Buenos Aires - Sábado, 22 de Noviembre de 2014

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SÍNTOMA OBSESIVO Y GOCE

por Lic. Cecilia Rubinetti

1- Introducción
El presente ensayo pretende recorrer las particularidades del síntoma obsesivo desde los desarrollos de Freud y Lacan, poniendo el acento en el goce que encierra dicho síntoma. La pregunta que se plantea como horizonte de este recorrido es si puede pensarse al síntoma obsesivo como un particular modo de gozar, diferenciable del modo goce que supone el síntoma histérico. La pregunta apunta a indagar si a partir de lo que sería el goce en juego en el síntoma neurótico, sería posible ubicar a la histeria y a la obsesión en torno a una modalidad de goce propia de cada estructura situable en las particularidades del síntoma.

2- El concepto de goce
Considero fundamental situar algunas coordenadas iniciales que sirvan de introducción al tema. Se tratará aquí de la particular modalidad de goce que encierra el síntoma obsesivo. Para ello será necesario ubicar las distintas relaciones entre el goce y el síntoma que recorren tanto la obra de Freud como la enseñanza de Lacan. Esto nos llevará necesariamente a situar distintas concepciones del síntoma y distintos modos de pensar el goce y por supuesto, diferentes modos de problematizar las relaciones entre ambos.

Quiero ubicar en primera instancia algunas referencias que sirvan de guía para trabajar los textos freudianos junto a las elaboraciones de Lacan. Intentaré para ello definir al concepto de goce rastreando sus referencias en las obras de Freud. Podemos encontrar que el concepto de goce utilizado por Lacan, corresponde a tres conceptos freudianos: "satisfacción", "libido" y "pulsión de muerte". Estos tres conceptos se conjugan en la manera de pensar el goce en juego en el síntoma para Lacan. Es cierto también que son conceptos freudianos que corresponden a distintos momentos de su obra y a distintas concepciones del síntoma. La satisfacción en el síntoma es algo que Freud definirá de diversas maneras en diferentes períodos de su obra. La pregunta es entonces qué se satisface en el síntoma, pregunta que tendrá respuestas divergentes. Daré cuenta de algunas respuestas a dicha pregunta tomando dos momentos en la conceptualización del síntoma en Freud. Para ubicar lo que aquí llamo un primer momento tomaré como eje las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis referidas al síntoma. Este primer momento servirá para rastrear las referencias de dos de los tres términos que toma Lacan para definir al goce: "satisfacción" y "libido". En la Conferencia 19 Freud es muy preciso al respecto de la satisfacción que encierra el síntoma neurótico "sus síntomas sirven al mismo propósito: se nos da a conocer, como tal, la satisfacción de unos deseos sexuales; los síntomas sirven a la satisfacción sexual de los enfermos, son un sustituto de esa satisfacción que les falta en la vida."(1) En la Conferencia 22 sitúa el modo en que la libido rechazada sigue aspirando a su satisfacción y a partir de allí los rodeos que debe dar la libido hacia una nueva forma de satisfacción, rodeos que definirán el camino de la formación de síntomas, "No obstante, las aspiraciones libidinosas rechazadas logran imponerse dando ciertos rodeos, no sin verse obligadas a sortear el veto a través de ciertas desfiguraciones y atemperamientos. Los rodeos son los caminos de la formación de síntoma; los síntomas son la satisfacción nueva o sustitutiva que se hizo necesaria por la frustración."(2) En la Conferencia 23 ubicará en la base de la formación de síntomas al conflicto psíquico entre una moción pulsional que aspira a su satisfacción y la denegación de esta satisfacción por parte de la realidad " ... los síntomas neuróticos son el resultado de un conflicto que se libra en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional. Las dos fuerzas que se han enemistado vuelven a coincidir en el síntoma; se reconcilian, por así decir, gracias al compromiso de la formación de síntoma. Por eso el síntoma es tan resistente; está sostenido desde ambos lados. Si a pesar de que la libido está dispuesta a aceptar otro objeto en lugar del denegado {frustrado} la realidad permanece inexorable, aquella se verá finalmente precisada a emprender el camino de la regresión y a aspirar a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas o por medio de uno de los objetos que resignó antes. En el camino de la regresión, la libido es cautivada por la fijación que ella ha dejado tras sí en esos lugares de su desarrollo". "El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia, desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos que provienen de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad. La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño. Prescindamos de que es irreconocible para la persona, que siente la presunta satisfacción más bien como un sufrimiento y como tal se queja de ella. Esta mudanza es parte del conflicto psíquico bajo cuya presión debió formarse el síntoma. Lo que otrora fue para el individuo una satisfacción está destinado, en verdad, a provocar hoy su resistencia o su repugnancia"(3) Aquí marca Freud el estatuto de una satisfacción que se juega en el síntoma y no es sentida por el sujeto como tal. A esta altura el displacer es referido a antiguas modalidades de satisfacción que ya no implican placer para el sujeto. Vemos en esto que llamé un primer momento de la conceptualización del síntoma en Freud al síntoma como compromiso, como resultado de un conflicto y a la satisfacción en juego, pensada como satisfacción sustitutiva que tiene su conexión con la vida anímica del paciente. La sustitución producida en el síntoma va ligada al sentido "El sentido de un síntoma reside en un vínculo con el vivenciar del enfermo. La tarea que se plantea es: para una idea sin sentido o para una acción carente de fin descubrir aquella situación del pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin."(4) Ubicamos entonces en esta conceptualización del síntoma en Freud a dos de los términos que conforman el concepto de goce.

