Buenos Aires - Martes, 21 de Octubre de 2014

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HISTERIA, PADRE Y GOCE DE LA PRIVACIÓN:
OBSTÁCULOS EN LA POSICIÓN FEMENINA

por Lic. Gabriela Perrotta
por Lic. Celeste Smith

Introducción
Este trabajo se inscribe en el marco de la investigación “Relaciones entre la histeria y la femineidad en el último período de la obra de Jacques Lacan (1970-1981)”.

Encontramos a lo largo de la obra de Lacan diferentes momentos en los que articula la oposición entre histeria y femineidad. Por ej.:

En el seminario 3, pág. 254 "Volverse mujer y preguntarse qué es una mujer son dos cosas esencialmente diferentes. Diría aún más, se pregunta porque no se llega a serlo"

Sem. 20, pág. 103 "la histeria, que es hacer de hombre, y ser por tanto también ella homosexual o fuerasexo; de allí que les sea difícil no sentir el impasse que consiste en que se mismen en el Otro, porque, a la postre, no hay necesidad de saberse Otro para serlo."

Esta oposición le permite leer el impase freudiano acerca de lo femenino en el modo en que Freud formula la pregunta "¿qué quiere una mujer?". En el sem. 17, pág. 137 Lacan afirma: “Pero desde el momento que ustedes formulan la pregunta: "¿Qué quiere una mujer?", sitúan la cuestión a nivel del deseo. Todos saben que ubicar la cuestión a nivel del deseo con respecto a la mujer es Interrogar a la histérica.”

Así como a Freud lo detiene el hecho de ubicar la pregunta del lado del deseo, a la histérica ese deseo, masculino, guiado por el falo y la ley paterna, cuyo nombre freudiano es penisneid, y la satisfacción que a ese deseo se articula, le hacen obstáculo en el acceso a una posición femenina, la dejan ubicada del lado hombre, del lado en que no se tiene acceso al otro cuerpo.

¿Qué detiene a una mujer en posición histérica en el camino de la femineidad? Presentaremos el interminable amor al padre y el goce de la privación como obstáculos en este recorrido.

El amor al padre
Freud descubre en el desarrollo normal de una mujer, una etapa de ligazón a la madre (pre-edípica, dice) que deberá “superarse” para acceder al amor al padre y con esto a una posición que para él es femenina, y que le permite a la mujer una posible salida de la envidia del pene, por la vía de desear un hijo del padre. La fijación a esa etapa de ligazón a la madre, traería problemas a la niña para su desarrollo femenino, porque quedaría en una posición masculina, activa. El pasaje a la pasividad y al objeto-padre, permite que quede “expedito para la niña el camino hacia el desarrollo de la feminidad, en tanto no lo angosten los restos de la ligazón-madre preedípica superada.”(1). Esto implica para Freud que, por un lado el pasaje al amor al padre lleva a la niña a la femineidad llamada normal (como una de las salidas posibles al complejo de castración que se despliega a partir de la envidia del pene) y por otro que ese pasaje no es “infalible”, no es sin resto. Freud dice que la ligazón intensa a la madre es la “fase preedípica que deja espacio para todas las fijaciones y represiones a que reconducimos la génesis de la neurosis” (1). Incluso llega a decir que esa relación con la madre se recrea en la relación de la mujer con su marido (con el primero).

Entonces: si bien hay restos de la ligazón con la madre, el pasaje al amor al padre orienta el camino para el desarrollo de la femineidad.

¿Qué nos dice Lacan?

En el Seminario 4, Lacan trabaja la situación de Dora en relación a su padre, al Sr. K y a la Sra. K. Dice que “ella sigue muy vinculada con este padre de quien no recibe simbólicamente el don viril”, y que “el amor que Dora le tiene a este padre es en tal caso estrictamente correlativo y coextensivo de su disminución.”

¿Por qué dice esto? Parece que para acceder a la Sra. K, el padre necesita de Dora (al menos así se le presenta a ella, a Dora, la escena).

Lacan lo grafica de esta manera:

Entonces: el padre no puede hacer de hombre sino a través del apoyo que sostiene la histérica. Ella es la que sostiene la relación del padre con la Sra. K. Ella cuida a los hijos mientras se encuentran, etc. Ella permite que su padre sea hombre...

Dora ama a su padre por lo que no le da. Pero la particularidad de ese padre, en la forma de hacer entrar a su hija en la dialéctica del intercambio, es que se sostiene en ella. “Dora se sitúa en algún lugar entre su padre y la señora K”, dice Lacan, y de esa manera se mantiene la dialéctica, pero a condición de la posición de la histérica.

¿Cómo pensar entonces la identificación viril? Como Dora no recibe de su padre el don viril, Lacan dice que necesita hacer intervenir en el circuito a “un hombre”. Y ahí entra en juego el Sr. K. Podemos pensar que esa introducción del elemento masculino, le permite a Dora no “ser” el hombre, no ser ella homosexual para mostrarle al padre cómo debe ser un hombre con una mujer, sino mostrarle esto a través del elemento masculino que se introduce con el Sr. K y su identificación con él. Entonces no es simplemente para abordar a la mujer, para preguntarse desde él que quiere ella, sino para ordenar el circuito a partir del elemento masculino que el padre de la histérica no aporta. Dora se identifica al Sr. K. para “virilizar al padre”, que haya un hombre. En el Sem. 5, clase 18, Lacan dice: “insignias masculinas colmadas que le ofrece el Sr. K y no su padre”.

