Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008

37 usuarios on-line


Contactar al autor/autores   Clik aquí para contactar al autor o autores


OBESIDAD, CIGARRILLO, JUEGO Y OTRAS ADICCIONES
(workoholics, ejercicios, Internet, shoppings, etc.)

por Dr. José Treszezamsky

La adicción es una conducta habitual. Vivimos en medio de adicciones, más allá de las reconocidas como manifestaciones psicológicas o médicas nos encontramos con la obesidad, cigarrillo, aspirinas, coca cola, televisión, Internet, shopping, vitaminas, tranquilizantes, novedades, etc. Todas estas adicciones tienen elementos en común y muchas de ellas tienen un soporte social y unos beneficios secundarios que se erigen en una nueva resistencia a la curación. Pero además de esas hay adicciones que posiblemente ni sean consideradas como tales: un ejemplo de ello serían lo hobbys que rebasan su carácter de tales para transformarse en una preocupación central en la vida de la persona o en una condición a cumplir en forma absolutamente indispensable sin la cual surgen cuadros psicopatológicos intensos como la depresión.

Están también los adictos al amor, incapaces de retribuirlo, con una necesidad y dependencia de ser aprobados y deseados, que eligen objetos de acuerdo al tipo narcisista o mejor dicho, de acuerdo a las necesidades narcisistas, que no reconocen al objeto mientras está presente y se dan cuenta de su existencia cuando este desaparece. Son aparentes hipersexuales, no le pueden decir no a ninguna insinuación del sexo opuesto y son también candidatos a hacer un brote melancólico. Entre estos adictos encontramos habitualmente a los actores y actrices, quienes muchas veces, una vez que dejan de recibir el aporte narcisista de los aplausos se suicidan.

Otro muy conocido y no ubicado dentro de las adicciones sería la adicción de los antojos del embarazo.

Los antojos del embarazo se suelen explicar señalando que la mujer percibe una necesidad de sustancias químicas especiales para ella y el feto. Uno podría admitir dicha explicación de un modo teórico, pero admitamos que es una explicación muy limitada, porque la mujer embarazada no sólo tiene antojos de alimentos sino también de sustancias no comestibles como ser joyas, abrigos de piel, arreglos de la casa, cuya utilidad para el feto no ha sido aún demostrada.

Tomemos un ejemplo para investigar el significado de los antojos de embarazo: una mujer en el segundo mes de embarazada tuvo antojos irresistibles de comer melón con jamón. El análisis mostró que el melón con jamón era un alimento que había probado por primera vez estando de novia, cuando su novio la invitó a un restaurante muy lujoso. Nunca lo había comido porque su madre se oponía a dicha comida aunque nunca le había dicho el motivo. Vimos que desear y obtener esa comida tenía el significado de poder realizar algo prohibido por su madre y que en su inconsciente tenía el significado de rebelarse contra la prohibición de la madre de poder masturbarse en su infancia. El melón jugoso venía siempre bajo dos fetas de jamón lo que estaba relacionado con sus genitales húmedos entre ambas piernas, que entre nosotros se dice jamones. En la madurez sexual adquirió el contenido de prohibición de tener vida genital y de embarazarse. El desplazamiento a lo oral alimenticio se debía a la importancia que tenía en ella la dependencia con la madre.

Pero un estudio más amplio de los antojos alimenticios de la embarazada muestran que esa conducta sintomática suele ocultar un contenido más central en su génesis y significado: el alimento deseado tiene para ellas muchas veces un significado fálico y su incorporación inconscientemente alude al coito y la fecundación, según teorías sexuales infantiles. Además, la necesidad continua de satisfacer el antojo se relaciona con otra teoría sexual infantil: la de que el coito tiene que ser continuo para poder llevar a buen fin el embarazo y porque de ese modo se alimenta bien al niño.

Por lo tanto, en último término, los antojos del embarazo tienen el significado de un esfuerzo por rebelarse contra las prohibiciones infantiles y poder hacer ‘lo que se les antoja’, es decir, concebir un hijo.