Abordaré a continuación lo que llamé antes una segunda conceptualización del síntoma en Freud tomando como referencia "Más allá del principio del placer", "El yo y el ello", "El problema económico del masoquismo" e "Inhibición, síntoma y angustia" para ubicar el tercer término que se conjuga en la definición de goce que hace Lacan: la pulsión de muerte. La compulsión de repetición, la reacción terapéutica negativa y el masoquismo primario, enfrentan a Freud a la imposibilidad de dar cuenta de estos fenómenos dentro del marco del imperio del principio del placer y lo llevarán a tener que introducir a la pulsión de muerte. En esta instancia de la obra de Freud hay un nuevo compromiso entre lo que reprime y lo reprimido. Ya no se tratará del triunfo del principio del placer que movilizaba a la represión. "¿qué relación guarda con el principio de placer la compulsión de repetición, la exteriorización forzosa de lo reprimido? Es claro que, las más de las veces, lo que la compulsión de repetición hace revivenciar no puede menos que provocar displacer al yo, puesto que saca a luz operaciones de mociones pulsionales reprimidas. Empero, ya hemos considerado esta clase de displacer: no contradice al principio de placer, es displacer para un sistema y, al mismo tiempo, satisfacción para el otro. Pero el hecho nuevo y asombroso que ahora debemos describir es que la compulsión de repetición devuelve también vivencias pasadas que no contienen posibilidad alguna de placer, que tampoco en aquel momento pudieron ser satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas desde entonces."(5) La compulsión de repetición se presenta como algo independiente del principio del placer. Vemos que el displacer que engendra tiene un estatuto distinto a aquel que ubicábamos en lo que antes llamé una primera conceptualización del síntoma en Freud. Es un retorno que no se explica por la vía antiguas vivencias placenteras que cobran un displacer actual.