A partir de la escena entre Dora y K, que termina en bofetada, podemos pensar que, al correr el Sr. K. a su mujer del circuito, le muestra que se dirige a Dora directamente, como hombre, y esto es lo que Dora no puede tolerar.

Si la histérica no renuncia a esperar el don del padre, no puede recibir de un hombre. Lacan dice: “si ella misma no ha renunciado a algo, es decir, precisamente al falo paterno concebido como objeto de don, no puede concebir nada, subjetivamente hablando, que haya de recibir de otros, es decir de otro hombre”. Para renunciar al don del padre, él debe mostrase como hombre para otra mujer, desear más allá de ella, darle el falo a la madre. Que el falo circule.

El problema de Dora es que el padre, para desear más allá de Dora, la usa, la hace objeto. Necesita apoyarse en ella para desear a la Sra. K; la ubica como objeto de intercambio pero como exigencia: él da lo que no tiene, pero no a cambio de nada, sino a cambio de que Dora acepte y proteja la relación entre él y la Sra. K. Cuando Dora recibe, pero de un hombre (K) la propuesta de ser mujer para él, sin mediación del amor al padre ni de la mujer que representa el misterio de la femineidad, eso termina en “Bofetada”. El Sr. K se corre de la escena y pretende ser hombre que se dirige a Dora como mujer. Pero ella puede sólo “hacer de hombre” o “hacer a su padre hombre” sosteniendo el deseo del padre con la ayuda de la identificación al Sr. K; pero no puede “ser mujer” para un hombre.

Por eso decimos que el amor al padre hace de obstáculo a la posibilidad de una mujer de ser objeto de deseo para un hombre. Porque si la histérica queda fijada a ese amor, no puede acceder a una posición femenina que le permita aceptar ser objeto de deseo de un hombre.

También podemos preguntarnos cuánto de esa ligazón a la madre que Freud destaca, aparece con más fuerza y haciendo estragos, en la medida en que el amor al padre funciona como obstáculo y no como posibilitador de la posición femenina.

La pregunta por la femineidad que se hace la histérica supone hacerla desde su fantasma, desde su posición neurótica, desde lo que supone que es la diferencia sexual, y desde el lugar donde supone que puede preguntar y hallar respuesta: desde el hombre. Este rodeo histérico por el hombre para preguntarse por la femineidad, que denota (como muestra Lacan en Dora) una ligazón al padre que no le permite o le dificulta recibir de un hombre, ser objeto de deseo para un hombre, no favorece el acceso a una posición femenina.

Finalmente, en el seminario 24, Lacan dice: “la histérica está sostenida en su forma de garrote por una armadura, distinta de su consciente, y que es su amor por su padre”. El amor al padre aparece aquí como cierto sostén, apoyatura, emblema simbólico. Parece ir de ese obstáculo del que hablábamos, hacia esta posibilidad de sostén. Lo cual no quita que ese sostén, neurótico, no siga siendo obstáculo para la femineidad, en la histeria.

Goce de la privación
Si el goce femenino es suplementario con respecto al goce fálico –que por otra parte Lacan no vacila en llamar "la satisfacción verdadera"– no podemos plantear sin más que el goce fálico impide el acceso al goce femenino. En el seminario 20 Lacan dice "...El falo, o su hombre, como ella lo llama, no le es indiferente, cosa requetesabida desde Rabelais. Sin embargo, la mujer tiene distintos modos de abordar ese falo, y allí reside todo el asunto. El ser no-toda en la función fálica no quiere decir que no lo esté del todo. No es verdad que no esté del todo. Está de lleno allí. Pero hay algo de más".

Entonces, ¿qué modos de abordaje de lo fálico a la histeria le impediría el acceso al goce femenino? El campo de los goces no se deja reducir a una sola modalidad propiamente fálica. De esas modalidades de goce elegimos una por las dificultades en que a la histérica la apresan: El goce de la privación. El goce que se presenta justamente allí donde la histérica, sostiene el deseo insatisfecho devenido en plus de gozar, goce de ser privada de goce. Lacan plantea ya en el Sem. 6 : "...su goce es de impedir, justamente, el deseo en las situaciones que ella misma trama. Pues aquí está una de las funciones fundamentales del sujeto histérico; en las situaciones que ella trata su función, es impedir llegar a término al deseo..." su goce es el de sostener un deseo insatisfecho. ¿Para qué? Esta es la estrategia histérica para promover ese punto al infinito del goce como absoluto: entonces este gozar de ser privada de goce implica promover, sostener en el horizonte un goce absoluto como posible, a partir de desdeñar  el goce que le toca, lo poco del goce fálico por su carácter limitado, por presentarse como no absoluto.

