Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008

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LENGUAJE Y ESCRITURA: SUS ORÍGENES
PARTE II: ORIGEN DE LA ESCRITURA

por Lic. Norma Alberro

1 - Definición de escritura
Para nosotros, profanos o especialistas, la escritura es el lenguaje escrito. Pregúntele al hombre de la calle y le dirá lo mismo. Análoga definición ha dado, poéticamente, Voltaire: “La escritura es la pintura de la voz; mientras más se parece mejor es” (Diccionario de filosofía). Para otro autor francés, Brébeuf, la escritura es: “Ese arte ingenioso de pintar la palabra y de hablar a los ojos”. Estos dos autores no hacen más que seguir los pasos de su ilustre predecesor, Aristóteles que en el capítulo de introducción a su Lógica, De la Interpretación, decía: “los sonidos emitidos por la voz son los símbolos de los estados del alma, y las palabras escritas son los símbolos de las palabras emitidas por la voz”.

Por mi lado, estoy de acuerdo con los lingüistas que consideran que la escritura es el procedimiento por el cual los elementos lingüísticos son notados por medio de signos visibles. Por “elementos lingüísticos” entendemos las frases, las palabras, las sílabas, los sonidos aislados y los caracteres prosódicos.

Escribir coincide con el momento en el cual el hombre aprendió a comunicar sus pensamientos o sentimientos con la ayuda de signos visibles y comprensibles, no solamente por él mismo sino por toda otra persona iniciada en el mismo sistema. Al principio las imágenes servían para expresar las ideas en forma visual, de una manera independiente de la lengua que vehicula esas ideas bajo la forma auditiva. En los primeros estadios de la escritura, la relación entre ésta y la lengua hablada era muy vaga, el mensaje escrito no correspondía exactamente a las formas de las palabras.

En una época más tardía, la puesta en práctica de la fonetización permitió al hombre expresar sus ideas bajo una forma que podía corresponder exactamente a las categorías de la lengua. Desde ese momento, la escritura pierde su independencia en la expresión de las ideas y se vuelve un instrumento de la lengua, un vehículo gracias al cual las formas precisas de ésta pueden ser fijadas de una manera permanente. La fonetización del signo escrito es una etapa revolucionaria del hombre. Puede considerarse que la escritura comienza solamente cuando el hombre aprende a expresar con ella, las categorías de naturaleza lingüística.

¿Cómo definimos, entonces, la escritura? En un sentido amplio la escritura se define como la representación del pensamiento y del lenguaje humanos a través de signos. Es un medio de expresión durable y privilegiada de la comunicación entre los hombres. En un sentido estricto, se define como un sistema gráfico visual y espacial de notación del lenguaje fónico o gestual (lenguaje de acción), y destinados a la comunicación.

La escritura es un lenguaje y éste representa la más alta facultad del ser humano, que es la de simbolizar. La simbolización es la capacidad de representar lo real a través de un signo y de comprender el signo como representante de lo real, vale decir establecer una relación de significación entre una cosa y otra.

En los párrafos que siguen voy a tratar de mostrar el proceso por el cual el hombre llega a la escritura tal como la conocemos hoy en día.

2- Los estados previos de la escritura
Los diversos autores que han estudiado la evolución de la escritura coinciden en ubicar el comienzo de la actividad gráfica en el período del arte figurativo. Es alrededor del año 35.000 a. C. que las primeras formas aparecen, limitadas a figuras cuyos trazos convencionales permiten distinguir la silueta de un animal. Desde su origen el arte figurativo está directamente ligado al lenguaje. Es una transposición simbólica de lo real a lo abstracto y no un calco de la realidad. Entre el trazado del dibujo que parece un toro y el toro mismo existe una distancia simbólica establecida por la dimensión abstracta del signo gráfico. Estos dibujos (pictografía) juntos con los palotes tallados sobre los huesos y la madera constituyen las obras de arte más antiguas de toda la historia de la humanidad y es posible percibir en su contenido una convención inseparable de conceptos organizados por el lenguaje.

De la misma manera que el lenguaje hablado surgió de la imitación del sonido, la escritura nació de la imitación de la forma de los seres o cosas reales. En la base de toda escritura está la representación. Esto no se deduce solamente del hecho de que todas las escrituras primitivas actuales son representativas, sino de que todos los grandes sistemas del Oriente, tales como sumerio, egipcio, chino, etc., han sido en su origen verdaderas escrituras figurativas.

La figuración gráfica nace con los primeros desarrollos del homo sapiens, tiene como instrumentos posibles la audición y la visión y el cuerpo en su gesticulación. La figuración se introduce directamente en el sistema de relación social, por los sentidos dominantes (audición y visión) y por la motricidad. Emprende las mismas vías del lenguaje: el cuerpo y la mano (el gesto), el ojo y la oreja. El lenguaje gestual y la figuración reflejan la misma aptitud de extraer de la realidad los elementos que restituyen una imagen simbólica de dicha realidad. El simbolismo de las imágenes visuales de los primeros estadios de la escritura, así como aquellos de los signos gestuales, pueden implicar una significación sin que sea necesario algún revestimiento lingüístico; uno y otro pueden ser estudiados por investigadores no lingüistas. Es solamente después de haberse producido el desarrollo de la escritura como un sistema fonético completo que reproduce los elementos de la lengua, que podemos hablar de una identidad de ésta con la escritura, y de la epigrafía o paleografía como subdivisiones de la lingüística. Si bien el arte figurativo está ligado a la escritura en su origen, cuatro mil años de escritura lineal han hecho separar el arte y la escritura. Retomando lo afirmado en el capítulo Origen del lenguaje acerca de los dos modos de expresión momentáneos y duraderos, es posible deducir que los modos de comunicación duraderos constituyen lo que podemos llamar embriones de la escritura.

En efecto, observamos que se produce un paso adelante en el camino de la escritura cuando el hombre abandona el uso de los objetos como signo. Esto se realiza cuando se da cuenta que un mismo objeto recibía una significación diferente, según su posición. Un ejemplo de dicho progreso lo tenemos en Sumatra, en donde los cazadores dejaban sobre el camino que emprendían para perseguir a la presa una flecha que, según su orientación con respecto a la dirección seguida (paralela, perpendicular) o según su lugar (sobre el piso, colgada de un árbol) podía indicar varias cosas: o bien que no debían continuar esta dirección, o bien que no había una presa, o bien que el lugar no era conveniente para acampar, etc. Es cuando el hombre renuncia al uso de estos objetos y comienza a utilizar los signos tales como nudos, ranuras, incisiones, dibujos, etc., que se realiza un verdadero progreso hacia la escritura.

Es con el signo material, en cuanto heredero del símbolo, que comienza la escritura. El signo es propio del hombre; desde el paleolítico superior el signo ha permitido al humano desarrollar la visión más que el olfato. El ojo le ayuda a “leer ” la realidad que está escrita en los objetos y en los signos materiales, y de esta lectura, en algunos casos, para el hombre primitivo, dependía su supervivencia. Las huellas sobre la nieve dejadas por un animal, le permitió leer estas marcas como un mensaje de peligro, o de salvación, entre otras cosas para comer, puesto que en esta época el hombre vivía de la caza.