3 - La defensa obsesiva
Freud construye su teoría del síntoma a partir de la lógica establecida entre el trauma y la defensa. La sexualidad en tanto traumática lo lleva a postular un aparato psíquico que busca defenderse de la irrupción de un exceso de excitación insoportable que busca tramitación. La irrupción de una representación inconciliable, de un exceso de excitación, es un rasgo común que Freud sitúa en lo que sería el inicio de ambas neurosis (histeria y obsesión). Ubicando a ambas entidades clínicas como distintas respuestas sintomáticas a esta irrupción. En el caso de la histeria se recibe la irrupción de goce en forma pasiva y la respuesta defensiva ante él es la represión. Para todo ser hablante esta entrada del goce en el cuerpo, esta irrupción de goce, implica una pasividad, pero en el caso de la neurosis obsesiva, Freud se ve obligado a intercalar un momento en que el sujeto vive esta irrupción de manera activa y extrayendo de ella placer. "En la etiología de la neurosis obsesiva, unas vivencias sexuales de la primera infancia poseen la misma significatividad que en la histeria; empero, ya no se trata aquí de una pasividad sexual, sino de unas agresiones ejecutadas con placer y de una participación, que se sintió placentera, en actos sexuales; vale decir, se trata de una actividad sexual....Por lo demás, en todos mis casos de neurosis obsesiva he hallado un trasfondo de síntomas histéricos que se dejan reconducir a una escena de pasividad sexual anterior a la acción placentera."(6) Ubicamos entonces como una particularidad de la obsesión una posición activa en relación a esta irrupción de goce. Quisiera plantear, a la luz de posteriores elaboraciones freudianas, qué implicancias tiene este papel activo en la reacción del neurótico obsesivo frente a la irrupción de goce. Quiero tomar para ello la diferenciación en el mecanismo de formación de síntomas que Freud se ve obligado a señalar entre la neurosis obsesiva y la histeria en "Inhibición, síntoma y angustia" donde refiriéndose a la obsesión dice, "...hallamos que en esta afección los procesos patógenos no son olvidados. Permanecen conscientes, más son aislados de una manera todavía irrepresentable, de suerte que se alcanza más o menos el mismo resultado que mediante la amnesia histérica. Pero la diferencia es lo bastante grande para justificar nuestra opinión de que el proceso mediante el cual la neurosis obsesiva elimina una exigencia pulsional no puede ser el mismo que en la histeria."(7) De esta manera Freud introduce un problema, plantea que si bien el resultado del proceso defensivo es similar al de la amnesia histérica, el procedimiento no puede ser el mismo, para luego dar cuenta que la represión histérica no es aplicable para pensar el mecanismo de defensa utilizado por la neurosis obsesiva "...así prestamos atención a un procedimiento de aislamiento cuya técnica no podemos indicar todavía, que se procura una expresión sintomática directa y también al procedimiento de la anulación de lo acontecido que ha de llamarse mágico y acerca de cuya tendencia defensiva no pueden caber dudas, pero que ya no tienen semejanza con el proceso de la represión. Estas experiencias son base suficiente para reintroducir el viejo concepto de la defensa, apto para abarcar todos estos procesos de idéntica tendencia - protección del yo frente a exigencias pulsionales, - y subsumirle a la represión como un caso especial."(8) No se trata entonces de represión en la defensa del obsesivo. Recordemos cómo formulaba Freud el mecanismo de la represión que ubicaba en la base del síntoma neurótico. La representación inconciliable era reprimida y sustituida por otra representación deformada por la defensa, tolerable para la consciencia. En el Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente" Lacan retoma este mecanismo de sustitución ubicado por Freud, a partir de la estructura lingüística de la metáfora, definiéndola como la sustitución de un significante por otro. Sitúa al síntoma entre las formaciones del inconsciente y circunscribe en este mismo texto su estructura metafórica. ¿Cómo pensar entonces el estatuto del síntoma obsesivo? Freud señala que el aislamiento y la anulación retroactiva de la obsesión no suponen este mecanismo sustitutivo de la represión. De esta afirmación freudiana se desprenden varios interrogantes. Por un lado se puede pensar, tal cual señalaba anteriormente, en el estatuto del síntoma obsesivo, en tanto en su estructura cobra especial valor el elemento de goce presente en el síntoma y donde lo que aparece en primer plano no es la sustitución significante que permitiría ubicarlo entre las formaciones del inconsciente. En este punto me parece importante plantear el lugar de la conciencia en el proceso de formación de síntomas en la neurosis obsesiva y pensar asimismo cómo opera lo inconsciente en este proceso. Si pensamos que la técnica analítica fue creada a partir del síntoma histérico cabe preguntarse también por las consecuencias clínicas de este descubrimiento freudiano sobre la particularidad de la formación de síntomas en la obsesión. Por último, dado el emparentamiento de la sintomatología del obsesivo con la conciencia, quisiera indagar sobre la relación entre la conciencia y el goce en la neurosis obsesiva.

Partiré de lo que subyace a la defensa obsesiva, como base del mecanismo de formación de síntomas. Vimos que en Freud la defensa obsesiva se dirige a la emergencia de una representación, lo cual podríamos leer desde Lacan como un significante, pero no un significante cualquiera. Freud dice que se trata de una representación inconciliable, es decir que no se trataría de un significante que se conecta con otros, sino de un significante diferencial, disruptivo, que no hace cadena y en ese sentido no es conciliable con el resto de las representaciones, con el resto de los significantes. Es un significante vinculado a un goce en el propio cuerpo. Siguiendo los desarrollos de Lacan podríamos definir a la irrupción de esta representación inconciliable como la irrupción de Phi mayúscula, la irrupción del significante fálico como tal. Freud ubica clínicamente esta irrupción tanto en el pequeño Hans como en el Hombre de las ratas. "Ya a los 6 años padecía de erecciones y sé que una vez acudí a mi madre para quejarme."(9) Se trata de esa emergencia de goce en el cuerpo, ese goce que parasita el órgano, un goce que se padece y frente a lo cual el sujeto no sabe qué hacer. Si bien Lacan, en sus primeros seminarios al referirse a la defensa obsesiva no tomará esta vertiente referida al goce, podemos rastrear algunas referencias más tardías a este respecto. Encontramos en el Seminario 8 una referencia aislada de Lacan a este tipo de defensa. Cuando introduce la noción de Phi mayúscula hace una importante referencia a la neurosis obsesiva, ubicando aquello que aquí nombrará como presencia real del falo "¿Designar este lugar de la presencia real, que sólo puede aparecer en los intervalos de lo que cubre el significante de esos intervalos? Es allí que la "presencia real" amenaza todo el sistema significante. Hay algo de verdad allí, y, el neurótico obsesivo os lo muestra en todos los puntos de sus mecanismos de producción, defensa, conjuración, con esa manera de colmar todo lo que puede presentarse de entre-dos en el significante, esta manera del Hombre de las Ratas de obligarse a contar tantas veces, entre la luz y el ruido del trueno: aquí se designa esa necesidad de colmar el intervalo significante; por allí puede introducirse lo que va a disolver toda la fantasmagoría."(10) Aquí reencontramos la idea freudiana sobre una representación que no es conciliable con el resto de las representaciones y que como tal implica una amenaza para el sistema, amenaza que moviliza la defensa. No es tan sencillo ubicarlo en esta época de la enseñanza de Lacan como un goce que irrumpe, que emerge a nivel del cuerpo. Esta concepción podemos encontrarla más tardíamente en su enseñanza "Vean al pequeño Hans cuando resulta que se vuelve sensible la asociación a un cuerpo, particularmente macho en este caso, definido como macho, la asociación a un cuerpo de un goce fálico. Si el pequeño Hans se precipita en la fobia, es evidentemente para dar cuerpo -lo he demostrado durante todo un año- para dar cuerpo al embarazo que tiene por ese falo y para el cual se inventa toda una serie de equivalencias diversamente piafantes bajo la fobia que se dice del caballo; el pequeño Hans en su angustia, principio de la fobia, y es en este sentido que es al volvérsela, a esta angustia, si se puede decir, pura, que se llega a hacerlo acomodarse con este falo del cual, al fin de cuentas, como todos los que se encuentran llevando su carga..."(11) Podemos tomar entonces estas referencias en la obra de Freud y en la última enseñanza de Lacan para ubicar una de las maneras de pensar la defensa obsesiva como defensa dirigida a la irrupción de un goce, nombrada como la emergencia de Phi mayúscula a la altura del Seminario 8 y que luego será definida como emergencia del Uno fálico. Recordemos que esta defensa está emparentada con la consciencia y que no supone la represión sino que se dirige a aislar el goce. Esta irrupción del significante fálico trae como consecuencia un exceso de goce que debe ser anulado, aislado, pero implica también un peligro para el sistema de representaciones, es un significante disruptivo, que se basta a sí mismo, que no se conecta con ningún otro significante y por ello pone en jaque al sistema mismo, a este Otro completo, a ese sistema de significantes que se conectan entre sí. Vemos así, que la irrupción de Phi mayúscula no sólo implica un exceso a eliminar, sino que presentifica también la inconsistencia misma del sistema, presentifica la falta en el Otro.

