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Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008 |
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TRIEB E INSTINKT - UNA APROXIMACIÓN LINGÜÍSTICA
por Dr. Juan Manuel Serna
La palabra "Instinto" viene del latín "Instigare", que quiere decir estimular y se refiere a toda aquella tendencia a la acción que tienen los seres vivos, especialmente para lograr un bien o defenderse. La estructura se forma del participio culto "Instinctum" (Instigatum).
Inicio esta disquisición con el latín ya que este idioma ha sido considerado como una de las lenguas clásicas y ha sido muy socorrido en todo el tecnolecto de la ciencia pues, junto con el griego, posee la capacidad de síntesis necesaria para expresar varios conceptos en un solo monema. Las lenguas flexivas, no sintéticas como el español, no disponen de esa característica y por eso su terminología científica, cultural y técnica depende mucho de estas dos lenguas; es lo que se llama el préstamo lingüístico. Además, en la Edad Media, la proliferación de dialectos que se derivaban de las lenguas neolatinas fue tan intensa que tuvieron que volver a sacar al latín de los monasterios para utilizarlo como "Lingua franca" o lengua de comunicación porque ya, para la época, la gente no se entendía.
Esto dio un inusitado prestigio al latín y toda la escolástica se desarrolló en esta lengua y los letrados de la época sólo escribían en el idioma del Lacio; Linneo construyó la "Clasificación de las especies" en latín y los reyes de Castilla, que eran unos rudos campesinos que hablaban un castellano totalmente agropecuario, se dieron a la tarea de relatinizar el español, basados en su recién adquirido prestigio con la expulsión de los árabes y el descubrimiento de América. Por eso, en nuestra lengua conviven términos populares como respeto, luto, noche... frente a las voces cultas "con respecto a", "luctuoso" o "noctámbulo".
Todo este estado de cosas se mantuvo en la culta Europa a lo largo del Renacimiento y épocas posteriores, en las cuales siempre se tuvieron como lenguas clásicas el latín y el griego por considerarse las madres de los idiomas grecolatinos y el hebreo, por ser el lenguaje bíblico. Estos fueron los referentes lingüísticos que se mantuvieron hasta los albores del S. XIX.
El rompimiento se produjo en 1798 cuando tres investigadores, en forma coincidente, descubrieron el sánscrito, el antiguo idioma de la India. Se trataba de RASMUS RASK, sueco, WILLIAM JONES, inglés y FRIEDRICH SCHLEICHER, alemán.
El asunto provocó una verdadera conmoción en Europa, ya que se encontraba difícil aceptar que un idioma de un país atrasado como la India pudiera involucrar el origen de casi todas las lenguas occidentales que, de ahí en adelante, se llamarían lenguas indoeuropeas.
El más frenético era Schleicher, y tenía razón para estarlo, pues en su investigación descubrió que el idioma moderno que más se parecía al sánscrito era al alemán y desde ese instante se obsesionó de tal manera con el tema que empezó a establecer toda una serie de correlaciones calenturientas, como por ejemplo afirmar que el alemán era el idioma más perfecto del mundo porque conservaba la estructura de la lengua madre y llegó hasta el punto de establecer una escala de valores lingüísticos, en donde el alemán ocupaba el primer lugar, el penúltimo lugar lo ocupaba el chino y el último correspondía a las lenguas indígenas americanas.
Esto despertó una pasión por lo vernáculo y por el pasado, especialmente entre los románticos alemanes, que quisieron reconstruir su historia, la historia de la grandiosa lengua alemana y la gloria de los antiguos germanos. Aparecieron grupos de jóvenes estudiosos como los "Junggrammatiker" Neogramáticos apasionados por la reconstrucción histórica, o los hermanos Grimm, que hicieron una maravillosa recopilación de los cuentos góticos. Esta pasión, indudablemente, contribuyó a que se buscara la unificación de ese pueblo, los "Allemannen"; y que líderes como Bismarck o Hitler trataran de encontrar el ascendiente alemán en el pueblo ario. Recuérdese que el antiguo himno alemán empezaba: "Deutschland über Alles" (Alemania por encima de todas las cosas). De hecho, el idioma alemán se constituyó en un gran factor identificador y unificador.
No es raro, pues, que para la época de Freud se sintiera fuerte la tendencia a utilizar el alemán en vez de las lenguas clásicas para el tecnolecto de las ciencias. Procedimiento bastante sencillo en esta lengua por poseer las mismas cualidades de parasíntesis que tienen el griego y el latín; así, "oxígeno" tiene su equivalente alemán "Sauerstoff" y expresa exactamente lo mismo; "obsesión" (Anankasmus) se puede expresar en alemán como "Zwangneurose" (neurosis de compulsión). En términos lingüísticos, el griego y el latín no se necesitan para llenar vacíos en el idioma alemán; como sí ocurre en nuestras lenguas romances que tienen que recurrir al préstamo lingüístico (neologismo) para suplir sus carencias en la construcción de términos científicos, culturales o técnicos. Sería terrible tener que decirle a alguien, "me puedes prestar tu aparato para hablar de lejos celular..."
Más adelante, Hitler propondría una reforma total de la lengua alemana, eliminando del diccionario todos aquellos términos que no fueran alemanes, "das ist nicht Deutsch", se solía afirmar; como también propuso la construcción de un "Diccionario de los Subhombres" "Wörterbuch der Untermenschen". Hoy en día, todavía se leen en Alemania letreros públicos como "Fernsprecher" en lugar de "Telephon".
Es posible, también, que Freud hubiera querido utilizar el término "Instinkt" para referirse a la tendencia general que cobija por entero a hombres y animales y se hubiera reservado el de "Trieb" para dedicarlo exclusivamente a los humanos (móviles). También es muy probable que el padre del psicoanálisis, en su condición de judío, se hubiera marginado de la fiebre germanizante, tal como lo comprobó posteriormente al condenar el nazismo de Hitler, y hubiera preferido las antiguas lenguas clásicas el griego y el latín para denominar las realidades de sus descubrimientos (eros, thanatos). No lo sé, ni tengo a nadie que me respalde para afirmarlo, pero creo que, por lo menos, he puesto algunos elementos en el plano de la discusión.
Por último, la lengua es la expresión de la cultura y es el patrimonio de toda la humanidad y, por lo tanto, no hay una lengua mejor que otra, aunque algunos desvirolados la han querido utilizar en todos los tiempos como un garrote para golpear y someter a otros con expedientes xenófobos y ultranacionacionalistas.
* El autor del presente trabajo es lingüista, especializado en germanística.
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