La escritura, entonces, surgió de estos signos que los historiadores reparten en tres grandes categorías: los nudos, los signos geométricos y los signos pictográficos. Estos últimos, consistían en representaciones gráficas que se presentaban bajo diversas formas: incisión, ranuras en la madera, grabados sobre piedras, pinturas rupestres, tatuajes y otras marcas.

Usando estas tres clases de signos, el hombre primitivo logró acumular un gran repertorio de signos y símbolos y de este modo estableció un sistema gráfico, es decir, una selección ordenada y calculada de signos, destinados a objetivar y materializar sus estados anímicos y su pensamiento. Cabe destacar que, en esta forma primitiva de escritura, la relación entre los signos y las cosas significadas es natural, no hay distinción entre lo que se ve y lo que se lee, entre lo observado y lo relatado, la mirada y el lenguaje se entrecruzan. Esta escritura es un tejido ininterrumpido de marcas, relatos, caracteres y formas. El hombre primitivo leía su propia historia en las marcas y en los dibujos que él realizaba viendo y leyendo la naturaleza. El lenguaje consistía en escribir todo lo que había sido “visto y oído ”.

Los nudos se usaron en Perú, antes de la llegada de los españoles. Estos servían para los registros de contabilidad y cronológicos. Estos nudos pertenecen, en todas las civilizaciones que se sirvieron de ellos, a los primeros estadios de la escritura. Tiene un lugar muy importante en las escrituras maya y azteca. Se trata de cuatro cuerdas correspondientes a la unidad, la decena, la centena y las unidades de mil; con ellas se podía sumar, restar y guardar un número cualquiera para hacer cuentas de los días trabajados, las deudas, etc.

Los signos geométricos son las representaciones gráficas propiamente dichas, de donde surgió la escritura. Se presentan bajo las formas más diversas: grabados sobre piedras, incisiones sobre la madera, marcas, etc. destinadas a guardar un recuerdo, es decir preservar la memoria de un acontecimiento, al igual que los nudos, y utilizarlo más tarde si fuera necesario, por ejemplo, las marcas de los días trabajados o de las cosechas, y para llevar la contabilidad de los animales. También cumplían otros objetivos: magia, adivinación, encantamiento. Los dibujos geométricos se confunden fácilmente con las representaciones de objetos reales. Estos últimos han dado nacimiento a las grandes escrituras ideográficas (sumeria, egipcia, china). Un ejemplo de esta escritura de signos, lo constituye el “bastón del mensajero”, de uso mnemotécnico, en donde se graban acontecimientos y verdaderos mensajes con el fin de su transmisión. Tiene por objetivo conservar los hechos en la memoria y comunicarlos a los otros.

Los hombres primitivos han hecho un gran uso de lo que se llama “marcas de pertenencia” para indicar que tales animales pertenecen a una tribu o a un particular, o bien para indicar a qué familia o clan pertenecen. Estas marcas se encuentran en todas las civilizaciones y, aún hoy, el hombre que posee animales los marca con un signo que reconoce al propietario. Pero no solamente en el campo, sino también en las ciudades, algunos grupos humanos colocan una marca o insignia de la familia delante de las puertas de sus casas, así como en los utensilios de cocina y en las vestimentas.

Estos medios de expresión, paralelos al lenguaje articulado, son embriones de escritura, es decir, preparan el advenimiento de la escritura, tal como la conocemos hoy en día, a través de la elaboración de una serie de símbolos que más tarde la escritura va a utilizar.

3- Evolución de la escritura
El texto maestro para este apartado va a ser L’histoire de l’écriture de J. Février. Según este autor es posible distinguir varias etapas en el desarrollo de la misma, que van desde la representación de la imagen que vehicula una significación, hasta la fase final de la fonetización. En su estado embrionario, la escritura surge como un sistema autónomo que consistía en dibujar las imágenes de las cosas. Las verdaderas escrituras han comenzado alrededor de 35.000 años antes de nuestra era y consistían en marcas, ranuras sobre las superficies de los huesos, sin figuración. Hacia el año 20.000 antes de nuestra era, la figuración gráfica es ya corriente y evoluciona rápidamente hasta alcanzar en el año 15.000 un control técnico de grabados y pinturas casi parecidas a la época moderna. La escritura comenzó por ser espacial y no lineal, las marcas mantienen entre sí relaciones de tipo topográficas. La emisión de la voz, en cambio, es lineal y la escritura alfabética lineal transcribe la sonoridad del lenguaje.

En esta etapa, las formas dibujadas —al igual que en la comunicación por gestos— pueden expresar directamente una significación sin recurrir a formas lingüísticas. Gestos y formas dibujadas sobre soportes sólidos y durables fueron los procedimientos más primitivos de comunicar los sentimientos y los pensamientos. Ahora bien, estas marcas, son realizadas con el fin de conservar un recuerdo, como ayuda memoria, en tal sentido era una manera de identificar el objeto o la persona dibujada.

En este contexto se establecía una correspondencia entre la imagen y el objeto real que al comienzo era individual y figurativa; luego, y a los fines de la comunicación, este símbolo visual se vuelve convencional, entre otros símbolos y entre los objetos y seres reales. Como esos objetos y seres tienen nombres en la lengua hablada, la correspondencia comenzó a hacerse entre los símbolos escritos y su contrapartida en la lengua. Una vez que se descubre que las palabras podían ser significadas por las marcas, por los trazos simbólicos, un método superior para la intercomunicación humana fue adquirido. De esta manera, no era necesario significar una frase tal como “un hombre ha matado a un león” por medio de la representación de un hombre con un machete en la mano matando a un león, sino que las tres palabras podían ser escritas por medio de tres signos convencionales representando cada uno, el hombre, el machete y el león. Se desemboca entonces en una segunda etapa de la evolución de la escritura, en donde ésta tiende a coincidir con el lenguaje sonoro, aunque sólo de una manera aproximada. En este sentido, un signo gráfico o un conjunto de signos sugiere una frase, pero ésta no se escribe, sólo está sugerida; en este período a los esbozos de escritura se le llama “escritura de ideas”.

Un procedimiento tal como éste, en donde un signo particular puede expresar una palabra, conduce naturalmente a un sistema completo de signos de palabras, logogramas o ideogramas como lo llaman algunos autores. Este hallazgo implica un nuevo progreso que marca la tercera etapa de su evolución, en este momento el signo no evoca una frase sino que designa una palabra, cada signo corresponde a una palabra. Se constituye así, un stock de signos que tiene un valor constante. El texto de la frase se compone de sus elementos constitutivos: las palabras. La escritura deviene “escritura de palabras o logogramas”.