Quisiera situar a continuación la manera de pensar la defensa obsesiva en toda la primera época de la enseñanza de Lacan. En el Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente" no encontramos ninguna referencia a una defensa dirigida a la emergencia de un goce. Al referirse a la defensa, Lacan pondrá el acento en otra parte. Situará las coordenadas de la obsesión en relación a sus dificultades con el deseo del Otro y describirá detalladamente sus estrategias defensivas en torno a él. En esta etapa, la defensa consiste en sostener a un Otro completo y consistente. Lo que angustia es el encuentro, la confrontación con la falta en el Otro. "Más allá de toda demanda, de todo lo que desea este sujeto, se trata de ver a qué va dirigido en su conjunto el comportamiento del obsesivo. Su objetivo esencial es el mantenimiento de este Otro. Este es el objetivo primero en el interior del cual, únicamente, puede cumplirse la validación tan difícil de su deseo. Trato de hacerles encontrar los cuatro puntos cardinales con los que se orienta y se polariza cada una de las defensas del sujeto. Hoy ya tenemos dos: el fantasma y la hazaña."(12) Vemos que Lacan ubica dos puntos centrales en la defensa del obsesivo, estos dos puntos no se asemejan ya a aquello que Freud ubicaba como mecanismos de defensa típicamente obsesivos.

"El obsesivo en la medida en que ha de mostrar su deseo, solo puede mostrarlo en otra parte, allí donde tiene que superar su proeza"(13) Lo que trata de obtener en la hazaña el obsesivo es el permiso del Otro. La muerte, el verdadero peligro, no reside en el adversario a quien él parece desafiar sino en aquel testigo invisible, aquel Otro que está ahí como espectador, es el Otro ante quien todo esto ocurre, es el lugar donde se registra la hazaña, donde se inscribe su historia. De esta manera describe Lacan a la defensa obsesiva a nivel de la hazaña en el Seminario 5. También en los Escritos podemos encontrar una referencia a la hazaña, donde tomando la figura del domador de manera metafórica muestra la estructura de aquello que verdaderamente importa en la proeza del obsesivo "El obsesivo arrastra en la jaula de su narcisismo los objetos en que su pregunta se repercute en la coartada multiplicada de figuras mortales y, domesticando su alta voltereta, dirige su homenaje ambiguo hacia el palco donde tiene él mismo su lugar, el del amo que no puede verse. Trahit sua quemque voluptas; uno se identifica al espectáculo, y el otro hace ver."(14) Lo que verdaderamente importa aquí es el desdoblamiento por medio del cual el obsesivo no se ubica a nivel de su deseo en esa jaula sino en el palco, identificado al lugar del Otro que observa la escena y que no puede verse. Más adelante, en "El psicoanálisis y su enseñanza" Lacan ubicará en este desdoblamiento del obsesivo un goce, "Pero el goce del que el sujeto queda así privado es mantenido al otro imaginario que lo asume como goce de un espectáculo: a saber el que ofrece el sujeto en la jaula, donde con la participación de algunas fieras de lo real, obtenida casi siempre a expensas de ellas, prosigue la proeza de los ejercicios de alta escuela con la que da sus pruebas de estar vivo."(15) Ubica aquí un goce que se pierde y a la vez una cierta recuperación de goce. Podríamos preguntarnos si se trata de un mismo goce. En principio, el goce que se recupera y que Lacan llama aquí "goce de un espectáculo" pareciera estar ligado a un goce que se juega a nivel de lo escópico, a nivel de la contemplación que ubicamos en este Otro del palco con el que el obsesivo se identifica, contemplación que en definitiva a partir del desdoblamiento no es más que autocontemplación. Podríamos ubicar a este goce como ligado a una satisfacción pulsional, a la satisfacción de la pulsión escópica. Queda por preguntarse entonces cuál es el goce del que el obsesivo se priva, cual es el goce que cede mediante la escenificación de la proeza.

