Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008

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PSICOSIS - EFECTO DE LA FORCLUSIÓN

por Lic. Sergio C. Zucca

Quiero comenzar estas líneas recordando que el término Psicosis es introducido inauguralmente por el psiquiatra austriaco Ernst Von Feuchtersleben hacia 1845 para reemplazar el de locura, que por extensión designó luego al conjunto de enfermedades mentales. Sólo con posterioridad, se restringe finalmente a las tres grandes formas modernas de la locura: la esquizofrenia, la paranoia y la psicosis maníaco-depresiva. Este vocablo ha sido retomado por Freud como concepto técnico en 1894, primero para designar el intento de reconstrucción por el sujeto de una realidad a la manera alucinatoria o delirante (confusión alucinatoria, paranoia y la psicosis histérica), y más tarde, para ser incorporado a una estructura opositiva tripartita junto con las neurosis y las perversiones. Surgido entonces de una medicina asilar de la alineación preocupada por la cuestión nosográfica, distante de la medicina de consultorio del psicoanálisis (con las neurosis burguesas), pronto se ve enriquecida esta noción por la doctrina del inconsciente y la teoría de la defensa. Así entre 1909 y 1911 se consolida una doctrina freudiana de las psicosis con la paranoia enarbolada como su modelo. En el verano de 1911 Sigmund Freud publica su único estudio de psicosis (1) que escribió como comentario del libro autobiográfico "Memorias de un neurópata" (una dementia paranoides: parafrenia) de D. P. Schreber, al mismo tiempo que Bleuler mostraba su gran obra "Dementia praecox". Empero en una etapa más temprana de sus investigaciones sobre psicopatología, Freud redacta el Manuscrito H (1895), carta a Fliess, donde describe un caso de paranoia, postulada como una neurosis de defensa cuyo mecanismo principal es un "abuso del mecanismo de proyección a los fines de la defensa". Un año más tarde, otro envío epistolar (Manuscrito K) adelanta la publicación de Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa (1896), refiriendo un caso de paranoia crónica, un diagnóstico enmendado casi veinte años después por el de dementia paranoides.

En el punto III (Acerca del mecanismo paranoico) del historial de Schreber, Freud se rectifica y expresa que: "no era correcto decir que la sensación interiormente sofocada es proyectada hacia fuera; más bien inteligimos que lo cancelado (aufheben) adentro retorna desde afuera". Se ve así obligado a admitir que la proyección secundaria a la represión neurótica no es el resorte esencial de la psicosis. Lacan, en tal sentido, dirá que la proyección es un mecanismo típico de la neurosis (Seminario XII).

Será con la segunda tópica y la elaboración de la teoría del narcisismo que la psicosis se opondrá a las neurosis, utilizándose en ésta un mecanismo más radical que la represión (Verdrängung), que ya en 1894 en Las neuropsicosis de defensa, adelanta: "existe un tipo de defensa mucho más enérgica y mucho más eficaz, que consiste en que el yo rechaza (verwirft) la representación intolerable, simultáneamente con su afecto, y se comporta como si la representación no hubiera llegado jamás al yo".

Serán los herederos de Freud quienes resolverán la ambigüedad existente, donde principalmente a través de M. Klein se situará la psicosis en una relación arcaica con la madre, y con J. Lacan la génesis remontará a un fracaso en la función paterna.

De este modo tenemos los tres mecanismos básicos que estructuran la subjetividad entre la aceptación primordial (Bejahung) y el repudio primordial (Ausslossung) de unas significaciones. Frente a la confrontación de la castración habrá represión o desalojo (Verdrängung, Refoulement) en la neurosis, renegación o desmentida (Verleungnung, Déni) en la perversión y rechazo o repudio (Verwerfung, forclusión) en la psicosis. Entonces, repudio del lado del repudio primordial, represión del lado de la aceptación primordial, y a medio camino entre ambas, la desmentida; se generan así las categorías gnoseológicas de certeza, convicción y creencia en cada estructura.

