Buenos Aires - Viernes, 05 de Diciembre de 2008

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LENGUAJE Y ESCRITURA: SUS ORÍGENES
PARTE III: ORIGEN DE LA ESCRITURA JEROGLÍFICA

por Lic. Norma Alberro

Egipto y el nacimiento de la escritura

Origen del sistema jeroglífico
No nos sorprende constatar que nosotros, los hombres modernos, le debemos al Medio Oriente, cuyas civilizaciones nos han legado una herencia tan rica, un bien primordial: el origen de los signos -adoptados en principio por los fenicios y luego por los griegos-, para transcribir nuestro pensamiento.

Sus primeras formas provienen del antiguo Egipto. Hemos visto, en este recorrido por las diferentes escrituras, que entre el momento en que al borde del Nilo se trazó el primer pictograma representando el objeto que se quería evocar -seguido de la fulgurante evolución de la escritura jeroglífica que transcribe no solamente las ideas sino también los sonidos- y el tiempo en el que aparecen las primeras notaciones gráficas protosinaíticas (surgidas de algunas de esas imágenes y que por acrofonía un sonido corresponde a una letra, cuya forma acabada la constituye nuestro alfabeto), pasó una buena cantidad de siglos. En cambio, el fenómeno de la escritura, una vez aparecido, evolucionó rápidamente. Rápido en comparación con el largo camino de la historia humana que se extiende entre el momento en que el homo habilis se vuelve homo erectus parado sobre sus dos piernas arqueadas, y el momento radiante que fue contemporáneo del más antiguo escriba del Nilo: esta aventura dura más de dos millones quinientos mil años.

Una vez constituida la escritura -el descubrimiento más importante después del fuego- nace la época histórica y faraónica, como en una suerte de generación espontánea: constituye un verdadero milagro egipcio. En efecto, no se constata la existencia de períodos de balbuceo del sistema jeroglífico. Luego de algunas imágenes y escenas pintadas en muros o sobre vasos, o esculpidas sobre la piedra, las paletas y las estelas, los signos de esta escritura aparecen bruscamente. En este sentido, se podría afirmar en acuerdo con algunos autores que el sistema jeroglífico nació de la evolución natural de estos primeros esbozos, realizados por los pueblos vecinos (Mesopotamia) y por Egipto mismo.

De todas las escrituras antiguas es, sin duda, la egipcia la que nos ofrece el modelo de una escritura de “palabras” realizada únicamente con la ayuda de representaciones de los objetos que nombran, o a través de símbolos transparentes en su valor.

Los jeroglíficos son utilizados en Egipto desde el final del IV milenario a. C. hasta el fin del IV siglo de nuestra era. En el año 394 d. C. el emperador Teodosio, romano y cristiano, firma el decreto que prohíbe el paganismo en los templos de Egipto. Desde ese momento se interrumpe la escritura y la lectura de “las palabras divinas” MEDOU-NETER

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de la lengua de los faraones. Los jeroglíficos se transformaron en una lengua muerta y quedaron petrificados sobre los monumentos de la antigua civilización. Treinta y cinco siglos de civilización parecen definitivamente enmudecidos.

Características del sistema
La escritura jeroglífica nació destinada a conservar la memoria de las acciones y de los pensamientos humanos, fue inventada por la necesidad que el hombre tenía de hacer durar y conservar sus actos y sus pensamientos. La escritura jeroglífica es una pintura de caracteres para representar la vida cotidiana, constituye una alusión a un hecho o a un conjunto de hechos que se precisan en el observador, ya que él mismo los reconoce como provenientes de un conocimiento anterior de esos hechos. En efecto, esos actos han sido realizados previamente por medio de los gestos y comunicados al semejante con el propósito de transmitir un mensaje. Dibujar estos gestos para expresar las ideas es transponer a un sistema gráfico lo que anteriormente los gestos y actos habían expresado.

Los textos de esta escritura están compuestos de frases que agrupan palabras escritas por medio de signos -imágenes representando los objetos- o símbolos con un valor determinado. No se usa puntuación ni mayúscula al principio de las frases, y las palabras no están separadas unas de otras por un espacio. Esta escritura se la encuentra sobre todo en los monumentos de carácter religioso, destinados a la eternidad. A los dibujos de los signos jeroglíficos puros se los llama escritura monumental.