También a la altura del Seminario 5 Lacan va a ubicar otro punto central en la defensa del obsesivo: la oblatividad. "El término oblatividad, es un fantasma obsesivo. La ilusión, el propio fantasma que está al alcance del obsesivo, es que a fin de cuentas el Otro consienta a su deseo. Esto acarrea de por sí dificultades extremas pues si es preciso que consienta ha de ser de una forma completamente distinta de una respuesta a la demanda. Salvar al Otro es, lo que está en el fondo de toda una serie de ceremoniales, de precauciones, de rodeos, en suma, todos los tejemanejes del obsesivo."(16) Lacan toma el término "oblatividad" para criticar aquello que se planteaba como una supuesta salida para la neurosis a partir del acceso a la madurez genital entendida en términos de posición oblativa. Es a partir de esta crítica que Lacan identifica a la oblatividad como un fantasma obsesivo. Lacan muestra la manera en que el obsesivo se defiende del deseo del Otro transformándolo en demanda. La salida oblativa es la sumisión a las demandas del Otro. "Hace mucho que bajo diversas formas trato de introducirlos a esa marcación, y especialmente habiéndoles hecho notar desde siempre que el término mismo de oblatividad es un fantasma del obsesivo. Todo para el otro, dice el obsesivo. Y efectivamente es lo que hace. Pues el obsesivo, estando en el vértigo perpetuo de la destrucción del otro, nada de lo que hace le es suficiente para mantener al Otro en la existencia."(17)

Vemos entonces que tanto desde la perspectiva freudiana como desde distintos momentos de la enseñanza de Lacan podemos ubicar dos referencias para aquello a lo que se dirige la defensa obsesiva: la irrupción de Phi mayúscula o dicho en otros términos la irrupción del goce fálico y por otro lado el deseo del Otro, la falta en el Otro. Si analizamos detenidamente el primero de los planteos de la defensa obsesiva que ubiqué aquí, referido a la irrupción de goce, vemos que en el trasfondo de este planteo encontramos también algunas coincidencias con el segundo planteo, referido al deseo del Otro. En el trasfondo de la emergencia de Gran Phi nos encontramos que la aparición de este significante diferenciado, inconciliable, amenaza la consistencia del Otro, denuncia su inconsistencia. Pero si bien la problemática de la inconsistencia del Otro subyace a ambos planteos, no debemos perder de vista que se trata de maneras de pensar la defensa dirigida a dos cuestiones muy diferentes. Si planteamos al síntoma como resultado del proceso defensivo, podemos pensar que en él convergen ambas defensas y que viene al lugar de una solución o respuesta al problema del deseo y a una solución en relación a la irrupción de goce.

4- El síntoma obsesivo
Quisiera retomar algunas de las cuestiones planteadas en el apartado anterior a nivel de la defensa del obsesivo para pensar la manera en que se estructura su síntoma. Ubicamos en primer lugar al síntoma obsesivo y su relación con la conciencia. Definimos también a la defensa en relación a la irrupción de goce, dejando abierta la pregunta de cómo se articulan la conciencia y el goce en el síntoma obsesivo. Recorrimos luego las maniobras obsesivas para evitar el encuentro con el deseo del Otro, tomando la proeza y el fantasma de oblatividad. Tenemos que ubicar asimismo dos cuestiones de carácter central en la sintomatología del obsesivo: la procastinación y la duda. Y por último, debemos incluir un rasgo fundamental que caracteriza a los síntomas en la neurosis obsesiva: la compulsión.

Todos estos elementos que se presentan en la clínica de la neurosis obsesiva ponen de relieve aquella característica que Freud captó en la obsesión: la desconexión, la ruptura de los nexos lógicos. En un primer acercamiento, estos elementos aparecen como manifestaciones clínicas heterogéneas y aisladas entre sí. Intentaré entonces ubicar un ordenamiento que permita pensar cuál es la lógica que reúne a todos estos elementos aparentemente desconectados y heterogéneos bajo la tipicidad del síntoma obsesivo.