Pero a veces tienen un contenido penoso y compulsivo y por lo tanto buscan con su antojo obedecer mandatos superyoicos sin lo cual la embarazada teme que traerá una alteración al bebé. Eso se debe a la fantasía incestuosa de que ese hijo es fruto de una unión prohibida y por lo tanto será un hijo monstruoso, lo que es un factor determinante esencial en los vómitos del embarazo.

Obesidad:
Las enfermedades son el resultado de conflictos en el yo entre los instintos y el superyó. En el ser humano el desarrollo instintivo comienza con los componentes parciales oraldigestivos, y los traumas en esas etapas y sus fijaciones llevan a regresiones posteriores a través de las cuales las fantasías conflictivas se expresan en un lenguaje oral.

La problemática inconsciente de estos individuos gira alrededor de la alimentación, modo propio del bebé de relacionarse con los objetos, especialmente con la madre. Cuando hay situaciones traumáticas infantiles alrededor de esta etapa las fijaciones que resultan hacen que cuando se repitan en otro momento del desarrollo situaciones conflictivas el individuo exprese el conflicto en la etapa en la cual está fijado. Esa es una condición importante para la obesidad, a la cual se agregarán otras de la serie complementaria como la predisposición en una familia que habla un lenguaje oral: una paciente obesa tenía una madre repostera, un hermano dentista y un padre fanático de Boca. A esta constelación familiar la podemos llamar ‘facilitación hacia el lenguaje oral de los conflictos’.

En general es la madre la que en la infancia obliga a comportamientos relacionados con la obesidad y luego se continúan con prohibiciones genitales como la masturbación y presiones para tener satisfacciones orales. O bien la madre suele temer que no ha amado lo suficiente al hijo en la etapa oral y presiona durante toda la infancia para que se alimente bien. Esta serie de representaciones maternas son las constituyen una especie de superyó especial del obeso.

La grasa suele representar una especie de parásito de origen materno que el individuo está obligado a llevar encima. Es un útero graso envolvente y sometedor. Un chaleco de fuerza inmovilizador y antigenital y es ese contenido que lleva a los obesos a sentir que no son deseados sexualmente pues perciben su sometimiento a la madre. Sienten que una persona que está sometida de ese modo a la madre no es deseable sexualmente.

Pero esas satisfacciones instintivas orales son aprobadas y elogiadas durante la infancia y eso lleva a la gente a creer en el mito del ‘gordito feliz’.

Con cada renuncia genital el obeso volverá a buscar satisfacciones orales. El análisis de los sueños de los obesos descubre los mecanismos finos cotidianos de estas regresiones oraldigestivas. Como el de un candidato a psicoanalista que lleva a la sesión un sueño luego de haber sido rechazado sexualmente por su mujer: en el sueño amenaza primero a alguien con un revolver pero luego que aparece la policía este es desechado y luego llaman a la puerta y hace un pedido de comida al empleado de un almacén.

En las regresiones oraldigestivas los obesos suelen tener preferencias por comidas de tipo infantil: golosinas, dulces, pastas, helados, papas, arroz, grasas, etc. Cuando la comida tiene un significado más genital, como las carnes, suelen tener problemas en la digestión.

Fumar:
Mi secretaria me contó antes de venir acá que un amigo de ella que fumaba hasta dos paquetes de cigarrillos por día en un período en el cual intentó poner fuerza de voluntad para dejar el vicio le sobrevino una compulsión a la masturbación 4 o 5 veces por día. Hay que tener en cuenta que todo esto transcurría en un día abreviado a la mitad pues este hombre dormía 12 horas diarias.

El fumador es una persona sometida a incorporar un mal ambiente y mantenerlo dentro de sí mismo a través de un mecanismo de concretización.

Entre nosotros el hábito de fumar fue estudiado con bastante minuciosidad por Ángel Garma, Eduardo Kalina, Sergio Aisemberg, Fidias Cesio, Julio Aray y otros.

Garma marcaba la relación existente entre el fumar y la renuncia genital y una regresión a la masturbación, la idealización de lo destructivo como se puede observar en las propagandas de cigarrillos, negación del masoquismo, etc.