Por último, una nueva simplificación se opera en el dominio de lo escrito cuando se comienza a designar el sonido de cada una de las letras que constituyen las palabras; aquí la escritura sirve para registrar sonidos, se la llama “fonética”. La escritura ideográfica primitiva se vuelve un sistema completo cuando logra ligar un signo a un valor fonético independiente de la significación que ese signo tiene como palabra. La fonetización es la etapa más revolucionaria en la historia de la escritura. En el uso moderno este procedimiento se llama acertijo, como se puede constatar en el caso de dibujar un sol y un dado para nombrar la palabra soldado que se pronuncia igual, pero que escapa al significado de cada una de esas palabras dibujadas.

El principio de fonetización
Surgió de una necesidad, en efecto es posible constatar que en todos los sistemas de escritura desde la maya y azteca hasta los sistemas más elaborados como el cuneiforme y el egipcio, el signo fonético se desarrolla ante la necesidad de representar el nombre propio. La escritura maya y azteca utilizan el signo fonético solamente para expresar el nombre. La fonetización no surgió de la necesidad de significar los elementos gramaticales. Esto se puede deducir del hecho que aún después del desarrollo completo de la fonetización, la escritura siguió, durante largo tiempo, sin marcar los elementos gramaticales de una manera conveniente. Es interesante desatacar que el desciframiento de las diferentes escrituras comienza por el nombre propio.

La fonetización surge entonces de la necesidad de significar palabras y sonidos que no podían ser representados en forma adecuada por figuras o combinaciones de ésta. Este procedimiento desemboca en un proceso de transferencia fonética completa. El sistema jeroglífico desarrolla plenamente este principio de transferencia de sonido. En el capítulo consagrado a este tema será desarrollado en profundidad.

Con la fonetización y su sistematización ulterior, aparecieron sistemas completos, es decir capaces de expresar cualquier forma lingüística por medio de símbolos dotados de un valor silábico convencional. De esta manera nació la verdadera escritura.

En síntesis, en esta breve exposición de la evolución de la escritura, vemos cómo ésta pasa de ser un medio de expresión autónomo a un simple sustituto de la palabra.

La invención de la escritura es una auténtica innovación revolucionaria. Pasar de la tradición oral a la tradición escrita, no es solamente cambiar el modo de la comunicación entre los hombres, sino que implica transformar fundamentalmente la calidad de los mensajes, la manera de verlos y de recibirlos, la manera de pensar. Es suficiente comparar nuestra escritura actual con el lenguaje de gestos, de acción con los objetos como signos, para darse cuenta de la importancia que tiene la invención de la escritura.

Todo mensaje escrito se vuelve independiente de aquel que lo realiza, que lo emite. No pasa lo mismo con los lenguajes primitivos (lenguaje de acción, de gestos etc.). El que lee el mensaje escrito lo posee, lo tiene a su disposición no sólo el tiempo de escucharlo, sino todo el tiempo que quiera, puede leerlo, releerlo, meditar y reflexionar sobre ello a su gusto. En efecto, este mensaje está fijado, lo que le confiere, aparte de la duración, una densidad considerable. También le otorga más claridad; sus elementos, las palabras, son claramente separadas, su orden y sus relaciones mutuas permutables, se prestan a combinaciones nuevas, hallazgos puramente mentales, imaginarios, que no tiene necesidad de investigaciones materiales, sino solo la reflexión.

Las palabras han tomado el lugar de las cosas. Son también más manejables y más universales, despojadas de la individualidad y de la materialidad. Un nuevo tipo de actividad intelectual puede desarrollarse alrededor de los signos escritos, fundada sobre el análisis, la abstracción, el razonamiento, la deducción. Por otro lado las experiencias y los progresos acumulados por la reflexión son volcados por escrito, es decir fijados, puestos a disposición de todos, transmitidos lejos. La tradición por un lado, y el saber por el otro, pueden así al mismo tiempo propagarse y progresar mucho más rápido y más seguro.

Esta revolución no se completó en un día, y en sus primeros tiempos, eran los expertos escribas los únicos que podían gozar de sus ventajas. El manejo de estos signos, casi todos polivalentes necesitaba para su conocimiento acabado, varios años de aprendizaje. Escribir y leer, en esos tiempos de la humanidad, era una verdadera profesión.

4 - Nacimiento de la escritura
Introducción histórica: Egipto y Mesopotamia
Los más antiguos testimonios escritos que nos han llegado provienen del Medio Oriente. Dos países, dos civilizaciones diferentes: Mesopotamia y Egipto han inventado la escritura casi simultáneamente hace más de 5.000 años El primero en el año 3.200 y el segundo en 3.100 a. C.

La escritura no puede ser disociada del conjunto de las creaciones humanas que caracterizan la civilización, concebida ésta como la organización superior de la sociedad que componen las comunidades urbanas. La amplitud y la complejidad de tales comunidades han podido sostener la intensidad y el enriquecimiento intelectual que implica la invención de la escritura. Esta se diferencia de las pre-escrituras en la intención que marca su objetivo, esto es fijar la palabra y no solamente el pensamiento. La diferencia fundamental entre estos dos grandes períodos es la creación del signo fonético.

Es cuando el hombre logra fijar el sonido de la idea que quiere expresar, que los embriones de escritura se vuelven escritura propiamente dicha organizada según los matices del discurso, instrumentando las normas de cada lengua. El advenimiento de la escritura le permite al hombre “leer” los signos de los períodos previos como algo escrito. Estos signos pictográficos se vuelven escritura, a-posteriori, es decir cuando el hombre posee el instrumento: el signo fonético, para leerlo como escritura. Los historiadores constatan que este proceso de larga y lenta elaboración, apareció solamente en las dos civilizaciones más antiguas dignas de ese nombre: Sumeria y Egipto.

La zona geográfica limitada por las estepas atravesadas por el Tigris y el reborde montañoso de Irán constituye la cuna de la civilización. La invención de la escritura se produce en la parte inferior de Irak: entre Bagdad y el golfo Pérsico. En esta región, la ciudad de Sumer representa la más antigua civilización seguida por Egipto. Es en Sumer, en la Baja Mesopotamia, que la civilización surge alrededor de 100 años antes que en Egipto.

Desde el final del X milenario (neolítico) a.C. cazadores llamados Natufian, expandidos por Palestina y el Eufrates y sus colegas de las colinas del Kurdistán, comienzan a participar activamente en el proceso de producción de su propia subsistencia, abandonando las actividades de simple predadores como sus ancestros paleolíticos. Progresivamente, en zonas muy humedecidas por las lluvias el hombre aprende a seleccionar la buena hierba de la mala, que eran las gramillas salvajes. Más tarde, comienza a cerrar parcelas de terreno para cazar animales con más facilidad (cabras y ovejas) y luego domesticarlos. En el VIII milenario (neolítico) en las grandes poblaciones, tales como Jericó, al norte del Mar Muerto y Gand Dareh en Irán occidental, los agricultores se han vuelto sedentarios y comienzan a descubrir la posibilidad de endurecer la arcilla, cocinándola (barro cocido), continuando siempre con la producción de herramientas fabricadas con los huesos y el sílex.