La compulsión que se manifiesta en los fenómenos de forzamiento que se imponen a nivel del pensamiento y de la acción en la neurosis obsesiva nos permitirá abordar la relación de la conciencia y el goce en la obsesión. "El síntoma de la obsesión se propone como vía de acceso a esta problemática en general. Se distingue por la evidencia fenoménica del rasgo que en alemán se llama zwang, es decir, fenómenos de coacción, de forzamiento que se manifiestan en el pensamiento y en los actos del sujeto."(18)

Para comenzar a pensar la relación entre la conciencia y el goce en el síntoma obsesivo retomaré la descripción que hace Freud de la trayectoria típica de la neurosis obsesiva. Freud sitúa el medio por el cual las representaciones obsesivas se imponen al sujeto de manera compulsiva y describe la lucha defensiva frente a ellas bajo la denominación de "defensa secundaria". A los síntomas creados por la defensa secundaria los llamará medidas protectoras. "Sí estos auxilios para la lucha defensiva consiguen efectivamente volver a reprimir los síntomas del retorno [de lo reprimido] impuestos al yo, la compulsión se transfiere sobre las medidas protectoras mismas, y así crea una tercera plasmación de la «neurosis obsesiva»: las acciones obsesivas. Estas nunca son primarias, nunca contienen algo diverso de una defensa, nunca una agresión; acerca de ellas, el análisis psíquico demuestra que en todos los casos se esclarecen plenamente - no obstante su rareza- reconduciéndolas al recuerdo obsesivo que ellas combaten."(19) Vemos como Freud ubica en estas medidas protectoras el mismo rasgo que está presente en aquello de lo cual se defienden. La compulsión se transfiere a las medidas protectoras. Hay una satisfacción en juego en la compulsión misma que se traslada a las medidas protectoras.

Habíamos ubicado en el inicio de la formación de síntomas a la irrupción de goce vía aquello que situamos como el significante fálico (Phi mayúscula) y a la defensa como un intento de anular este goce. Agregamos que la defensa no reprime a la representación sino que la desconecta de su goce. Así es como la representación se presenta en el síntoma como un contenido consciente pero vaciado de goce. En la trayectoria típica de la neurosis obsesiva observamos que hace falta en este punto una defensa frente a esta idea que se impone de manera compulsiva. Lo paradójico es que la defensa frente a ella recupera un goce de igual naturaleza que aquel que había sido desconectado inicialmente del significante. Vemos aquí descriptos dos tratamientos del goce diferentes. En un primer momento la defensa desconecta y aísla el goce. En un segundo momento la defensa implica una recuperación de este goce. ¿Cómo explicamos esta paradoja a nivel de la defensa del obsesivo? Quisiera utilizar dos ejemplos típicamente freudianos para ilustrar esto que llamo dos tratamientos diferentes del goce. Por un lado podemos pensar en la compulsión a pensar, que se le presenta al hombre de las ratas en aquella escena en la que describe la manera en que se le impone la necesidad de contar entre el relámpago y el trueno. Ubicamos aquí un intento del obsesivo de colmar vía el significante el intervalo, un intento de anular la posibilidad de que en ese intervalo se cuele algo del goce. "Definamos al Zwang de la obsesión como una tentativa de efectuar una sutura definitiva del sujeto. (...) Esta sutura subjetiva demuestra aquí cómo implica el sacrificio de goce. Hay en ella una especie de correlación paradójica donde se conjugan la supuesta avaricia y el ascetismo: por un lado, no perder nada del significante, pero por otro, sacrificar su goce. Ahora bien, sacrificar el goce al significante se ilustra con el yo no pienso, rechazo del inconsciente que se traduce de buena gana por un "yo cuento"."(20) En este ejemplo vemos como la compulsión implica la anulación del goce vía el significante. Pero si tomamos otro ejemplo freudiano, el de un ceremonial, que antes habíamos definido como medida protectora, como por ejemplo el de lavarse las manos; encontramos en primera instancia una manera ritualizada, ordenada y seriada de lavarse las manos, donde se controla hasta el último detalle, se cumplen un número de pasos con una rigurosidad extrema. Podemos pensar que en esta forma rigurosa de cumplir un ritual de una manera casi automatizada, programada, con todos sus pasos pautados, nos volvemos a encontrar con la anulación del goce. Pero ubiquemos el punto en el que este ceremonial se vuelve compulsivo. En este lavado compulsivo de las manos encontramos una satisfacción en juego. De esta manera vemos que en este caso no se trata de la anulación del goce vía la compulsión sino de la recuperación del mismo. Pero ya no se trata de un goce en exceso que irrumpe sorpresivamente y que amenaza con repetirse. Se trata en cambio de un goce que se ejerce vía la compulsión misma, que se repite pero de manera calculada, controlada. Se trata de una recuperación de aquel goce disruptivo donde lo que queda anulado es por un lado el exceso y por otro lado lo amenazante de la repetición sorpresiva, intempestiva, imposible de prever o controlar. Ubicamos así la maniobra defensiva del obsesivo por medio de la cual sin recurrir a la represión, logra un modo consciente de anular el exceso de goce vía el significante y una recuperación de goce mediante un empleo controlado y atemperado del mismo.

