar la alteración real. Así se introdujo un nuevo principio en la actividad psíquica; ya no se representó lo que era agradable, sino lo que era real, aunque fuese desagradable" (3).
Ahora, ¿qué ocurre si no existe la mentada ausencia de satisfacción fantaseada o alucinada (en el peor de los casos), por el contrario quizás haya satisfacción; y a esto sumamos una realidad externa penosa (por ejemplo humillante), aunque también masoquísticamente placentera por algún motivo, que desmiente los procesos perceptuales del sujeto?
Ahora no importan los nombres que podamos dar a esta situación, lo cierto es que en este universo nada mueve a abandonar el intento de satisfacción por vía alucinatoria o fantaseada, no tiene sentido representar las constelaciones reales del mundo exterior y menos aun procurar la alteración real.
Una realidad semejante es la que se configura en la anti-utopía "Un mundo feliz". En el prólogo al texto citado, su autor, Aldous Huxley expresa: "El gobierno por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre artificialmente provocada, encarcelamientos en masa... se ha comprobado que es ineficaz, y en época de tecnología avanzada la ineficacia es un pecado contra el Espíritu Santo. Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela... Grande es la verdad, pero más grande todavía desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no mencionar ciertas cuestiones, de bajar lo que Mr. Churchill llama un "telón de acero" entre las masas y los hechos o argumentos que los jefes políticos consideran indeseables, la propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más convincentes refutaciones lógicas. Pero el silencio no basta. Si se quiere evitar la persecución, la liquidación y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de la propaganda sean tan eficaces como los negativos. Se harán entonces vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán el problema de la felicidad, en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre. Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir, en aras a la brevedad doy por sentado resolver el problema de la seguridad permanente. Su logro es una revolución meramente superficial, externa. El amor a la servidumbre sólo puede lograrse como resultado de una revolución profunda, personal en las mentes y los cuerpos humanos."(4)
¿Cómo podríamos desanudar una situación tan complicada como ésta? Quizás resulte necesario trabajar en dos direcciones, por un lado analizando el mundo interno del sujeto que destierra su percepción (y por ende sus posibilidades de accionar en el mundo), a fin de indagar las situaciones históricas que lo movieron a cristalizarse en esa posición. Por el otro, siempre y cuando la persona pueda resguardar algún tipo de registro perceptual, se hace necesario ver, a través de él mismo el mundo externo que lo rodea a fin identificar aquellos objetos externos reales que desmienten su percepción. Si para nosotros "los analistas" la única realidad que cuenta es la interna, como vamos a diferenciar la paranoia de una sana percepción del mundo externo. Green expresa que: "es un prerrequisito del tratamiento psicoanalítico que el campo del psicoanálisis se circunscriba a las fronteras del mundo interior y que la realidad extra analítica no se convierta en fuente de peligros graves (como en la psicosis)". Quizás nuestra propia omnipotencia nos repudie el hecho de que en nuestro trabajo también podemos actuar de un modo psicotizante.
Sin percepción, no hay análisis posible, pues cómo podríamos cambiar aquello que no podemos ver. De este modo si somos cómplices de una realidad que desmiente la percepción del sujeto, logramos aniquilar todas sus posibilidades de transformación.
En la 23ra de sus conferencias de Introducción al psicoanálisis, Freud se ocupa de las fantasías, "ellas poseen realidad psíquica, por oposición a la realidad material, y poco a poco aprendemos a comprender que en el mundo de las neurosis la realidad psíquica es la decisiva". Entonces porqué resulta a veces necesario intervenir en cuestiones que no hacen directamente a la realidad interna? Quizás cuando la realidad externa pueda poner en peligro a la interna (o a la vida) como menciona A. Green.
Sobre el mismo eje gira la siguiente expresión de Freud: "No crean ustedes, por lo demás, que los abusos sexuales cometidos contra las niñas por sus parientes masculinos más próximos pertenecen por entero al reino de la fantasía. La mayoría de los analistas habrán tratado casos en que esas relaciones fueron reales y pudieron comprobarse inobjetablemente; sólo que correspondían a años más tardíos de la infancia y se atribuyeron a una época anterior. No se tiene otra impresión sino que tales hechos de la infancia son de alguna manera necesarios, pertenecen al patrimonio indispensable de la neurosis. Si están contenidos en la realidad, muy bien; si ella no se los ha concedido, se los establece a partir de indicios y se los completa mediante la fantasía. El resultado es el mismo y hasta hoy no hemos podido registrar diferencia alguna, en cuanto a las consecuencias de estos sucesos infantiles, por el hecho de que en ellos corresponda mayor participación a la fantasía o a la realidad".(5)
Es muy probable que con estas afirmaciones Freud insistiera en su percatación del enorme determinismo que la realidad psíquica impone a la vida de un sujeto, sin embargo no puede negarse el efecto arrasante y devastador que producen algunos sucesos reales (violaciones, abusos, violencia, etc.) particularmente durante la infancia. Por otro lado, si bien creo que la fantasía puede tener gran peso en la evolución mental de una persona, estoy convencido de que las transformaciones internas no son posibles desde la fantasía sino desde una realidad objetiva que interviene en el mundo interno de la persona (llámese a ésta psicoanálisis, actividades sublimatorias, etc.