En el curso de los últimos siglos del VII milenario, los pobladores se agrupaban en aglomeraciones más importantes de apariencia urbanas, una de ellas es la Anatolia meridional, y comenzaron a crear un arte notable. Se trata de los sellos que permitían imprimir y repetir a voluntad determinados “signos” o marcas grabados en relieve. Pero esta forma de imprenta elemental, aunque se desarrolla bastante, no desemboca directamente sobre la escritura.

Hacia el año 4.000 a. C. Egipto, hasta ese momento bastante aislado entra en el desarrollo agrícola. Mientras tanto Sumer crece y progresa y se fundan dos ciudades: Uruk en Sumer y Susa al pie de la montaña Zardeh-Koh (Irán occidental). En estas ciudades se organizan los primeros Estados, dignos de ese nombre. Los sumerios fueron los verdaderos fundadores de la civilización mesopotámica, —no hay más que recordar la riqueza de esa gran civilización que fue Babilonia—, en lo que respecta al cultivo de la tierra y a la organización social y política. Crearon un sistema admirable de regadío y supieron cultivar las especies vegetales, domesticar los animales, trabajar los metales y las piedras más duras. En este momento se produce una ruptura con la tradición prehistórica simbolizada por la fabricación de vasos en tierra cocida y pintada, y por otro lado se pone de manifiesto la necesidad de elaborar una contabilidad, imprescindible para la organización y gestión de una riqueza considerable.

Esta contabilidad conduce a la creación de un sistema de escritura aunque aún elemental, parcialmente pictográfica, ampliamente abstracta que fue el sistema cuneiforme adoptado por la mayor parte de los pueblos del Antiguo Oriente. Esta escritura nació en Sumer hacia el 3.200 a. C. y fue progresando paulatinamente hasta adquirir un carácter abstracto. Escritura y contabilidad surgieron juntas.

En Egipto entre tanto, la escritura jeroglífica se inventa de un solo golpe hacia el año 3.100 a. C. En efecto, todos los historiadores coinciden en un hecho: los jeroglíficos fueron creados como un sistema mixto, complejo y completo que servía para escribir las palabras y los sonidos, todo esto de un solo golpe, sin prehistoria ni tentativas preliminares. En el capítulo consagrado a la historia de la escritura jeroglífica, se encontrarán más detalles acerca del advenimiento de la misma.

A lo largo del III milenario, Egipto y Sumer se desarrollan paralelamente. La escritura nace, en un principio, como ayuda-memoria y permanece así durante mucho tiempo. Sirve para conservar la memoria de las operaciones comerciales que realizaban sus pobladores, es decir, para registrar la contabilidad de los procesos de producción agrícola. Los que crearon esta escritura, ya habían desarrollado, desde muchos siglos antes, un repertorio de signos y símbolos para expresar y fijar los movimientos de su vida interior: pensamientos y sentimientos, a través de las producciones de sus artes plásticas: cerámicas, pinturas y esculturas, sobre paredes y huesos. Es por este camino que llegaron a establecer un sistema gráfico. Los hombres que se comunicaban a través de los sonidos sintieron la necesidad de imaginar nuevos signos que perpetuaran sus mensajes y, de esta manera, hacerlo conocer a las personas ausentes. Su imaginación les representa las mismas imágenes que ellos habían experimentado a través de las acciones y de las palabras que, desde el comienzo, habían permitido sostener un lenguaje figurado y metafórico.

El medio más natural, entonces, fue el de dibujar las imágenes de las cosas. Así, por ejemplo, para expresar la idea de un hombre o de un caballo, se representaba la forma de uno y del otro. De esta manera el primer intento de una escritura fue el dibujo. Se puede afirmar, sin ser demasiado excesivo, que todo dibujo contiene una escritura, puesto que fija los pensamientos, las ideas y las transmite. Sin embargo, la escritura se distingue del dibujo en la posición que toman los elementos notados. En la escritura, esta posición no tiene otro sentido que el de indicar una sucesión que corresponde a la misma de las ideas expresadas, sin tener ningún cuidado por dar una imagen de conjunto. El dibujo se transforma en escritura cuando evoca una sucesión de ideas precisas.

5 - Breve recorrido por las escrituras
Con el fin de hacer un breve recorrido por los diferentes sistemas de escrituras, siguiendo las vías de su evolución, he decidido dividirlas en dos partes. La primera nos va a hacer recorrer las escrituras que tenían por objetivo dibujar el mundo de los objetos, es decir, aquellos sistemas predominantemente pictográficos, que consisten en representar los objetos concretos a través de dibujos. Esta forma de escritura se llama ideográfica. A este grupo pertenecen las escrituras: sumeria, egipcia, maya, azteca, china y africana.

La segunda comprende las escrituras que dibujan la palabra, son sistemas alfabéticos y silábicos. En este grupo se ubican las escrituras fenicia, aramea, hebraica, árabe, griega, latina e india. Me limitaré a comentar solo algunas escrituras representativas de estas dos grandes clases: los sistemas ideográficos, y los sistemas alfabéticos.

Ambos sistemas de escritura tienen un objetivo definido, y es el de constituir un sistema mnemotécnico. En efecto, es para guardar la memoria de los actos y pensamientos que el hombre comenzó a escribir. Ahora bien, el camino que recorre la evolución de las escrituras nos lleva a aceptar que el hombre no llegó en forma inmediata a hacer coincidir la imagen y la palabra. Una operación como esta implica que la palabra sea concebida claramente por el sujeto como el soporte de una idea distinta. Para el hombre primitivo, la imagen se le imponía como lo real de su mundo, como pura presencia de los objetos siempre allí. Es más tarde y progresivamente que la imagen va a corresponder a una idea y, en este sentido, la palabra va a permitir nombrar la cosa en ausencia del objeto concreto. Es en este momento que la escritura se vuelve instrumento del lenguaje articulado. Pero antes de llegar a este punto, el hombre recorrió un extenso camino, que trataré de resumir en las páginas que siguen.

Dibujar el mundo: Sistema ideográfico
La Mesopotamia representa la cuna de la escritura. Los signos más antiguos han sido encontrados en Uruk (actualmente Warka, en Irak) antigua capital de Sumer, alrededor del año 3.200 a. C. y se desarrolló hasta el año 75 d. C. Se llama escritura sumeria-acadeana debido a que en esta zona vivían los sumerios y los acadeos; estos últimos eran pueblos semitas (ancestros de los árabes y de los hebreos) también conocidos como asirios y babilonios. La aparición de la escritura se debe a dos hechos relevantes: por un lado, la invención de la rueda y la técnica del cobre, y por otro, la existencia de un gran repertorio de signos y símbolos surgidos de su desarrollado arte figurativo. La escritura nace de la necesidad que experimentan estos pueblos organizados en sectores —comerciantes, artesanos, administradores, mercaderes— de conservar la huella, el recuerdo, de sus intercambios comerciales. Nace, entonces, como ayuda-memoria.