Se debe admitir así un dispositivo fundante (estructurante), prevalente del cuadro y la coexistencia posterior de cualquiera de estos tres mecanismos en todos los sujetos (junto con la serie de defensas yoicas elaboradas por Anna Freud), en avenencia con el apartar (ablehnen), abolir (aufheben) y negar (verneinung).

Para Lacan, en la psicosis el significante Nombre-del-Padre no es integrado en el universo simbólico del sujeto, éste ha sido forcluído dejando un agujero en tal registro. El agujero en el orden simbólico produce un aprisionamiento del sujeto en lo imaginario, un desastre en la significación hasta el aprisionamiento de significante y significado que se estabilizan en la metáfora delirante. Se trata de una dimensión como puro significante, una relación del sujeto con el significante en su aspecto más formal que constituye el núcleo de la psicosis donde "no habita el lenguaje sino que es habitado, poseído por el lenguaje". Dirá entonces Lacan: "el inconsciente en la psicosis está ahí, presente... está ahí, pero la cosa no funciona". (2) Por ello la estructuración psicótica conlleva una cierta disfunción del Complejo de Edipo por una falla en la función paterna que la reduce a la imagen (deflación de lo simbólico a lo imaginario). Por esto no encontramos deseo, sino necesidad, hallamos transferencia imaginaria con proyección masiva, la asociación libre se extenúa, no hay Otro, no hay Sujeto Supuesto Saber, no hay sujeto de discurso ni interlocutor, el discurso es entonces cerrado y, en tales circunstancias, no hay cura sino estabilización. Entendemos que el deseo, en tanto tal, es una aproximación infinitesimal al objeto que satisfaga totalmente, se produce ante un límite, límite que falta en la psicosis por la falla en la inscripción del significante primordial. Sin límite o barradura se espera que todo sea posible, sin Ley tampoco hay trasgresión, es actuación pura. Precisamente, esto es observable en la práctica clínica: Luis, un paciente atendido en el Hospital Borda, demanda a su hermana "favores sexuales" sin signos de culpa alguna (no hay represión): "Le pedí a mi hermana que tengamos sexo, que me haga ese favor", dice; puesto que no hay prohibición del incesto, el interdicto que junto con el tabú al parricidio, hacen posible la cultura, entonces, no hay goce acotado. Tampoco hay diferencia sexual (sexuación), puesto que cualquier variante de goce es posible: "oía que la gente me gritaba transexual, homosexual, bisexual"(como alucinación acústico-verbal), evidenciando la falta de ordenamiento o tope en las significaciones (3). Vemos claramente que el conflicto no se manifiesta intrapsíquico sino entre el yo y el mundo externo, a través de la modalidad paranoica ("lo que fue rechazado de lo simbólico reaparece en lo real"). El apremio que producen las mociones homosexuales y el conflicto devengado se coloca en otras coordenadas deícticas.

Típico de la modalidad paranoica es la constitución delirante, un intento de reinvestir la realidad y por tanto de curación, síntoma o cuarto anillo que enlaza la fragmentación del nudo Borromeo en la psicosis. En tal paciente, se suele ver emerger junto con un discurso saltón, elementos delirantes en donde faltan los topes neuróticos habituales de significación, como cuando relata su intento real de suicidio relatando: "me pasó el subte por encima y no me pasó nada", a ello sumamos la certeza de ser objeto permanente de persecuciones, agravios y vigilancia sin término a sus posibilidades: "sentía que la gente me perseguía", "en el barrio se hablaba de mí todo el tiempo, que yo era raro", "decían que yo era terrorista y que ponía bombas", "me vigilaban porque pensaban que iba a secuestrar un avión", etc. Del mismo modo expresa, un poco incoherentemente, que: "quiero una mujer, una prostituta, pero tengo miedo que me rechace... Estoy viejo para una novia (26 años), y a mi no me molesta pagar". Asimismo enuncia la idea de vender su riñón como medio para ganar dinero rápido, hecho que podemos vincularlo a la vivencia de fragmentación y escasa narcización del cuerpo. Asociado a ello, se es testigo de su megalomanía efecto de la introversión de la libido con colocación yoica, evidenciada claramente en la petición de extender el tiempo de sesión argumentando "necesito más tiempo, no puedo contar mi experiencia en cuarenta y cinco minutos". Vemos en todos estos ejemplos el efecto de la forclusión.