b) La percepción conservada y resignada a la vez (o desmentida).(6)
Freud expresa que "si se quiere separar de manera más nítida el destino de la representación del destino del afecto, y reservar el término "represión" para el afecto, "desmentida" sería la designación alemana correcta para el destino de la representación".
Strachey examina en uso que Freud hace del término desmentida en una nota al pie agregada al trabajo "La organización genital infantil" (1923) (tomo XIX, pág. 147). Cabe destacar que en el capítulo VIII del Esquema del psicoanálisis (1940) Freud establece otra distinción entre el empleo de ambos términos: la represión se aplicaría a la defensa contra las demandas pulsionales internas, y la desmentida a la defensa contra los reclamos de la realidad externa.
Freud sostiene en todo momento que el sujeto es capaz de percibir la realidad externa, al respecto hace una referencia a su rechazo del término escotomización, éste le resulta inapropiado porque "...evoca la idea de que la percepción se borraría de plano, de modo que el resultado sería el mismo que si una impresión visual cayera sobre el punto ciego de la retina. Pero en la situación que consideramos, por el contrario, parece que la percepción permanece y se emprendió una acción muy enérgica para sustentar su desmentida.
El hecho del cual parte Freud para analizar esta situación es la percepción de la diferencia anatómica de los sexos "el varoncito rehusó darse por enterado de un hecho de su percepción, a saber que la mujer no posee pene. No, eso (que ve) no puede ser cierto, pues si la mujer está castrada, su propia posesión de pene corre peligro, y en contra de ello se revuelve la porción de narcisismo con que la naturaleza, providente, ha dotado justamente a ese órgano."(7)
Acerca del niño que percibe la diferencia anatómica, Freud aclara en el "Fetichismo" (1927) que no es correcto que tras su observación de la mujer él haya salvado para sí, incólume, su creencia en el falo de aquella. "La ha conservado pero también la ha resignado; en el conflicto entre el peso de la percepción indeseada y la intensidad del deseo contrario se ha llegado a un compromiso como sólo es posible bajo el imperio de las leyes del pensamiento inconciente - de los procesos primarios". Para el compromiso del fetichismo la mujer sigue teniendo un pene pero éste no es el mismo que antes era, "fue designado un sustituto" que "perdura como el signo del triunfo sobre la amenaza de castración y de protección contra ella, y le ahorra al fetichista el devenir homosexual, en tanto presta a la mujer aquel carácter por el cual se vuelve soportable como objeto sexual".
Lo que nos interesa aquí no es el fetichismo en particular, sino el estudio de una percepción que se niega y al mismo tiempo se conserva. Freud llega a una solución muy interesante, declara que "hay numerosas pruebas de la bi-escindida actitud del fetichista frente al problema de la castración de la mujer... es en la construcción del fetiche mismo donde han encontrado cabida tanto la desmentida como la aseveración de la castración"... Extiende la misma solución al campo de las patologías que lindan con la psicosis cuando examina el análisis de dos jóvenes que no se habían dado por enterados, en su segundo y décimo año de vida, respectivamente, de la muerte de su padre; ... a pesar de lo cual ninguno había desarrollado una psicosis. "Vale decir que en su caso el yo había desmentido un fragmento sin duda sustantivo de la realidad, como hace el yo del fetichista con el hecho desagradable de la castración de la mujer". Sin embargo "...dentro de la vida anímica de aquellos, sólo una corriente no había reconocido la muerte del padre; pero había otra que había dado cabal razón de este hecho: coexistían, una junto a la otra, la actitud acorde al deseo y la acorde a la realidad. En uno de los casos esa escisión pasó a ser la base de una neurosis obsesiva de mediana gravedad... En el caso de la psicosis, la corriente acorde con la realidad, faltaría efectivamente."