La escritura sumeria se llama “cuneiforme” (forma de cuña). Este término deriva del aspecto exterior que presenta esta escritura. Está formada por una combinación de signos en forma de clavos triangulares, alineados de manera regular con un sentido estético evidente, sobre tablas de arcilla. Este aspecto proviene del instrumento del que el escriba se servía para trazar estos signos, se trata de una caña biselada con la que realizaba pequeños golpes rápidos sobre la arcilla fresca. Las marcas que esta caña producía tenían la forma de cuña. Luego se llevaban estas tablas así marcadas y aún húmedas al horno para secarlas lo que le daba, a esta escritura, un carácter de indestructibilidad.

La escritura cuneiforme evoluciona desde el dibujo del objeto: “signo-imagen” (ideograma) al “signo-sonido” (fonograma). En su origen, esta escritura comienza por reproducir el dibujo de las cosas. En este estadio primitivo cada signo vale como ideograma, es decir tiene el valor del objeto representado o indicado por el dibujo, sin ninguna posibilidad de un empleo fonético. Contrariamente a la escritura china y egipcia, la sumeria no utiliza la reproducción de los gestos y se priva, de esta manera, de un modo de expresión de las ideas abstractas.

Al principio esta escritura parece estar orientada exclusivamente a satisfacer necesidades muy simples (indicaciones numéricas, textos de carácter comercial, etc.) para las cuales era suficiente un instrumento rudimentario. Para registrar sus operaciones contables los sumerios utilizaban un sistema de piedras modeladas con arcilla (calculi)(1) de forma y tamaños diferentes según el valor que se le atribuía. Estas piedras eran introducidas en una esfera de tierra confeccionada previamente alrededor del dedo pulgar, sobre la abertura se colocaba un sello cilíndrico con el nombre del propietario. Así, por ejemplo, una pelota de tierra contiene un determinado número de piedras que corresponden a la misma cantidad de animales confiados a un pastor. Es suficiente con romper la cobertura para verificar que no falta ningún animal.

Al mismo tiempo que aparece esta escritura, se crean los cilindros grabados, pero estas representaciones y los signos que figuraban sobre los cilindros no tuvieron ninguna influencia sobre el desarrollo de la escritura. La diferencia entre ambas reside en el objetivo por el cual han sido creados. Los sellos son marcas de propiedad para identificar a su poseedor, en cambio la escritura se realiza para los fines de la comunicación. El sello representa escenas derivadas de los dominios de la religión o de la magia, la escritura emplea signos, es decir figuras y símbolos, con el objeto de comunicar el mensaje de quien escribe.

La evolución de esta escritura se realiza sobre dos planos: por un lado, el aspecto material del signo y su disposición, y por otro lado su valor en el sistema. En la primera época, los signos primitivos eran fácilmente identificables: son partes del cuerpo humano o animal, objetos, plantas, instrumentos, etc. Este material del signo no tarda mucho en modificarse profundamente, hasta hacerse irreconocible, y esto por dos razones. En primer lugar, el escriba quiere escribir más rápido, y se da cuenta que sobre la arcilla fresca es más fácil imprimir marcas que trazar líneas, sobre todo si éstas son curvas. Sirviéndose de un solo instrumento: la caña biselada, imprime marcas, cuñas, en forma de clavos. Por este camino la escritura se vuelve “cuneiforme”, es decir en forma de cuña y, al mismo tiempo, la imagen pierde toda relación con los objetos reales, puesto que el esquema formado por los signos en forma de clavos o cuñas no evoca nada conocido. El otro motivo que contribuye al cambio de esta escritura es la inclinación de los caracteres en 90º sobre la izquierda, de manera que los objetos verticales (plantas) son representados acostados, y los objetos horizontales (un pescado) son representados parados. De estos dos motivos resulta que el dibujo primitivo se vuelve irreconocible.

En cuanto al valor fonético de este sistema, en un principio era bastante simple y rudimentario. Se conocen pocos signos consonánticos, las palabras eran homofónicas, es decir se pronunciaban de la misma manera, aunque tenían significados diferentes.

Se observa también un progreso al nivel de su utilización: de ayuda-memoria pasa a servir para el registro de contratos, documentos económicos, administrativos, religiosos e inclusive textos literarios, tal como la famosa epopeya de Gilgamesh. Hacia la mitad del tercer milenario, la grafía se simplifica, los signos son utilizados por su sonido y la gramática se organiza. El sistema cuneiforme se enriquece y se complica al adaptarse a otras lenguas, específicamente, la lengua acadea. El dominio de estos pueblos sobre la Mesopotamia, impuso paulatinamente el uso de la lengua acadea, escrita y hablada, relegando el lenguaje cuneiforme al lugar de una lengua compleja, accesible sólo a los sabios. El lenguaje acadeano evoluciona en dos dialectos: asirio en el Norte y babilónico en el Sur. Este último, con el apogeo de Babilonia en el siglo XVIII antes de nuestra era, se transforma en la lengua diplomática de todo el Medio Oriente. Un ejemplo de este hecho lo constituye la redacción del código de leyes de Hammurabi escrito hacia el año 1760 a. C.

A partir del final del segundo milenario, el sistema cuneiforme en manos de escribas cada vez más sabios, se vuelve complicado e incomprensible. Entre tanto aparecen, traídas por diversas corrientes de pueblos nómades, diferentes maneras de escribir. Entre estos pueblos podemos citar los arameos, de lengua semita, que introdujeron su escritura alfabética lineal trazada sobre un soporte práctico y liviano: el papiro. El campo de influencia del sistema cuneiforme, se restringe cada vez más hasta quedar reducido a los monumentos y templos para desaparecer completamente en el primer siglo d. C.

El desciframiento de esta escritura antigua fue comenzado en 1803 por el alemán Georg Friedrich Grotefend y terminado en 1853 por el inglés por H. C. Rawlinson. El descubrimiento de estos pueblos, de quienes la Biblia relata sus vicisitudes, ha comenzado en el siglo XIX con el desciframiento de numerosas tablas de arcilla, encontradas en la región. Es gracias a este trabajo que la historia de los Asirios, los Babilonios y los Sumerios ha surgido de la oscuridad en que la dejaron los sabios escribas con el fin de ocultar su historia a los pueblos invasores, es decir a los Arameos y a los Griegos. Es por esta razón que los escribas persas volvían cada vez más compleja y enigmática su escritura.

Dado que me voy a ocupar de analizar la escritura egipcia de manera más detallada y, por lo tanto, le consagraré un capítulo aparte, continuaré este breve recorrido con el comentario de la escritura de los mayas y aztecas.