La metáfora paterna atribuye a la función paterna el efecto simbólico de un puro significante que designa, que en un segundo tiempo, es aquello que rige toda la dinámica subjetiva inscribiendo el deseo en el registro de la deuda simbólica (la puesta en regla del sujeto con su deseo). En un primer momento, se realiza la elisión del deseo de la madre extrayendo al sujeto del campo de ésta, en una cierta equivalencia con la normalidad fálica o la represión originaria. En un segundo tiempo lógico el significante Nombre-del-Padre viene a duplicar el lugar del Otro inconsciente completando la castración simbólica, metáfora del propio Complejo de Edipo (sustitución de un significante por otro). Ya desde 1938 Lacan relaciona el origen de la psicosis con la exclusión del padre (simbólico) y la consecuente reducción de la estructura familiar a la relación estragante madre-hijo. La inscripción del significante primordial ordena los significantes, polarizándolos, en torno a una carretera principal (4) enlazada, en el varón, con la identificación paterna y el significante ser padre: "tú eres el que me sigues...". La renuncia a la identificación con el falo imaginario o castración del sujeto (ser el falo de la madre) pavimenta el camino a una relación con el falo simbólico. El falo se describe como el significante del deseo del Otro (del Goce), y en su registro simbólico ordena la sexuación, no es ningún significante ordinario sino la presencia real del deseo en sí; en 1973 Lacan dirá que "es el significante que no tiene significado" (Seminario XX).

Para terminar, quisiera agregar que para J. D. Nasio, la forclusión "es la abolición de un rechazo que habría debido producirse", un accidente en el itinerario, la detención de un proceso. Asevera que la operación forclusiva no recae sobre un elemento o afirmación primordial, sino sobre la supresión de una función (el Nombre-del-Padre no es un ser sino una función con múltiples y locales significantes posibles). Ello implica que hay un cero (S1) en la serie de significantes (S2) que no cesa de no inscribirse, una significación sexual que se resiste (castración), un coto o límite al borde que no se produce y el entramado se desbarata (fenómenos elementales) por un llamado -que no se ocasiona- a ocupar ese último espacio desde un Otro, un movimiento centrífugo desde el Je a otro que es su mensajero (que convoca al Otro, como el lugar del analista).

Con ello mínimamente, he querido dar cuenta del fenómeno forclusivo en la estructuración de la psicosis; digo mínimamente porque extenderse en ello llevaría varios capítulos de escritos.

Bibliografía
Freud, S., Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, 1996.
Lacan, J., Los Seminarios, Buenos Aires, Paidós, 1998.
Lacan, J., Los Seminarios, Inéditos, Buenos Aires, Esc. Freudiana de Bs. As.
Lacan, J., Escritos, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Edit., 1997.
Roudinesco, E., Diccionario de Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós,1998.
Nasio, J. D., La forclusión local: Contribución a la teoría lacaniana de la forclusión, en los Ojos de Laura, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Notas
(1) Freud, S., Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (dementia paranoides) descrito autobiográficamente, 1911.    Volver
(2) Lacan, J., Seminario III, Las psicosis, 1955-56, pág. 208.    Volver
(3) Vemos que tal sexuación esta fallada en Luis quien conserva aspectos infantiles manifiestos, polimorfismo, perversidad, un goce otro que el regulado por la castración. Fuera de la Ley (Principio del Placer), que ordena gozar lo menos posible en la neurosis, el paciente accede a una satisfacción paradojal, intentando transgredir la prohibición edípica del incesto.   Volver
(4) Lacan, J., Seminario III, Las psicosis, 1955-56, pág. 416.    Volver

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