Kalina insistió en el comportamiento maníaco que supone el fumar. Planteaba que una de las características que observó en los pacientes fumadores era el intento de recrear un Nirvana autodestructivo de características fetales. Encontró en muchas propagandas gráficas de cigarrillos los contenidos maníacos y realizadores de deseos pero descubrió también en muchas de ellas que fracasaba la defensa y retornaba lo reprimido de la conducta masoquística del fumador.

Cesio, entre otros trabajos, hizo un análisis aplicado de Freud, gran fumador de cigarros, que lo llevó a sufrir miocarditis, bronquitis crónica (se la pasaba escupiendo cada vez que subía las escaleras de su casa y en su consultorio carraspeaba y escupía frecuentemente) y por último contribuyó a provocarle el cáncer del velo del paladar. El hecho de que Freud haya percibido más el malestar físico que el psíquico en el hábito de fumar y el hecho de que idealizara a sus cigarros hizo que los psicoanalistas se inhibieran para analizar esta conducta masoquística. Un ejemplo clínico muy ilustrativo que citaba Cesio es el de un individuo que buscaba mujeres del tipo ‘vampiresa’ en cuya compañía fumaba grandes cantidades de cigarrillos, lo que tenía el significado a estar sometido a una madre que le chupaba la sangre y la libido masculina, lo que lo dejaba en una posición homosexual inconsciente pasiva. Otro individuo en quién el caminar estaba muy erotizado y tenía un significado inconsciente de coito fue impedido de hacerlo a consecuencia de su cigarrillo.

Julio Aray por otro lado investigó el componente coprofílico que hay en el hábito de fumar: los olores ambientales, la impregnación de los muebles, los vestidos y las alfombras y tapizados, y por último el componente digestivo así como el aliento del fumador. Encontró en muchos fumadores un placer perverso inconsciente a través del cual se deleita en comer el producto intestinal. Cuando el individuo tiene defensas obsesivas fortificadas contra los componentes anales los métodos de rechazo al cigarrillo basados en producir un sabor casi fecal al contacto del cigarrillo con la mucosa bucal son exitosos desde el punto de vista sintomático y muestran un retorno de lo reprimido. Estas fantasías coprofílicas del fumador surgen ante la angustia adolescente frente a la masturbación y la genitalidad, y como regresión intensa ante esto comienza el fumar, en especial en secreto.

Aizenberg había insistido en el valor de ataque destructivo hacia el análisis que significaba el fumar en sesión. El hecho de que Freud fumara durante las sesiones de análisis también se constituyó en un obstáculo para analizar el efecto resistencial y contrarresistencial que dicho hábito significa en el tratamiento psicoanalítico. Remarcó el valor de técnica maníaca de controlar al perseguidor y el significado de RTN que se manifestaba por modorra tanto en uno como en otro integrante de la pareja analítica. El fumador, mientras piensa que es el humo tóxico lo que le hace mal, deja de pensar que es su conducta masoquista la que le crea un mal ambiente vital.

Uno se pregunta si estas palabras, aún repetidas muchas veces, pueden influir en la tendencia de más de uno de nosotros a fumar. En general debemos esperar que esto no dé resultado terapéutico, pues el fumador sabe que el cigarrillo es dañino para él y sin embargo, tanto por los mecanismos maníacos como los perversos de desestima y desmentida, sigue fumando. Y esto se debe a que el individuo cree que a través de estas conductas puede seguir rehuyendo conflictos; y por otro lado, a través de los sufrimientos que producen satisface sentimientos de culpa y la necesidad de castigo, lo que lo lleva a persistir en estos comportamientos con una dosis de satisfacción a través de una actitud engañadora de su superyó. El encontrar una fórmula autodestructiva que puede ser disimulada le incrementa el autoaprecio.

El habitual cigarrillo después del coito tiene el significado de que luego de una unión genital, como siempre es un logro parcial, se incrementan los sentimientos de culpa por hacer algo prohibido y se recuerdan las circunstancias que se oponen a la satisfacción amorosa; y dichas circunstancias se representan de un modo concreto a través de mantener un aire viciado dentro de los pulmones. Por otro lado, al fumar después del coito el individuo está obligado a tomar cierta distancia de su pareja. Al mismo tiempo el humo del cigarrillo contribuye a esconder los olores genitales por medio de la reactivación de olores derivados de la analidad.