La historia de América Central está constituida de una sucesión de civilizaciones prestigiosas que, si bien presentan cada una diferentes características, comparten todas un patrimonio común: economía fundada sobre el cultivo del maíz, grandes centros urbanos, lujosos lugares de culto a sus dioses, esculturas y pinturas murales que testimonian de un arte refinado, estructuras sociales complejas y jerarquizadas, religiones panteístas dotadas de una cosmología muy elaborada y de un sistema clerical investido de amplios poderes, estudios profundos sobre los astros e invención de un calendario original, y finalmente, la utilización de sistemas de escritura pictográfica e ideográfica.

La primera gran civilización, llamada “Olmeca” remonta al segundo milenario antes de nuestra era y deposita los fundamentos de una cultura que se perpetuará hasta la invasión de los españoles. Las primeras trazas de escritura están asociadas a cálculos cronológicos, parecería que en América se comenzó a escribir como consecuencia de la necesidad de fijar el tiempo. Algunos siglos más tarde los mayas siguieron desarrollando sistemas de calendarios y de escrituras sumamente complejas. Su brillante civilización, (cuyo máximo desarrollo se sitúa entre el III y IX siglo d. C.) ha dejado una herencia arquitectónica y artística extraordinaria. Monumentos, estelas, objetos mobiliarios están recubiertos de inscripciones “glíficas” que constituyen los únicos vestigios de escritura de esta época. Todos los manuscritos fueron quemados por los españoles.

La escritura maya no corresponde a ningún sistema conocido, los caracteres fueron llamados “glifos” por los primeros hombres que descifraron esta escritura. Los investigadores modernos sostienen la hipótesis que se trata de un sistema mixto compuesto de pictogramas, signos logo-silábicos, de jeroglíficos que reproducían los objetos y de muy pocos elementos fonéticos y semánticos. Pero, en realidad no existen desciframientos irrefutables para esta escritura. Estos caracteres o glifos tienen diversas formas: cuadrados o rectangulares con ángulos redondeados, están ordenados en forma de columna o de líneas de escritura. En algunos casos se puede encontrar grupos de glifos encuadrados por una línea de forma oval, que recuerdan a los “cartuchos” egipcios. Por otro lado, los mayas confeccionaban una suerte de papel, con las hojas de la planta del maíz cubierta de un barniz blanco, sobre el cual pintaban figuras y caracteres de escritura. La hoja era plegada varias veces sobre sí misma, a la manera de un abanico. Algunos de esos manuscritos han llegado hasta nosotros, son los llamados “Códice” (Xolotl, Peresianus, etc.). También han quedado milagrosamente salvados de la sanguinaria masacre ejecutada por los españoles, pinturas sobre vasos cuyas escenas están acompañadas por leyendas y glifos. En síntesis, la escritura maya es un sistema ideográfico con características similares a los sistemas de los egipcios, sumerios y chinos.

La civilización maya no nos ha librado todos sus secretos, tanto de su escritura como de su nacimiento y extinción. Las estructuras de esta brillante sociedad se disuelven en el siglo IX; según la opinión de algunos historiadores, a causa de luchas internas. Sin embargo, los mayas han sobrevivido en algunas regiones de Guatemala y de Yucatán, en donde actualmente, sus pobladores continúan hablando la lengua de sus ilustres ancestros.

En el año 856, un pueblo guerrero proveniente del Norte, los Toltecas, fundan la ciudad de Tula, al norte de México. Estos nuevos pobladores pertenecen a la familia “Náhuatl ”, cuyos más brillantes representantes son los “Aztecas” que van a dominar el porvenir de México. Impregnada de una ideología guerrera, la civilización tolteca construye un poderoso imperio cuyo jefe-sacerdote Quetzalcoatl (serpiente emplumada), marcará tan fuertemente las civilizaciones futuras, que fue divinizado por los aztecas. Luego de un golpe de Estado, en 950, se exila en Yucatán. En 1325, los aztecas fundan Tenochtitlan (México) y extienden su hegemonía sobre la mayor parte del territorio mexicano.

Para el estudio de la escritura azteca no se dispone de inscripciones monumentales, como las que abundan en el imperio maya, sino solamente de manuscritos. Estos se construyeron de manera similar a las de los mayas, aunque también existen pergaminos de cuero de ciervo con inscripciones. Los manuscritos están agrupados en forma de “códice ”. La escritura azteca se ubica a mitad de camino entre la simple figuración pictográfica, el ideograma y el símbolo fonético. Está compuesta de tres elementos: personajes fácilmente identificables, composiciones simbólicas (los glifos) y signos arbitrarios cuyo rol es ligar los glifos con los personajes. Estos elementos pueden adaptarse a diferentes contextos, lo que otorga al sistema una gran flexibilidad. Los signos de esta escritura tienen, en general, un valor puramente ideográfico.

Pasaré seguidamente a hacer una breve historia de la escritura china. Una tenaz tradición hace remontar la invención de esta escritura a una época muy antigua: principios del tercer milenario antes de nuestra era. Un emperador chino llamado Fou Hi por algunos historiadores, Houang Ti para otros y, aún, Ta Yu habría sido su inventor. Sin embargo los documentos más antiguos que se poseen actualmente, datan del final del segundo milenario (siglo XIV a. C.). Aunque es probable que haya sido creada en la fecha que aseguran las leyendas y las tradiciones. Pero, el mundo chino había conocido y conservado otros medios de expresión, diferentes a la escritura propiamente dicha, para anotar cifras, conservar la memoria de los hechos, o para fijar una idea.

Las cuerdas con nudos que sirven para hacer cálculos de contabilidad, han sido usadas por esta civilización. Este sistema pertenece a los estadios más primitivos de la escritura. Fueron usados, también, por los mayas y los aztecas, sobre todos los indios que habitaban en Perú. El bastón de marcas con entalladuras, es otro elemento utilizado por los chinos. Como dije al principio, los chinos han hecho un amplio uso del lenguaje gestual, que ha influido sobre la escritura. Las trazas más antiguas han sido descubiertas sobre huesos y sobre el caparazón de las tortugas; dichas inscripciones se referían a ciertos oráculos y procedimientos de adivinación.

En la evolución de la escritura china, se pueden diferenciar tres etapas: 1°- la dinastía de Yin bajo la cual se ubican los más antiguos documentos descubiertos hasta el momento (XII y XI a. C.), 2°- la dinastía de Ts’in (III siglo a. C.) que opera la unificación política y cultural del imperio chino y 3°- el final de la dinastía de Han (principios del siglo III d. C.) período en el cual aparece el k’ai chou, forma moderna de la escritura china.