El sistema gráfico egipcio emplea simultáneamente signos de ideas (ideogramas) y signos de sonidos (fonogramas). Los caracteres fonéticos forman una parte considerable de los textos egipcios jeroglíficos, hieráticos y demóticos y, al combinarse entre ellos, representan los sonidos y las articulaciones de palabras propias de la lengua egipcia hablada. Los caracteres ideográficos y simbólicos se mezclan con los caracteres fónicos, obedeciendo a ciertas leyes de combinación, ya sea entre los dos primeros, ya sea entre estos dos y los fonéticos.

En la “Grammaire égyptienne” (J.F.Champollion), afirma su autor que los caracteres que desde su origen componen el sistema entero de la escritura sagrada, fueron imitaciones relativamente exactas de los objetos existentes en la naturaleza. Estos caracteres que consisten en imágenes de las cosas reales reproducidas en su totalidad o en algunas de sus partes, recibieron de los antiguos autores griegos el nombre de “jeroglíficos”, que significa “caracteres sagrados”, específicamente los caracteres esculpidos sobre la piedra, sobre los monumentos. El nombre de jeroglífico debe ser aplicado solamente a los caracteres esculpidos o pintados, representando objetos naturales dibujados o esculpidos con el fin de decorar los monumentos públicos o privados. De esta manera se hace necesario distinguirlos de los jeroglíficos lineales, y de los signos hieráticos y demóticos. Estas escrituras son abreviaciones de los jeroglíficos sagrados.

Desde su origen, las imágenes de los objetos reales fueron los elementos esenciales de la escritura jeroglífica. El objetivo central de estos primeros ensayos fue la imitación de los objetos llevada tan lejos en su perfección de la copia como lo permitía la inexperiencia de las manos y los defectos de los instrumentos utilizados. En cualquier época que se analicen los caracteres jeroglíficos, su serie entera en cuanto a su forma material, y haciendo abstracción del valor propio asignado a cada uno de ellos, reproducen distintas imágenes de todas las clases de seres que encierra el universo.

Champollion observó 16 géneros de objetos figurados. Los cuerpos celestes (cielo, estrella, luna, sol, etc.), los humanos (hombre, mujer, niños), los diversos miembros o partes del cuerpo (orejas, ojos, manos brazos, etc.), animales cuadrúpedos (domésticos o salvajes), reptiles, pájaros, peces, insectos, los vegetales (flores y frutos) y toda clase de objetos: muebles, prendas de vestir, armas e insignias, instrumentos, utensilios y vasos, edificios, monumentos etc. Por otro lado, los caracteres podían presentar imágenes fantásticas, cuyas partes integrantes pertenecen a animales u objetos reales, por ejemplo el león con cabeza humana, cuerpo humano con cabeza de buitre, etc. En total, existen unos novecientos caracteres, distintos unos de los otros, para esta escritura.

La escritura jeroglífica es un sistema que se abstiene de escribir las vocales. Cuando los egipcios entraron en contacto con las civilizaciones griegas y semíticas, hicieron el esfuerzo de expresar la vocalización de las palabras extranjeras, pero la escritura de la lengua original siguió haciéndose sin las vocales. Es una escritura irregular, lo que le da una enorme libertad y simpleza al sistema. Esta libertad le viene dada por el rol que los egipcios han sabido darle a lo visto y lo oído en la transmisión gráfica del pensamiento.

Desde el principio de su invención, la escritura egipcia llegó a aislar las consonantes. Así, podemos observar una lista de 24 signos consonánticos, con los cuales se puede, teóricamente, escribir cualquier palabra. Esto significa que los egipcios poseían, antes que los fenicios, el principio básico de la escritura alfabética, sin embargo, nunca la usaron como tal, sino que continuaron notando los ideogramas junto a los caracteres fonéticos. Tal vez no concebían tal sistema de manera clara. Ellos no creyeron necesario pasar por las palabras de la lengua hablada, como nosotros, para representar el objeto del pensamiento, sino que prefirieron mostrar la cosa y el sonido en forma simultánea.