De aquí se desprenden algunas preguntas, a saber: ¿por qué un sujeto persistiría en desmentir la realidad? ¿Por qué le resulta tan insoportable la percepción del mundo exterior, qué tipo de deseo lleva al yo, en palabras de Freud, "a dejarse arrastrar por el ello a desasirse de un fragmento de la realidad"? Dejemos de lado por un momento, aunque sea instrumentalmente, el papel psicotizante que pueden desempeñar algunos objetos reales externos; y pensemos qué puede mover a un sujeto a preferir escotomizar fragmentos de la realidad externa percibida? En mi opinión hay un deseo cuya concreción en la realidad resulta peligroso y hasta insoportable para una parte más evolucionada de la personalidad que aún se conserva, la fuerza de un precario yo no puede compensar a la del deseo que pugna por actualizarse y sólo le resta una escapatoria, extrañarse de la realidad externa, en realidad es un extrañamiento de lo que su realidad interna ha hecho con la realidad externa.(8)
Otro punto, que Freud describe en "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos" (1925) y retoma en "Fetichismo" (1927) suscita nuevos interrogantes. Se expresa en ambos que el proceso de la desmentida "que en la vida anímica infantil no es ni raro ni muy peligroso; en el adulto llevaría a una psicosis". Surge el problema de discriminar cuándo el proceso de desmentida en el niño es parte de su proceso evolutivo, cuándo es saludable y cuándo perjudicial. Quizás una viñeta cinematográfica nos permita acercarnos más al tema. En el film "La vida es bella", el personaje que encarna Roberto Begnini, ¿resguarda el mundo de su hijo o lo condena a vivir desestimando sus propias sensaciones? ¿No siente ese niño las atrocidades que ocurren a su alrededor? ¿Qué es mejor para él, unas lágrimas de su padre para corroborar su percepción, o un mágico e inofensivo juego que se lleva a su padre para siempre?
Ahora, un interrogante más sobre el asunto de la desmentida, hay en dicho proceso solamente una percepción indeseada por un deseo contrario (a reconocer la posibilidad de la castración), o la percepción que se desmiente puede, simultáneamente, ser fuente de placer para una instancia mientras que no lo es para otra (la que desestima el hecho)?
De otro modo, cómo se explicaría que un "sujeto" se cristalice en una posición en donde su percepción es constantemente evacuada, sin que de la misma quede ningún registro en la mente a pesar de que se realizó previamente el acto psíquico perceptual.
Green conceptualizó la alucinación negativa que corresponde al no registro de lo registrado (así como la alucinación positiva corresponde al registro de lo inexistente): "Nos parece que el sujeto psicótico somete la percepción (o los diversos tipos de percepción) a una contrainvestidura intensiva. Bion habla de ataques a las funciones de enlace de los elementos que vienen de la realidad, de aborrecimiento de la realidad tanto exterior como interior, y de lucha contra la percatación. El delirio es un intento de crear una realidad nueva. El mundo del paranoico no es mejor que nuestro mundo pero, como dice Freud, al menos él puede vivir allí. El delirio, el síntoma psicótico, tapa la realidad exterior del mismo modo como el síntoma neurótico cubre la realidad interior del deseo que brota de fuerzas pulsionales."(9)
Las Islas Fiji
Al cabo de estas consideraciones, deseo ahora abordar la segunda sección, vinculada a la segunda parte del título que encabeza el presente trabajo. El viaje que se propone Truman a las Islas Fiji, es el tramo más esperanzador de la película dirigida por Peter Weir.
Truman Show es también una película sobre lo limitado o ilimitado de la mente humana. Como expresa Truman a Kristof en el diálogo final hay algo que sus cámaras no pudieron registrar: la mente de Truman... Sus ansias de exploración ya se disparaban de niño (¿Acaso por presentir de algún modo el engañoso entramado que lo envolvía?). Lo cierto es que la vida de Truman estaba perversamente digitada hasta el punto de sufrir fobias "virtualmente infundidas" (accidentes de avión transmitidos radialmente, muerte del padre durante un paseo náutico, etc.) que lo instaban a aislarse en esa prisión-estudio.
Sin embargo, Truman hace frente a esta realidad que desmiente constantemente sus percepciones. Su batalla se asemeja a los problemas con los que tuvo que lidiar Galileo. El ilustre astrónomo debe comparecer ante un Tribunal que intenta asesinar a cualquier exponente de una idea diferente. La rotación de la tierra y su traslación alrededor del sol ponían en tela de juicio el paradigma de la Tierra como centro del Universo reinante hasta el momento. Galileo Galilei finaliza sus declaraciones murmurando: "Igual se mueve", como reivindicando su acertada percepción después de haber tenido que asentir falsamente ante las formulaciones contrarias del Tribunal para salvar su vida. Esto "nos indica que en el ser humano siempre se hallan los elementos para acceder a la verdad más allá de los obstáculos que se le oponen. De él mismo emerge un conocimiento a partir del cual la verdad puede ser descubierta y enunciada, siempre a partir de los testimonios sensoriales provenientes de su contacto perceptual..."(10)
Truman show nos transporta a aquella etapa inicial, narcisista, de alienación de uno mismo en el deseo del otro, de fusión y simbiosis entre la madre y el hijo. Donde el niño se cree completo ignorando su estado de fusión con la madre y donde la madre recrea omnipotentemente viejas fantasías de completud.