Las diferentes formas de esta escritura pueden repartirse cronológicamente como sigue: 1°- kia-wen corresponde a las inscripciones sobre los caparazones de las tortugas, son esencialmente pictográficas, pertenecientes a la primera dinastía. 2°- kin-wen, inscripciones sobre vasos rituales hechos en bronce, los pictogramas están en curso de evolución hacia la estilización. Estas dos formas de escritura son consideradas arcaicas. 3°- xiaoz-huan, es una escritura de sellos, resultado de la codificación metódica de grafías anteriores, establecidas en el año 200 a. C. 4°- lishu, la escritura de los escribas nacida del empleo del pincel sobre un soporte de seda o de caña de bambú, los trazos son efectuados según un orden y un sentido convenido. Es el ancestro de las formas modernas de la escritura, en donde los caracteres son analizados en ocho trazos fundamentales. 5°- kaishu, es la escritura llamada “oficial” con la que se confeccionan los documentos y contratos oficiales, servirá de modelo para los caracteres de imprenta. 6°- xingshu, escritura cursiva, es utilizada para las notas y cartas personales. Los caracteres son trazados de un solo gesto, sin levantar el pincel entre los trazos.

Los caracteres chinos están siempre dispuestos en líneas verticales, yendo de arriba para abajo; cada línea se continúa de derecha a izquierda, de manera que en un texto chino, la primera palabra se encuentra arriba y a la derecha y la última abajo y a la izquierda.

Los especialistas en el estudio de esta escritura, consideran que existen seis principios que han precedido a la formación de los caracteres chinos. Estos seis principios son:

1. Morfograma, la representación figurativa de un objeto.
2. Dactilograma, es la indicación de una acción.
3. Adicional lógico, sirve para combinar las ideas.
4. Morfofonograma, es la combinación de un elemento que indica el sentido con otro que indica la pronunciación.
5. Tchouan tchou, indica el cambio de sentido de un carácter ya existente.
6. Kia tsie, la imitación de otro carácter.

Los tres primeros son caracteres simples que consisten en imágenes o pictogramas representando seres animados u objetos, o bien símbolos de nociones concretas o abstractas. Los tres últimos son caracteres formados por varios elementos que asocian dos caracteres existentes para crear uno nuevo, expresando de esta manera, una noción abstracta. Por ejemplo, la combinación de pictogramas simples como el sol y el árbol, permitirá expresar las nociones de luz u oscuridad, según la posición respectiva de cada elemento.

La evolución de esta escritura muestra el pasaje de la simple imagen a las marcas abreviadas que han sido multiplicadas de manera prodigiosa. Cada idea posee su marca diferente en esta escritura.

Fundamentalmente, la escritura china no tiene por objetivo notar los sonidos del lenguaje, sino transcribir nociones concretas y abstractas usando los signos o caracteres. Cada carácter se pronuncia de diferentes maneras, lo que permite varias lecturas. Así, en Pekín, se lee de una manera y en Hong-Kong de otra. No hablan la misma lengua, pero tienen la misma escritura, poseen una escritura común y es en este plano que se pueden entender. En todas las provincias de China se escribe de la misma manera, puesto que esta escritura sirve para designar las cosas y no las palabras, lo que le otorga uniformidad a estos caracteres. De allí que los Japoneses y los Chinos, que hablan lenguas diferentes se entienden sobre el plano de lo escrito.

Estas escrituras ideográficas (o pictogramas) son ilegibles, porque los signos dibujan un objeto, una silueta evocando la percepción inmediata de un objeto: el perfil de una montaña, para escribir “montaña”, los granos de cereal para escribir “granos” etc. Sin embargo, se trata de una escritura, a pesar de tener puntos en común con el arte figurativo, puesto que estas expresiones constituyen un sistema gráfico. Los signos están ordenados en un sistema en el interior del cual se puede encontrar una deliberada y manifiesta intención de significación generalizada, las representaciones de los signos de las cosas son uniformizados, es decir no están librados a la libertad del artista. Por otro lado, tienen un repertorio de signos organizados y un sistema de codificación para la significación que se le dará a cada pictograma.

Este sistema gráfico, destinado ante todo a materializar y fijar el pensamiento es una verdadera escritura de cosas. Es mucho más tarde que los ideogramas darán lugar a la escritura de palabras. De esta manera podemos afirmar que la escritura, en este primer período, es una escritura a descifrar, es el contexto en el que se ubican los signos que permite su lectura.

Dibujar las palabras: Sistema alfabético
La palabra alfabeto viene del griego por la vía del latín. Está formado de las dos primeras letras griegas: alfa y beta, de allí deriva “alphábètos”. Esta palabra, construida de esta manera, pasa a la lengua latina como “alphabetum”, desde allí fue retomada por las otras lenguas del mundo. Los romanos expresaban, con fuerte convicción, que su alfabeto provenía del griego, lo que es exacto sólo en parte. Nuestro alfabeto —español— proviene del alfabeto usado por los romanos. Pero ni los romanos ni los griegos fueron los inventores del alfabeto.

El alfabeto, en cualquier lengua, es la lista de 20 o 30 letras con las cuales se puede escribir esa lengua. Las letras son los signos que notan los fonemas, estos son los sonidos más simples que componen una lengua. Teóricamente, y desde un punto de vista lingüístico, el inventor del alfabeto es aquel que ha logrado realizar, por primera vez, la descomposición de una lengua en sus sonidos más simples y que ha creado los signos gráficos para representar esos sonidos o fonemas. Como en cualquier otra invención, el hombre llegó a la descomposición completa de la lengua en sus fonemas más simples y a la notación completa de éstos, al cabo de muchos siglos de ensayos sucesivos.

No conocemos el autor de la primera descomposición de una lengua en fonemas, ni el autor de la primera lista de signos o letras. En verdad, tampoco conocemos con certeza el pueblo donde se originó, ni la lengua en la cual esta invención fue realizada. Conocemos, en cambio, la región: el Antiguo Oriente Medio, específicamente, la zona de Siria–Palestina, y la época: el IIº milenario antes de nuestra era.

Algunos autores consideran que el alfabeto deriva de ciertos ensayos de alfabetización llamados signos “protosinaíticos” provenientes de Egipto, y en consecuencia, del sistema jeroglífico. Pero todas estas escrituras son aún, en nuestros días, indescifrables, lo que hace difícil afirmar con certeza dicho origen.

En cambio, es posible sostener con bastante certeza que todos los alfabetos utilizados en la actualidad en el mundo entero tienen el mismo origen: al terminar el segundo milenario hace su aparición el alfabeto fenicio. Hacia el final del siglo XII a. C. se utiliza en la región de Fenicia, Líbano actual, un alfabeto lineal de 22 signos que pronto tendrá un porvenir asegurado. Lineal significa que estos signos son trazados de líneas rectas o curvas, (líneas y no formas de objetos reales) con la ayuda de una pluma o de un pincel mojado en tinta, sobre una superficie plana: el papiro. Como este material es biodegradable en un clima húmedo como el del Líbano, la mayor parte de la documentación en lengua fenicia ha desaparecido. Solo quedan las inscripciones sobre materias duras como el bronce, la piedra, que soportan más fácilmente la acción del tiempo.