Disposición espacial de los caracteres
En cuanto a la disposición material de la escritura jeroglífica y a la dirección de la misma, se puede afirmar que no tiene una dirección fija. La escritura monumental, en la cual cada signo reclama una aplicación especial del artista, obedece a las exigencias de los monumentos destinados a decorar. La escritura se ubica en los espacios vacíos que dejan los dibujos de los personajes, los objetos o los motivos ornamentales que recubren los monumentos.

Sin embargo, es necesario respetar una ley que preside a este uso decorativo de la escritura: cuando se dirige a un personaje de un cuadro, el texto escrito aborda a su interlocutor imaginario de la misma manera que lo aborda el personaje representado. Si éste está orientado hacia la derecha, la dirección de la escritura será de derecha a izquierda; si está mirando hacia la izquierda la lectura se hará de izquierda a derecha. La regla práctica que surge de estas precisiones es la siguiente: para leer los jeroglíficos hay que ir al encuentro de los personajes o de los seres animados que encierra un texto jeroglífico. Cuando el texto no comporta escenas figuradas con personajes, la escritura jeroglífica toma un sentido y éste se muestra observando para qué lado esta orientada la cabeza de las figuras animadas (hombres o animales).

En cuanto a la disposición de los signos en el espacio de su soporte, se realiza de arriba para abajo, en columnas verticales o en líneas horizontales.

La mayor parte de los libros están escritos en columnas verticales, procediendo de derecha a izquierda o en líneas horizontales, también de derecha a izquierda. El escriba egipcio no alineaba sus caracteres, como nosotros uno después del otro, separando las palabras; sino que seguían otras leyes estéticas. Estas leyes, muy simples y fluidas, derivan de la concepción ornamental de la escritura jeroglífica que se resume en el cuidado de evitar los desagradables vacíos. La primera aplicación de este principio es que lejos de estar separadas por espacios, las palabras forman bloques de tal manera que, salvo en raras excepciones, nada indica a simple vista el rol de cada signo en la constitución de la palabra. La disposición de los caracteres es regida por esta ley del horror al vacío.

Valores de los signos jeroglíficos
El sistema jeroglífico es mixto, está compuesto por varias clases de signos. Los signos jeroglíficos pueden servir para escribir el nombre del objeto o de la acción que representan, en este caso expresa una idea y se llama ideograma. Se realiza por imitación del objeto representado. Ejemplo de este caso:

Un hombre con una copa en la mano, para escribir “beber”.   

El plano de una casa, para escribir “casa”.   

El dibujo de un toro para escribir “toro”.   

A estos caracteres se los llama mímicos o figurativos. En nuestra civilización actual, los ideogramas se utilizan, por ejemplo, para la señalización de las rutas (curvas, atención escuela, etc.) o en lugares públicos (teléfono, toilette).

Las nociones abstractas tales como los sentimientos, las relaciones emocionales, son imposibles de representar por medio de ideogramas figurativos. Esta imposibilidad hizo recurrir a la invención de un nuevo orden de signos por medio de los cuales se pintaban esas ideas abstractas a través de imágenes de objetos físicos -ideogramas- que guardaban una relación próxima o alejada, verdadera o supuesta con los objetos de las ideas que se trataba de expresar gráficamente. A estos caracteres se los llama tropos o simbólicos formándose según cuatro métodos diferentes:

1. Por sinécdoque: Designación de un objeto por el nombre de otro objeto con el cual este forma un conjunto, un todo. Es decir, dibujar la parte por el todo. Ej.

Dos brazos sosteniendo un escudo y una lanza significaba armada o combate.   

Una cabeza de toro para escribir toro.   

2. Por metonimia: se dibujaba la causa por el efecto, el efecto por la causa, o el instrumento por el producto terminado. Ej.

El mes se expresa por la luna.   

La noche por el cielo más las estrellas.   

3. Por metáfora: se pintaba un objeto que tenía cierta similitud real o supuesta con el objeto de la idea que se quería expresar. Ej.