En un primer momento a Truman le es ajeno el hecho de que su vida está siendo controlada por otra gente (el director y los guionistas pasan inadvertidos para él). Truman es el niño perdido en la enfermedad de Kristof. Truman es algo así como el refugio de un supuesto narcisismo ultrajado de Kristof.
La relación entre Truman y el omnipresente y omnipotente equipo de producción, que controla todos sus movimientos, imponiendo su deseo e impidiendo cualquier clase de espontaneidad y elección, es una posible metáfora de la relación establecida entre una madre narcisista que ve en su niño una extensión de sí misma con el objeto de satisfacer sus propios deseos omnipotentes, extensión de la cual ya le resulta imposible prescindir.
Truman show dramatiza la imagen de una madre que no puede tolerar la separación de su hijo, y un niño que se debate en el dilema de permanecer a salvo en una espléndida y controlada celda (Truman actúa que vive); y el deseo de abandonar esta posición para llevar a cabo un proyecto de vida personal, pleno de sus propios deseos, corriendo los riesgos y sobrellevando el dolor inherente a la vida.
En la película se muestra constantemente como los intentos de autonomía presentados por Truman, son inmediatamente invalidados, desautorizados y desalentados por aquellos que controlan su vida. A Truman le corresponde un castigo por estos. Fobias y sentimientos de culpa son inducidos con este propósito.
Hasta este punto, la historia de Truman cristaliza una psicosis.
Sin embargo sabemos que este sistema narcisístico empieza a quebrarse. Así, ya en el inicio de la película vemos caer una luz del cielo-escenario. Más tarde escucha a la radio describir su ruta y haciendo comentarios sobre su comportamiento. El espectador, desconcertado, se pregunta entonces si Truman es un psicótico con un delirio de Influencia.
Pronto, el sistema colapsa y comienza a emerger su propia subjetividad ("Im being spontaneous") que se nutre del hecho de no haber liquidado su percepción, de confiar en ella hasta las últimas consecuencias (se queda sólo) y del contacto con una persona que le acerca la verdad (y por eso la despiden)y el verdadero amor.
Es entonces que Truman zarpa en busca del "Nuevo mundo", paradójicamente en un barco de la producción llamado "Santa María". Resulta especialmente emotiva la escena de la tormenta final donde Truman grita: ¿Es eso todo lo que puedes hacer? ¿Por qué no me matas?, y de este modo trasciende su neurosis virtual. Truman deshace la psicosis paranoide en la cual el equipo de producción quería envolverlo cuando logra tocar con su mano la mampostería del estudio (se capta su sensación de alivio), ese cielo infinitamente obtuso, como lo era el mundo interno que Kristof había diseñado para él.
Truman responde:
"En caso que no los vea, buenos días, buenas tardes y buenas noches."
Notas
(1)
"Las cursivas añadidas al texto entre paréntesis, son formulaciones mías.
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(2)
"De locuras privadas" André Green
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(3)
"Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" (1911) S. Freud
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(4)
"Mundos de este tipo no son tan ajenos para nosotros los argentinos:
"Todas las evidencias que intentan aproximarnos a la verdad, parten de una visible o invisible reglamentación y legislación de lo observado. Las dictaduras militares ... han mostrado hasta que punto lo observable y encodificable por el lenguaje no siempre coincide con lo pensable... los regímenes políticos dictatoriales imponen una lógica de lo pensable que obliga a que lo registrado por los sentidos no tenga acceso a las transformaciones propias del pensamiento.
..En el nivel individual ello puede dar lugar a escisiones del yo nacidas más para sobrevivir en una cultura alienada que para negar la ausencia de pene en la madre (castración materna)" J. Lutenberg Volver
(5)
"Conferencias de introducción al psicoanálisis - 23" (1917) S. Freud
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(6)
"Fetichismo" (1927) S. Freud
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(7)
En concordancia con lo expuesto, Lutenberg señala que "podemos considerar a la defensa como un mecanismo destinado a modificar la verdad perceptual, ya que su expresión directa generaría angustia."
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(8)
"EI yo del adulto, con su fuerza incrementada, continúa defendiéndose contra peligros que ya no existen en la realidad; se siente impulsado a buscar en la realidad aquellas situaciones que pueden servir como un sustituto aproximado del peligro primitivo para poder justificar, en relación con ellas, el que mantengan sus modos habituales de reacción." De "Análisis terminable e interminable" S. Freud
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(9)
"De locuras privadas" A. Green
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(10)
"El Psicoanalista y la verdad" Jaime Lutemberg
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