Podemos leer este empleo posible, vía aquello que Lacan plantea en el Seminario 8 como fantasma del obsesivo, donde el empleo, la función de se hace posible vía su degradación en . La inclusión del significante fálico vía su degradación en a nivel del fantasma, posibilita un empleo controlado del mismo que permita extraer de él una satisfacción "Es del obsesivo de donde partimos, y de su fantasma articulado en la fórmula A phi (a a' a" a"'). En relación al Otro, el neurótico obsesivo no está jamás en el lugar donde en ese instante, parece designarse. En el segundo término del fantasma, los objetos, en tanto que objetos de deseo, están puestos en función de una cierta equivalencia erótica: erotización de su mundo, especialmente de su mundo intelectual. Esta forma de anotar, esta puesta en función por designa algo que aparece en toda observación, que el es lo que subyace a esta equivalencia instaurada entre los objetos en el plano erótico, que el es la unidad de medida: el sujeto acomoda la función "a" a la función de los objetos de su deseo. (...) Aquí la vemos emerger bajo esta forma degradada, emerger a nivel de lo consciente. Esta puesta en función fálica no es reprimida (refoulée), profundamente escondida como en la histérica; el que está en posición de puesta en función de todos los objetos, como a partir del funcionamiento de una fórmula matemática, es visible en el síntoma consciente."(21) Aquí Lacan plantea claramente una articulación entre la conciencia y el goce que se produce en el síntoma obsesivo.

Querría ubicar a continuación aquello que aparece en primer plano en la sintomatología obsesiva: la procastinación y la duda. Para introducirnos en el tema quisiera tomar nuevamente como referencia al texto de Miller titulado "H2O". En H2O, a partir de la diferenciación que hace Freud de la defensa obsesiva, como una defensa sin compromiso, Miller propone situar a la histeria y a la obsesión como dos modos de la división. Define a la obsesión por su intento de tapar la división subjetiva conectando S1 y S2, que permanecen explícitos, pero sacrificando así toda verosimilitud. "(..) Nos vemos conducidos a situar a la obsesión como la repulsa de la alineación. Esto muestra por qué razón Lacan definió esa alineación por lo que él llamó elección forzada, que es precisamente la conexión del zwang con lo que de él hace salir del zweifel. Esta lógica ilustra a las claras que, a despecho de la obsesión, no se puede tener las dos cosas a la vez. Una sola o ninguna. Esta sutura de la obsesión es sin duda rechazo del sujeto del inconsciente. Al respecto, en relación a la elección forzada, sin duda el carácter obsesivo consiste en no dejar que se pierda nada. Sin embargo, la elección forzada no se impone menos al sujeto de la obsesión que intenta desmentirla. Este sujeto cae entonces bajo el efecto de una virulencia reforzada de la exigencia de la pérdida."(22) A partir del planteo de Miller podemos pensar aquello que está en juego en la duda y la procastinación y plantear la lógica que articula ambas manifestaciones. La sutura de S1 y S2 que ubicamos a nivel de las defensas del obsesivo está en la línea de sus intentos de anular el goce. Sin embargo, pese a sus enormes esfuerzos defensivos él no deja de ser un sujeto dividido. La división se le presentará en el punto mismo en que el goce escape al cálculo, movilizando nuevamente la defensa. Frente a cada irrupción de goce que lo divide el neurótico obsesivo responde con la duda, es decir, no se presenta como sujeto dividido sino con una duda, presenta su yo en lugar de su síntoma. La maniobra del obsesivo consiste en que a través de la duda pretende encontrar en el Otro una certeza que funcionaría como garantía de su acto. En tanto lo que busca es la seguridad respecto del control del goce del Otro, no hay acto posible. Esta certeza que busca es imposible puesto que el Otro está barrado. Es por ello que mientras se trate de esta búsqueda, habrá una postergación infinita del acto. En el discurso del obsesivo el indicador de esta postergación del acto es la duda. De este modo la duda es utilizada por el obsesivo como una defensa, como un modo de defenderse del deseo y al mismo tiempo de anular el goce, en última instancia, como un modo de no querer saber nada de la división. Resaltamos así la función de la duda como un modo de anulación, de borrar lo sucedido, de borrar cualquier rastro de la irrupción de goce. En el Seminario 10 Lacan describe esta función de la duda en la obsesión "el obsesivo, en su tan particular manera de tratar al significante, es decir, de ponerlo en duda, de sacarle brillo, de borrarlo, de triturarlo, de reducirlo a migajas, o sea de comportarse con él como Lady Macbeth con esa maldita huella de sangre, el obsesivo, por una vía indudablemente sin salida pero cuya mira no es dudosa, opera justamente en el sentido de reencontrar, bajo el significante, al signo."(23) Pero sabemos que en el obsesivo no todo es anulación de goce ya que se procura vía la compulsión una recuperación. La compulsión puede presentarse de dos maneras en relación a la duda obsesiva, por un lado instalando una rumiación compulsiva, una eternalización de la duda o en cambio como acción puramente automática y repetitiva que en apariencia se presenta como algo completamente diferente a la paralización dubitativa. En ambos casos hay en juego una satisfacción, una recuperación de goce. En este punto, el deseo es aquello que queda anulado. "La "o" no está en la escena, desde fuera de ella, sirve para anular cualquier enunciado de deseo que se presente. La duda obsesiva es trasladar la "o" al momento de concluir para anularlo".(24)