Lo sublime por el águila a causa de su vuelo.   

La madre, por el buitre, porque alimenta a sus pichones con su propia sangre.   

El ojo ubicado en un lugar sobresaliente estaba destinado a representar la gran sabiduría divina.   

4. Por enigmas: Para expresar una idea se usaba la imagen de un objeto físico que poseía relaciones muy alejadas y escondidas, a veces por pura convención con el objeto de la idea que se quería expresar. Ej.

La justicia por la pluma de un avestruz, porque se decía que todas las plumas de este pájaro eran iguales.   

El ave ibis representa al dios Thot, dios de la escritura y de las ciencias, porque la longitud de su paso parece mensurar matemáticamente el espacio.   

Una rama de palmera, un año porque se suponía que este árbol daba doce ramas por año.   

Los caracteres tropos o simbólicos existen en gran número y como los figurativos sirven para expresar cada uno una idea completa; ambos son ideogramas. Aunque también estas ideas podían expresarse por otro método distinto de la imitación (figurativos) o de la asimilación o similitud (simbólicos). Este tercer método consiste en dibujar los sonidos y las articulaciones de las palabras, son signos orales de esas mismas ideas en la lengua hablada. A estos signos se los llama fonograma, representan los sonidos o su pronunciación y no ideas.

El método fonético procedía por la notación de la voz y de las articulaciones expresadas aisladamente por medio de caracteres particulares y no por la notación de la sílaba. La serie de signos fonéticos constituye un verdadero alfabeto y no un silabario. Considerado desde el punto de vista de su forma material, los caracteres fonéticos (igual que los figurativos y los tropos) fueron imágenes de objetos físicos más o menos desarrollados. Estos caracteres se encuentran en todos los textos jeroglíficos, hieráticos o demóticos de todas las épocas.

El principio fundamental del método fonético consiste en representar una voz o una articulación por medio de la imitación gráfica de un objeto físico cuyo nombre en lengua egipcia hablada tiene por inicial la voz o la articulación que se trata de escribir. Por ejemplo, es como si, en nuestra lengua, para escribir la palabra rosa se procediera a dibujar una regla, para la letra r; y un salero para la letra s. Dicho esto se deduce que se puede representar una misma voz o una misma articulación por medio de diversos caracteres diferentes en su forma y en su proporción. En este ejemplo la misma palabra rosa se puede escribir con el dibujo de una roca o una red, (para la letra r) y de un sol o una silla (para la letra s), es decir todas aquellas palabras cuya inicial corresponde a la palabra que se quiere expresar. A la inversa, es también posible escribir el ideograma de sol, para notar todas aquellas palabras que incluyen esta sílaba, por ejemplo: soledad, sal, solitario, etc., ya que las vocales no se escriben. No es muy difícil imaginar la confusión que se desprende de este hecho.

La cantidad de estos signos llamados homófonos, porque servían para anotar un mismo sonido, fue fijada por convención y consagrada por el uso. No estaba librada al capricho del escriba. El objetivo de introducir signos homófonos en el sistema gráfico, era principalmente estético. La disposición de la escritura, como vimos antes, se realizaba en columnas verticales u horizontales, según el espacio con el que se contaba para escribir. Los caracteres fonéticos se elegían, precisamente en función del espacio que estaba destinado a recibirlos.

Esta escritura tiene una relación directa con la lengua hablada, ya que la mayor parte de los signos de la escritura representan los sonidos de la lengua oral. La misma relación, aunque menos directa, existe entre la lengua hablada y los caracteres figurativos o mímicos, puesto que cada uno de ellos respondía a una palabra de la lengua, es decir era el signo oral del objeto cuyo carácter presentaba la imagen. La palabra debía servir para pronunciar el carácter imagen.