Este descubrimiento, o más bien, verdadera revolución, obedece al surgimiento de una nueva preocupación en el hombre: adaptar la escritura, lo más fiel posible, a la notación de la lengua, o en otros términos: fijar los sonidos del discurso. La escritura se vuelve puramente fonética. Es un sistema enteramente abstracto, en el cual los signos obedecen a una convención, y no a una relación entre el sentido del texto y su grafía. En la historia de la escritura, el alfabeto representa una verdadera revolución, ya que es un sistema total y únicamente fonético (un signo = un sonido). En la Mesopotamia y en Egipto, se utilizaba también los signos fonéticos, pero para apoyar su sistema ideográfico, a los que se les agregaban otros signos para precisar la significación (determinativos). Por otro lado, entre los egipcios, un signo podía ser usado para notar la combinación de varias consonantes.

El alfabeto ha sido, y continúa siendo, un instrumento necesario para la democratización del saber. Retener en la memoria veinte o treinta signos está al alcance de todos. Acordarse de quinientos, setecientos o novecientos signos con valores diferentes, era exclusivo de una elite. Esta elite estaba, generalmente, ligada a los templos. Pasar de un sistema de quinientos signos con sentidos diversos, a un sistema de 22 o 30 signos es un enorme progreso de la humanidad. Sin embargo, cuántos siglos de la historia humana han sido necesarios para que este instrumento tan valioso, el alfabeto, pueda ser propiedad de todos los pueblos del mundo. Y esto es una verdadera revolución de la humanidad.

El sistema alfabético es simple, puesto que es suficiente con disponer de una veintena de signos codificados y combinados entre sí para transcribir todas las palabras de una lengua. Teóricamente es adaptable a cualquier lengua y su aprendizaje es rápido y fácil, al alcance de todos. Sin embargo, una parte importante de la humanidad utiliza otros sistemas, y hay varias lenguas que carecen de escritura.

No se conoce con precisión ni el lugar ni la fecha de nacimiento del alfabeto. El primer texto conocido en escritura fenicia data del siglo XI a. C. Se trata de una inscripción funeraria con el nombre del rey Ittobaal, grabada sobre el sarcófago de su padre Ahiram, encontrado en Biblos, Fenicia (Líbano actual), aunque el estado de evolución de esta escritura parece dar cuenta de un nacimiento bastante anterior. Las inscripciones alfabéticas más antiguas conocidas hasta ahora, datan del siglo XVI o XV antes de nuestra era. Fueron encontradas en la península de Sinaí, grabadas sobre minas de turquesa, consistían en alrededor de treinta signos parecidos a los signos egipcios.

Del estudio de esta lengua, llamada “protosinaítica”, que nota las consonantes, se ha deducido que las letras del alfabeto fueron formadas según el principio de la acrofonia: la representación simplificada de un objeto se transforma en la letra (consonante) que, a su vez, corresponde al sonido inicial del nombre de ese objeto. En su origen las letras derivan de fuentes pictográficas y, luego, fueron formadas por acrofonia. Para dar un ejemplo de este proceso, veamos cómo se transforman las letras a y b. Nuestra a, A deriva de alpha griega (, A) que viene del fenicio aleph que quiere decir buey y que, a su vez deriva del signo protosinaítico que representa la cabeza del buey. Nuestra b, B viene de beta griega (, B) que viene de beth fenicio que significa casa y que deriva del protosinaítico representando, esquemáticamente, el plano de una casa. Se le ha dado al signo el nombre del objeto representado y el valor sonoro del primer fonema que nombra a dicho objeto. El alfabeto fenicio arcaico comprende 22 letras, que son solamente consonantes. Se liberó completamente de los ideogramas, determinativos y todo otro signo de escritura ideográfica. Pero, es una escritura fonética incompleta, puesto que le faltan las vocales, es una notación de la raíz de las palabras, sin tener en cuenta la vocalización de cada una.

Los fenicios constituían un pueblo de comerciantes que viajaban desde el Oriente hacia el Occidente, llevando su escritura alfabética por toda la costa mediterránea. Es así como el alfabeto va a ser utilizado para transcribir otras lenguas semita, en primer lugar el arameo, que será una lengua de la cancillería asiria en el siglo VIII a. C., y a partir de esta lengua nacerán las escrituras hebraica y árabe. El alfabeto fenicio servirá también para notar las lenguas indoeuropeas. Los griegos la adoptan rápidamente y le agregan las vocales, es la segunda etapa para llegar a un sistema de notación completa de todos los sonidos de la lengua.

En la escritura griega las vocales son numerosas y tienen un rol esencial. Los griegos conservaron las consonantes de la escritura fenicia que pudieran corresponder a su lengua y para transcribir las vocales usaron signos fenicios que quedaron sin ser empleados, dándoles un nuevo valor fonético. De esta manera aleph se transformó en alfa (), he dio lugar a épsilon (), wau a ypsilon () etc. El uso del alfabeto griego ha sido demostrado por inscripciones que datan de la segunda mitad del siglo VIII antes de nuestra era, aunque se cree que la adaptación del fenicio a la lengua griega se ha realizado alrededor del siglo X a. C. Esta escritura continúa su evolución y fija su sentido de lectura de izquierda a derecha.

El alfabeto griego va a servir de modelo para otros pueblos de lenguas indoeuropeas y caucásicas. Se propaga con las conquistas de Alejandro Magno y la expansión del cristianismo. Los egipcios adoptan este alfabeto, a mediados del III siglo antes de nuestra era para escribir lo que será el último estadio de su lengua: el copto.

El desarrollo del alfabeto griego completo que expresa los sonidos aislados de la lengua por medio de signos de vocales y de consonantes, es la última etapa importante de la historia de la escritura. Desde la época griega hasta nuestros días, nada nuevo ha aparecido en la escritura desde el punto de vista de su estructura interna. En realidad, nosotros escribimos las vocales y las consonantes de la misma manera que los antiguos griegos.

El alfabeto latino es una evolución del alfabeto etrusco que a su vez proviene del griego. No se conoce el origen de los etruscos. Herodoto, el primer historiador, los hace venir de Asia Menor, pero esta hipótesis no ha sido confirmada por la arqueología. Aparecen en Toscana, alrededor del siglo VIII antes de nuestra era, entran en contacto con el helenismo y adoptan el alfabeto griego para notar una lengua que, aún hoy, permanece misteriosa. No es posible leer los textos etruscos, porque se desconoce la lengua que esta escritura transcribe, los estudios realizados hasta la actualidad hacen pensar que no se trata de una lengua indoeuropea.

Los etruscos extienden su brillante civilización sobre una gran parte de Italia, hasta el siglo IV antes de nuestra era. Su alfabeto forma parte de numerosas escrituras itálicas que nacen en la península en el curso del primer milenario. Cuando los habitantes del Latium toman Roma, conservan el alfabeto etrusco y lo adaptan a su lengua. El latín y su alfabeto se van a expandir al ritmo de las conquistas romanas, eliminando poco a poco las lenguas y escrituras locales.

(1) Deriva del latín: calculus, que significa “guijarro”, “piedra empleada para enseñar a los niños a contar” Volver

BIBLIOGRAFIA
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