Esta estrategia consiste en no tomarse por la mujer – no soportar semblantear el lugar de objeto a del fantasma del hombre – para sostener un goce absoluto, que además implique un saber. ¿De qué modo? Identificándose al padre en tanto amo  pretende dominar el saber sobre el goce excluyéndose de él, o podríamos decir haciéndose privar de él, identificación a un padre idealizado cuyo secreto es que está castrado. ¿Qué permite esta estrategia? Sostener como posible – aunque no para ella –un saber sobre el goce, una otra que goza de un goce absoluto, lo cual no quiere decir que nuestra histérica no goce, muy por el contrario extrae de la insatisfacción una satisfacción que la apresa.

Este goce puede presentarse bajo distintas mascaradas, por ej. ¿Cómo se las arreglan Dora y la Bella Carnicera para suplir el goce excluido, el que si existiera permitiría la complementariedad entre los sexos, al tiempo que sostener la ilusión?

No es lo mismo encontrar una estabilidad fantasmática haciéndose privar de lo fálico por la otra, rehusándose a poner el cuerpo en el encuentro con un hombre y exponerlo a la fragmentación de los síntomas conversivos como Dora, lo que Lacan en la página 99 del seminario 20 llama rechazo del cuerpo (puesto que aún antes de la escena del lago no dejaba de toser), que la posición de la Bella Carnicera. La Bella Carnicera pone el cuerpo y se queda insatisfecha, porque la presencia del pene, de aquello con lo que a título fálico podría ser atiborrada, lejos de compensar, le reaviva la herida la privación. Tenemos al follador de su marido dispuesto a "servirla", a comprarle caviar todos los días. Y a ella demostrándole que en lo esencial eso no arregla nada.

La Bella Carnicera es aquella que adorando el caviar le pide al marido que no se lo obsequie.

Es quien desafía a Freud llevándole un sueño, que contraría su teoría: desea dar una comida, pero lo que tiene es poco, un poco de salmón ahumado, pretende ir de compras, pero! es domingo a la tarde, los negocios están cerrados, va a llamar por teléfono, y el teléfono está descompuesto!!! Debe renunciar al deseo de dar esa comida.

¿Cuál es el contexto del sueño?

La Bella Carnicera visita a una amiga de la cual está celosa, pues su marido la alaba demasiado, solo que es flaca y  su marido ama las redondeces. Freud conoce a esta amiga y sabe que se hace privar de su comida preferida, el salmón ahumado, tanto como la Bella Carnicera del caviar!

Freud agrega que se identifica a la amiga mediante la creación de un síntoma: el deseo denegado. Ella se pone en el lugar de su amiga en el sueño porque esta última le ocupa su lugar frente a su marido, y porque querría apropiarse del sitio que la amiga está ocupando en la estima de su marido.

Aquí se ubica en una posición masculina, gozando en la creación de este síntoma de aquello que se priva.

¿Qué verdad de estructura está aquí en juego? El carácter limitado del goce fálico con respecto a lo femenino. ¿La acerca esta verdad entonces a una posición femenina? No. La paradoja es que este modo de abordar el falo – la privación – la deja detenida, no cesando de gozar fálicamente de lo que denuncia como déficit del lado fálico, y es porque el deseo permanece insatisfecho, a los fines de este goce, que deviene síntoma.

Conclusión
Si bien Freud ubica la salida femenina “normal” por la vía del amor al padre, ubicando como resorte último el penisneid, lo que no permite distinguir entre la posición de la histeria y una posición femenina, se pregunta hasta el final de su obra “¿Qué quiere una mujer?” y considera a la Femineidad “un enigma”. Pregunta reformulada por Lacan, quien al plantear lo femenino a partir del goce, pone en disyunción Femineidad e histeria, y presenta entre los obstáculos posibles al acceso a la Femineidad, el "interminable" amor al padre y el goce de la privación, dos maneras de quedar ubicada del lado hombre, gozando sólo fálicamente.

Podríamos a partir de esto abrir la pregunta acerca de en qué medida estos obstáculos, se relacionan con el “estrago” en la relación madre-hija, relación que en la histeria merece ser detenidamente investigada por las catástrofes a las que conduce.

Bibliografía
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FREUD, S. (1925): “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos”, en Obras Completas, op. cit., t. XIX
FREUD, S. (1931): “Sobre la sexualidad femenina”, en Obras Completas, op. cit., t. XXI.
FREUD, S. (1933): “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis: 33a. conferencia: La femineidad”, en Obras Completas, op. cit., t. XXII.
LACAN, J. (1955-56): El seminario, libro 3 : Las psicosis, Barcelona, Paidós, 1984, 460 págs.
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LACAN, J. (1968-69): El seminario, libro 16: De un Otro al otro, inédito
LACAN, J. (1969-70): El seminario, libro17: El reverso del psicoanálisis, Barcelona, Paidós, 1992, 231 págs.
LACAN, J. (1972-73): El seminario, libro 20: Aun, Barcelona, Paidós, 1981, 177 págs.
LACAN, J. (1976-77): El seminario, libro 24: L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre, inédito.
SCHEJTMAN, F. "Versiones neuróticas del goce del Otro", en Imágenes y Miradas, EOL, Buenos Aires, 1994, 287 págs.

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