Utilizando el principio del acertijo o rebus, anotaban el sonido usando la imagen de una cosa que se pronuncia casi de la misma manera. Este principio se basa en la transferencia de un sonido a otra palabra con la cual no guarda ninguna relación semántica. El vínculo es exclusivamente fonético. El principio de acertijo por transferencia surgió de la necesidad de escribir los nombres propios y las nociones abstractas, ya que éstos no pueden ser representados por figuras u objetos de la realidad. Por ejemplo la imagen de una boca que se pronuncia “r” sirve para escribir la consonante “r”. El mismo signo se usa para escribir otra palabra que comience por “r”. Como las vocales no se escriben, las palabras se marcan con sus signos fonéticos y con el ideograma que les corresponden. Por ejemplo, para escribir la palabra “escribir” se procedía a anotar cada una de las consonantes “scrbr” más el ideograma correspondiente. En su forma completa una palabra egipcia se puede resumir así: un primer elemento + un segundo elemento + el total de ambos = al total; la fórmula sería: a + b + (ab) = ab. Alquimia que en presencia de dos elementos, desencadena un resto como producto del análisis, un residuo de cuerpo compuesto por ambos elementos. Ej. Los dos primeros signos valen por s, el tercero es el ideograma de la palabra “escribir”, que se escribe ss.

Sottas es un egiptólogo que investigó la gramática de esta escritura en los comienzos del siglo XX. Este autor afirma que la escritura jeroglífica comprende una serie de signos-sonidos que expresan las consonantes. Una misma palabra puede corresponder a un grupo de palabras emparentadas entre sí por el sonido o por el sentido. De allí que, según este autor, conviene llamarlo signo raíz. Una palabra puede escribirse con el signo raíz y un sonido, o con el signo raíz y dos sonidos, o el signo raíz y cada uno de los sonidos que componen el signo raíz. A estos sonidos los llama complementos fonéticos. Las raíces de la lengua egipcia pueden componerse de una a cuatro consonantes, de esta manera se distinguen las raíces unilíteras, bilíteras, trilíteras y cuatrilíteras. Continuando con las fórmulas, se puede esquematizar esto de la siguiente manera: en el ejemplo dado anteriormente el signo raíz es el ideograma de la escritura cuyo valor es ss. Es una raíz bilítera y sirve para escribir todas las palabras que tengan esta raíz, tales como: escritorio, escrito, escritor, escribir etc. Si llamamos ab a la raíz bilítera, abc a la trilítera y abcd a la cuatrilítera, tenemos las siguientes formulas:

a + b + (ab) = a a + b + c + (abc) = abc a + b + c + d + (abcd) = abcd

Ahora bien, si el signo raíz y su parte fonética se escriben enteramente, se comprende fácilmente que este sistema es redundante. Es decir se observa un doble empleo, un redoblamiento de los signos. Una palabra se escribe con el signo fonético más el ideograma, lo cual ya implica una redundancia, pero además se escriben cada uno de los fonemas que corresponden a los signos bilíteros, trilíteros, etc. Es decir, que se escribe descomponiendo cada sonido hasta su unidad. Es como si, estimando insuficiente la imagen de una manzana para indicar esta palabra, nosotros le agregáramos los dibujos correspondientes de las letras m n z n. Ej.

ms s r z szrm
s szrm z m
“oreja”
“escuchar”

En este ejemplo la raíz szrm cuyo valor es representar el verbo escuchar, está presente también en la palabra “oreja”. En la primera palabra (oreja) aparece el signo ms, signo bilítero, con su complemento fonético s; luego r, z y szrm (oreja de vaca), signo cuatrilítero que tiene valor de ideograma determinativo de la palabra oreja. En la segunda palabra, “escuchar”, se reemplaza el signo ms, por la lechuza que vale m, sin complemento fonético. La imagen de la oreja tiene la función de signo raíz para todas las palabras relacionadas con la acción de oír, escuchar, y con el sustantivo oreja.

Es evidente que, dada la complejidad de esta escritura, las simplificaciones no podían faltar, afirma Sottas. Esto explica la fluidez y la libertad de este sistema. En efecto, las simplificaciones podían alcanzar sea la parte fonética, sea al signo raíz, o a los dos al mismo tiempo. La parte fonética podía ser reducida a lo estrictamente necesario, es decir en caso de sinonimia cuando un signo raíz podía pertenecer a varias palabras diferentes. En este caso se escribía el signo fonético para diferenciar una palabra de la otra. Con frecuencia se escribe el signo raíz solamente, contando con el contexto para su comprensión. En este ejemplo se podía escribir solo la oreja (szrm) sin los complementos fonéticos, para notar la palabra oír, escuchar u oreja.