Ubicamos aquí distintos tratamientos del goce a nivel del síntoma obsesivo. Por un lado aparece el intento de borrar cualquier huella de la irrupción de goce que se cristaliza en el empleo que el obsesivo hace del significante, con la sutura que ubicamos entre S1 y S2. Por otro lado situamos una recuperación de goce vía el empleo compulsivo del significante fálico en su versión degradada. Pudimos discernir además un goce no tan sencillamente ubicable, un goce a nivel escópico. Se trata aquí de un goce con un carácter sumamente diferente a la anulación y luego recuperación de goce fálico. Se trata del "goce del espectáculo", de la autocontemplación y de un goce pulsional en juego. Tampoco en la oblatividad se trataría del goce fálico, sino de la satisfacción pulsional, referida en este caso no al objeto mirada sino al objeto anal.

5- Conclusiones
La pregunta que guió este ensayo y que condujo un recorrido a través de las defensas del obsesivo y de las particularidades del síntoma, consistía en indagar la posibilidad de pensar un modo de goce propio del síntoma obsesivo. En este recorrido ha sido posible ubicar distintas modalidades de goce en juego en el síntoma, modalidades, en plural, que se desprenden del modo en que está estructurada la defensa en la obsesión. No es posible situar un modo de gozar propio del síntoma obsesivo, sino distintos tipos de goce y distintos tratamientos sobre el goce. Pero en las diversas modalidades de goce en juego en el síntoma obsesivo podemos ubicar un denominador común que permita una orientación lógica dentro de la aparente desconexión y heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas. La clave de esta lógica la encontramos ya en Freud. Esta clave se sitúa a nivel de la particular relación que en la neurosis obsesiva tiene el goce con la conciencia.

Referencias bibliográficas
(1) Sigmund Freud "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Parte III Conferencia 19, 1917 Volver
(2) Sigmund Freud "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Parte III Conferencia 22, 1917 Volver
(3) Sigmund Freud "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Parte III Conferencia 23, 1917 Volver
(4) Sigmund Freud "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Parte III Conferencia 17, 1917 Volver
(5) Sigmund Freud "Más allá del principio del placer" 1920 Volver
(6) Sigmund Freud "Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa" 1896 Volver
(7) Sigmund Freud "Inhibición, síntoma y angustia" 1925 Volver
(8) Sigmund Freud "Inhibición, síntoma y angustia" 1925 Volver
(9) Sigmund Freud "A propósito de un caso de neurosis obsesiva" 1909 Volver
(10) Jacques Lacan, Seminario 8, Clase del 19 de Abril de 1961 Volver
(11) Jacques Lacan, Seminario 22, Clase del 17 de Noviembre de 1974 Volver
(12) Jacques Lacan, Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente", Clase 23 del 14 de Mayo de 1958 Volver
(13) Jacques Lacan, Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente", Clase 22 del 7 de Mayo de 1958 Volver
(14) Jacques Lacan, Escritos 1, Función y campo de la palabra y el lenguaje Volver
(15) Jacques Lacan, Escritos 1, El psicoanálisis y su enseñanza Volver
(16) Jacques Lacan, Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente", Clase 23 del 14 de Mayo de 1958 Volver
(17) Jacques Lacan, Seminario 8 "La transferencia", Clase 14 del 15 de marzo de 1961 Volver
(18) J.A. Miller, Matemas II, H2O Volver
(19) Sigmund Freud, "Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa", Naturaleza y mecanismo de la neurosis obsesiva, 1896 Volver
(20) J.A. Miller, Matemas II, H2O Volver
(21) Jacques Lacan, Seminario 8, Clase del 19 de Abril de 1961 Volver
(22) J.A. Miller, Matemas II, H2O Volver
(23) Jacques Lacan, Seminario 10 "La angustia", Clase del 12 de Diciembre de 1962 Volver
(24) J.C. Indart "La clínica de la no relación sexual" Volver

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