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Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008 |
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¿ES LA NEUROSIS UNA ELECCIÓN?
por Lic. Sandra Sarbia
¿Quién elige en la neurosis?
Intentaré hacer un recorrido por algunos textos psicoanalíticos que me permitan pensar alguna respuesta a estos interrogantes.
Tomando los desarrollos freudianos, nos encontramos con que Freud piensa que el síntoma, como producción neurótica, le aporta algún beneficio al sujeto. Cierta satisfacción ignorada por el sujeto, y que resulta ser una «solución de compromiso» respecto de un conflicto pulsional. Hay un conflicto que resolver y una solución: la solución neurótica.
Inicialmente lo desarrolla en términos de defensa, «defensa frente a una representación intolerable». Hay una representación que resulta inconciliable con el yo, se plantea un conflicto y la represión la separa del resto de las representaciones para hacerla inofensiva. Y como retorno de eso reprimido, una formación del inconsciente: un síntoma, un lapsus, un sueño. Más adelante dirá que las representaciones que se reprimen (por intolerables) son aquellas que entran en conexión con el Complejo de Edipo y que despiertan angustia de castración.
Representación que es intolerable por su carácter sexual, resultado de una sexualidad que llegó antes de tiempo para el sujeto (por lo que no puede ser más que traumática).
Algo de la relación entre el cuerpo y la palabra parece necesitar de alguna resolución, algo no cierra en sí mismo. Lo que queda por fuera de la simbolización inaugura el circuito del deseo y retorna en fenómenos de intentos de recuperación de goce.
C. Soler nos dice que aquello que S. Freud llamó en algún momento «elección de la neurosis», J. Lacan nombra «elección forzada» introduciendo la idea de un forzamiento, como si no quedara otro camino.
Para C. Soler, «elección de la neurosis» es lo mismo que «elección sobre el goce», nadie elige como queda atrapado en un goce de más, aunque pueda o no el sujeto hacerse responsable de su posición.
Dice J. D. Nasio que «el neurótico es un ser de miedo», que padece por no poder acceder a un goce que lo volvería loco, goce del incesto. El deseo como imposible o como insatisfecho, formas que toman la neurosis obsesiva y la histeria respectivamente, serían entonces estrategias frente a lo intolerable. Deseo que remite a los deseos incestuosos infantiles, siendo que lo particular de la constitución subjetiva del sujeto humano es constituirse con relación a un adulto. Y deseo que, de realizarse, volvería loco al sujeto por el arrasamiento de la legalidad instaurada por la prohibición del incesto.
Ahora, ¿Por qué neurosis histérica, obsesiva o fóbica?
J. D. Nasio rescata, siguiendo a Freud, que hay tres tipos de desenlaces respecto del conflicto: en el caso de la neurosis obsesiva, la carga (el afecto) abandona la representación penosa para instalarse en el pensamiento. Una idea sin importancia toma la vida del obsesivo, idea fija obsesiva, la carga se retiró de la representación penosa para dirigirse a esa otra representación que por carecer de importancia y nexo con aquella, no le molesta. En el caso de la neurosis histérica la carga irá a parar al cuerpo constituyendo un síntoma somático, dando lugar a la conversión. Y en el caso de las fobias, esa carga que en un primer momento queda libre en el yo, luego se proyecta al mundo exterior instalándose y fijándose en un elemento que habrá que evitar para que no aparezca la angustia.
O sea cierto desplazamiento del goce inconsciente, el obsesivo sufre conscientemente en el pensamiento: sufrimiento del pensar. El histérico sufre conscientemente en el cuerpo, convierte el goce intolerable en sufrimiento corporal. Y el fóbico sufre conscientemente de la amenaza del mundo exterior, proyecta hacia afuera el goce intolerable.
Estrategias, maneras de no vérselas con la angustia.
Diferentes formas de poder solucionar el conflicto, desenlaces posibles, sin elección allí. Cada estructura tendrá entonces, sus posibilidades de resolución de conflictos. Aunque no pueda elegirlas.
J. D. Nasio establece otra distinción respecto de la modalidad fantasmática en estos tres tipos de neurosis, como respuesta que organiza la vida del sujeto, frente a la angustia de castración: en el fantasma del obsesivo ubica que la amenaza de castración entra por el oído y la angustia inconsciente que de ella resulta, se desplaza al pensamiento. En el fantasma histérico, la amenaza de castración entra por los ojos y la angustia resultante se convierte en una erotización general del cuerpo a la que se suma una inhibición localizada de la zona genital. Y en el fantasma fóbico dicha amenaza entra por todos los orificios del cuerpo, la angustia se desplaza al mundo exterior.
Modifico entonces la pregunta inicial, ¿puede un sujeto elegir aceptar que algo lo determina como sujeto deseante y hacerse responsable de ello?
Atravesar su fantasmática lo posiciona sabiendo algo acerca de como se ofrece al Otro en su fantasma, de cómo se hace objeto para el Otro. Intentos de evitar la castración. Castración que Lacan ubica como producto del lenguaje, siendo que desde su posición de sujeto hay una falta, su ser es en falta.
El sujeto no puede hallarse representado por ningún significante en el Otro más que excluido de la cadena significante. Sólo es, en efectos de sujeto: en un lapsus, un sueño, un síntoma. En una formación del inconsciente.
Determinado por el inconsciente. Más bien con esto se lo intentará confrontar en un análisis y no con haber elegido el tipo de neurosis con que habrá de defenderse. Tampoco eligió tener que defenderse, más bien no puede hacer otra cosa respecto de lo que le resulta intolerable.
Podemos pensar la neurosis como una respuesta frente a la castración. Habiendo atravesado por el registro de la castración, el neurótico reprime lo visto, lo oído, lo que entró por sus orificios (que el Otro está castrado). No quiere saber nada de ello.
La neurosis entonces, ofrece una respuesta posible frente al conflicto a que da lugar lo insoportable de la castración en el Otro.
El neurótico no ha elegido, más bien ha sido determinado por la elección de una no elección, como resolución del conflicto.
No elección acerca de la manera con la que habrá de defenderse frente a lo intolerable para el yo, de esa respuesta singular que es la defensa.
Bibliografía
«Finales de análisis». C. Soler.
«Sem. III». Cap. Sobre «La pregunta histérica». J. Lacan.
«El dolor de la histeria». J. D. Nasio.
«Freud y el deseo del psicoanalista». S. Cottet.
«El obsesivo y su deseo». S. Leclaire.
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