Todo texto jeroglífico o hierático se compone de un conjunto de tres especies de signos, empleados simultáneamente; es decir que en toda inscripción egipcia en escritura sagrada, se encuentran constantemente los caracteres figurativos, tropos y fonéticos mezclados, o combinados entre sí. Cada carácter expresa el pensamiento según el método que le es propio, es decir, por imitación directa, por similitud o por la notación del sonido de las palabras.

Los egipcios encontraron que al escribir los signos fonéticos a través del dibujo de los objetos y teniendo en cuenta la omisión de las vocales, su escritura se volvía oscura e incierta. Una serie de caracteres sagrados eran susceptibles, en tanto imagen de un objeto real, de ser tomados en su acepción figurativa y en otros casos en una acepción fonética, y más aún, podían ser empleados tanto como signos figurativos que como fonéticos o simbólicos. Por otro lado, un gran número de palabras egipcias estaban formadas por las mismas consonantes dispuestas en un orden parecido, pero que expresaban ideas distintas. Para evitar este defecto de claridad en el empleo de los caracteres fonéticos se recurrió a dos medios:

a) Escribir las raíces de las palabras excluyendo los otros signos fonéticos que representaban el mismo sonido, es decir, los complementos fonéticos. Ej.
Es el verbo cargar (un hombre sentado con una carga en la cabeza) cuya raíz (fm), se puede escribir sola o con los complementos fonéticos, f y m (la víbora y la lechuza respectivamente). La raíz es el determinativo del verbo cargar.

             

b) Escribir luego de la palabra escrita en signos fonéticos, un carácter adicional que determinaba al mismo tiempo la acepción de la palabra y su pronunciación. A los signos fonéticos se le agregaba la representación del objeto cuya palabra es el signo oral escrito fonéticamente. Se le agregan las imágenes a las palabras expresadas por los fonogramas. Esta función la cumplen los signos determinativos. También se emplean para distinguir las palabras pertenecientes a una misma raíz. En este caso se escribe un signo que tiene sólo una función de determinativo. Es un signo puramente ideográfico. Estos signos se ubican al final de una palabra, no se pronuncian y se utilizan para determinar la significación de la palabra a la que se le agrega. Se indicaba por este medio, de forma indirecta, la vocal a emplear en la lectura de la palabra.

Determinativo de adoración
Determinativo de acciones realizadas con la boca:
comer, hablar y también pensar

Existen dos tipos de signos determinativos: de especie y de género. Los sustantivos comunes escritos fonéticamente, reciben al final el signo determinativo de la especie o del género al que pertenece el objeto expresado por el sustantivo.

 
Determinativo de hombre, mujer y niño
Divinidad masculina
Determinativo Rey
                  

Estos caracteres son siempre ideogramas: figurativos o tropos. El signo determinativo es la representación del objeto que nombra el signo fonéticamente escrito. A la palabra se le agrega la imagen.

El signo raíz
Sottas distingue el signo raíz y los encuentra en todos los signos. Los dos primeros tipos de signo -ideográfico y fonético- pueden combinarse y representar al mismo tiempo un sonido y un concepto, es decir una palabra. Se llama semi-ideográfico y semi-fonético, o signo-palabra, o aún, signo-raíz. La esencia del sistema se reduce a un dosaje variable y parcialmente compensador de elementos fonéticos e ideográficos. De esta manera, se comprende fácilmente que estos elementos se presten a una infinidad de combinaciones, que pueden ser reducidas a:

- Una trinidad: signo ideográfico más fonético más determinativo
- Una dualidad: signo fonético (o ideográfico) más determinativo
- Una unidad: cualquiera de los signos (fonético, ideográfico o determinativo)

Un signo puede expresar un grupo de palabras relacionadas entre sí por el sonido (fonético) o por el sentido (semántico). Es decir, que existiría una célula constitutiva, el signo-raíz, que representa la imagen de un objeto o de una persona en reposo o en acción; los demás jeroglíficos son sólo transformaciones de este signo-raíz. No hay, en realidad, caracteres puramente fonéticos, es decir que representen un sonido convencional sin que la forma del signo y el sonido estén ligados originariamente por medio de una idea. Un signo fonético es ante todo un signo ideográfico, en el sentido que este signo evoca la idea de un objeto. A esta idea la lengua le agrega un sonido. La parte ideográfica de un signo y su parte fonética empleados separadamente pueden comportar diferentes sentidos, su reunión precisa la idea.