La renuncia genital es algo valorado socialmente y el hecho de que el cigarrillo tenga ese contenido está en la base de la racionalización de que los gobiernos no pueden prescindir de los ingresos por impuestos que genera la venta de cigarrillos.

Por eso el fumador suele sentirse orgulloso con un cigarrillo en la mano y adquiere el papel de hombre rudo y sufrido como lo era Humphrey Bogart. El mismo gesto al fumar, por la molestia ocular y respiratoria, es el de una persona muy molesta y estoica, lo que es valorado socialmente.

Manía del juego:
Freud hizo una aproximación a la comprensión de esta adicción en Dostoievski y el parricidio. 1928. (Obras Completas, Amorrortu editores, Tomo XXI , págs. 187/91)

El sentimiento de culpa de Dostoievski se había procurado una sustitución palpable mediante un cúmulo de deudas, y así él podía alegar que quería conquistarse mediante la ganancia en el juego la posibilidad de regresar a Rusia sin ser encarcelado por sus acreedores. Sin embargo él se daba cuenta, como lo confesaba en muchas cartas, que lo principal era el juego en sí. Nunca descansaba hasta perderlo todo. Se autocastigaba con el juego.

Hacía promesas continuamente a su mujer de no jugar más y siempre las quebrantaba: es el mecanismo del pedir créditos al FMI, créditos que el FMI sabe que no se podrán pagar y que aumentan el sometimiento a él.

El adicto hace promesas a su familia y al analista de que tengan confianza en él, que le den crédito, pero el analista no debe entrar en eso de las creencias, de darle crédito a las palabras: hay que mostrarle que la confianza es algo que uno le da a él con la finalidad de que él se sienta más culpable cuando no pueda cumplirlo y luego necesite castigarse más. El jugador también hace eso con las promesas de no jugar más.

El no cumplir la promesa lo lleva a tener justificativos de humillarse, insultarse ante el analista, llevarlo a despreciarlo, a tener lástima por sus objetos y poder tener la satisfacción melancólica que rápidamente y cíclicamente empezará otra vez al día siguiente con otro juego, u otra aplicación de droga.

Muchas veces tanto el jugador como el adicto tienen que llegar al fondo del abismo para poder intentar salir un poco: el sentido que se encuentra en esto es el hecho de que el sentimiento de culpa es satisfecho lo suficiente como para permitirse un respiro.

En la novela 24 horas en la vida de una mujer de Stefan Zweig, una dama cuenta la impresión que le había causado la visión de dos manos de un jugador desdichado a quién ella trataría infructuosamente de redimir. El análisis mostró que es una fantasía en la cual la madre debiera introducir al joven en la vida sexual para salvarlo de los temidos perjuicios de la masturbación. Son fantasías de redención o de salvación y en estas fantasías caen muchas veces los analistas con sus pacientes.

El vicio solitario es sustituido por el juego o la droga, según se colige en la novela de Zweig por el acento puesto en las manos y en los adictos por la búsqueda de las sensaciones que llegan al clímax del estallido y que compelen al adolescente una y otra vez a masturbarse.

No es ajeno el hecho de que a los niños se les prohíbe ‘jugar’ con los genitales.

Lo irrefrenable de la tentación, los solemnes y nunca respetados juramentos de no volver a hacerlo, el placer atolondrante y la mala conciencia de que uno se arruinaría (suicidio), se han conservados inmutados a pesar de la sustitución.

La igualación de la madre con la prostituta, presente en la novela de Zweig, y parte de fantasías universales, se escenifica en el tratamiento psicoanalítico cuando el analista es capaz de transgredir todo tipo de convenios con el paciente con tal que se salve de su vicio.

* Conferencia brindada en las Primeras Jornadas de Adicciones, Puerto Madryn, Argentina, Mayo de 2000, organizadas por el Hospital Subzonal "Dr. Andrés Isola" y la Secretaría de Promoción y desarrollo Social de la Municipalidad

Este trabajo fue visto  3581  veces

 

 

Versión impresora
Click aquí para descargar el artículo
Clik aquí para enviar un link del artículo

Click aquí para contactarnos

Política de Privacidad
Copyright © 2001 - 2008 ProyectoPsi.com - Todos los derechos reservados