Signos que se imbrican con otros signos, sentidos implicados en otros sentidos, bajo cada signo se ocultan varios sentidos y el conjunto de signos forma una red de significaciones donde se combinan movimientos, actitudes, contradicciones, armonía de contrarios, etc. Tal es la complejidad de la escritura jeroglífica.

El dualismo
El empleo simultáneo de dos procedimientos gráficos: fonograma e ideograma que se completan mutuamente, permite expresar tanto las abstracciones como los objetos concretos. Según este autor, de este hecho, deriva la propiedad esencial de este sistema: el dualismo.

En efecto, cada signo representa, al mismo tiempo, un sonido y una idea, es decir una palabra. Esta palabra, que es mitad fonética–mitad ideográfica, se llama “signo-raíz”. Ahora bien, tanto el elemento ideográfico como el elemento fónico, puede presentarse solo, aunque de manera imprecisa y, por lo tanto, no es posible que una palabra le sea unida. Entonces, el dualismo implica justamente dos elementos: sonido e idea considerados a veces unidos, con un valor de signo-raíz; o separados, en este caso toman valor de signos determinativos y de fonogramas. Por ejemplo el signo del sol puede estar solo como ideograma del dios solar Ra, o como determinativo de Ramsés o de las palabras que impliquen el sol tales como: día, jornada, brillo solar, etc. En estos casos aparece unido a los signos fonéticos. Por otro lado, puede estar presente con un valor puramente fonético en palabras que incluyan el sonido “sl”. Por ejemplo en la siguiente serie de palabras: soledad, solitario, sal, soldado, saliente, y muchas otras. El sistema jeroglífico tiene las propiedades del dualismo, porque existen dos elementos que se presentan solos o combinados, todo o parte de estos elementos pueden ser sobre entendidos.

Propiedades del sistema jeroglífico
Intrínsecamente el sistema jeroglífico es capaz de soportar numerosas combinaciones entre las tres categorías de signos: ideograma, fonograma y determinativos, que da lugar a lo que se puede llamar un juego de escritura. Este juego de escritura procede de la explotación de ciertas propiedades de los jeroglíficos, que son clasificadas en tres grupos: icónica, plasticidad formal y apertura a un sistema de signos.

Propiedad icónica
Los signos de la escritura jeroglífica son representaciones de seres animados o inanimados y de objetos, la mayor parte de ellos son inmediatamente identificables, a pesar de las convenciones del dibujo egipcio. El pasaje de la representación, o de la imagen al signo, se realiza por medio de un calibraje convencional que afecta a cada signo de un espacio codificado, equivalente a un cuarto, la mitad o la unidad de un cuadrado imaginario, sobre la superficie inscripta. Este espacio codificado no refleja las proporciones relativas de los seres u objetos representados por los signos. De esta manera, el signo de la jirafa ocupa el mismo espacio codificado que el del escarabajo. Sin embargo el signo continúa siendo potencialmente imagen, es esta potencialidad que puede ser explotada por los “juegos de escritura”. Por ejemplo cuando una inscripción sirve de leyenda para la representación de un personaje, esta representación funciona, al mismo tiempo, como escritura en tanto que determinativo del nombre propio del personaje. Esta propiedad se refiere a las representaciones de los objetos y las cosas en forma de imágenes, el signo es el símbolo de la cosa.

Plasticidad formal
La escritura egipcia posee fundamentalmente una dirección: de derecha a izquierda, en línea horizontal o en columna vertical. Pero ella puede adaptarse a sus soportes e ir de izquierda a derecha, en línea horizontal o en columna vertical. El sentido de la lectura rige la orientación de los signos. Esta segunda propiedad permite el juego espacial de la escritura, el valor del signo va a estar determinado por su ubicación en el espacio de lo escrito, pero también implica el desplazamiento en la medida que va a adquirir otro valor en función precisamente de su desplazamiento. Por ejemplo, en un papiro que describe un drama sagrado entre los dioses, se escribe el nombre de las dos divinidades orientadas en sentido inverso, de manera que quedan enfrentadas mirándose una a la otra. Esto se lee como un diálogo entre estos personajes: uno habla al otro. Es el contexto que va a determinar quién habla a quién.

Apertura a un sistema de signos
Por último, es un sistema de signos abierto a múltiples combinaciones fundadas sobre diferentes relaciones de analogía. Entre ellas, encontramos analogía morfológica -las cosas u objetos-, fonética -las palabras- y semántica -significado de las cosas y las palabras-, así como la creación de nuevos signos.

Por analogía morfológica un signo puede tomar el valor de otro signo con el que guarda un cierto parecido, siendo esta relación de carácter arbitrario. Lo mismo sucede con los signos que presentan semejanzas fónicas. Con el curso del tiempo, la lengua evoluciona y ciertos fonemas se reducen o se neutralizan parcialmente o totalmente. Además, los signos que quedan pueden multiplicar su valor y ser empleados como ideogramas para escribir palabras distintas a las que le dieron su origen. Se vuelven homófonos y con ellos se pueden escribir una gran variedad de palabras con las que guardan una analogía fonética.

Con respecto a la analogía semántica se ha encontrado que un signo puede ser extendido, por metáfora o por metonimia, a otras nociones semejantes. Por ejemplo el mono es el animal del dios Thot, divinidad que representa la sabiduría y la escritura. Su representación significa, evidentemente, Thot; pero también puede significar otras palabras que expresan nociones admitidas como características del dios: funciona entonces como ideograma para palabras tales como “decir”, “saber”, “escriba”, “excelente”, “sabiduría”, etc., sin contar, que también puede servir como puro fonema.

Si bien el repertorio de signos utilizados en los documentos de la práctica permanece bastante estable para cada época considerada, en los textos sagrados la posibilidad de inventar un signo nuevo está siempre abierta, así como la de combinar varios signos ya existentes en un signo compuesto utilizando el principio del acertijo. La explotación de esta fuente ha conducido a una tal extensión de signos que el repertorio pasa de alrededor de 900 signos en la época dinástica a más de 5000 durante el período greco romano. El agrupamiento de signos está ligado a la ortografía y ésta a la gramática. El juego de escritura, en el sistema jeroglífico, permite una gran libertad a la ortografía, aunque sin caer en la arbitrariedad ni en la incoherencia. Las conexiones ortográficas son elásticas, pero no por ello caóticas.

Este tipo de juego de escritura se vuelve constitutivo de la actividad filosófica y religiosa de este pueblo. En efecto, los egipcios creían, como muchos otros pueblos, que el sonido y la imagen están consustancialmente ligados al ser que éstos designan. La explotación de las potencialidades de la escritura es un procedimiento que permite la investigación de las esencias, y no una suerte de acrobacia del escriba. Gracias a su registro de expresión específica, la escritura se vuelve al mismo tiempo transposición gráfica de un significado lingüístico, y exégesis o profundización de ese significado. Metalenguaje ideológico del lenguaje ideológico que esta escritura vehicula: al decir ese lenguaje, la escritura dice sobre lo que él (el lenguaje) dice. La escritura jeroglífica es un código que traspone en forma gráfica la sustancia fónica del lenguaje. Pero su función no se reduce solamente a esta transposición, puesto que si bien ella es el significante gráfico de un significado lingüístico, continúa siendo un registro de expresión autónoma.

BIBLIOGRAFIA
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Warburton, William, Essai sur les hiéroglyphes des Egyptiens, traduit par Léonard des Malpeines, éd. Hippolyte-Louis Guérin, Paris 1744 - Collection Palimpseste Aubier – Flammarion 1977 Paris

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