Buenos Aires - Viernes, 29 de Agosto de 2014

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ENTREVISTAS PRELIMINARES

por Lic. María Noel Gazzano

"Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen de un texto borrado por completo. Con más o menos suerte, por el sentido de la nota, inferimos el sentido que podría ser del texto, pero queda siempre una duda, y los sentidos posibles son muchos." (1)

Empezando por el principio...
Me parece importante enmarcar este trabajo en el proceso formativo que vengo realizando en torno a la obra de Lacan, ya que es producto no sólo del seminario transitado, sino de diversos ámbitos que han ido conformando mi aprehensión de la teoría lacaniana. Es por ello que el tema que me compromete es justamente "el lugar del analista", temática que he ido abordando desde diferentes ámbitos teóricos y fundamentalmente en la incipiente incursión por la clínica, desde una vivencia singular y práctica.

Es así como mi formación en cuanto a la orientación lacaniana está en sus inicios. Durante el correr de este año me he aproximado a ella desde diferentes lugares, pero son largos los caminos a recorrer y considero que me encuentro en el comienzo. Al menos las puertas ya están abiertas. Este punto en que me ubico está vinculado a la temática del trabajo, porque si estoy en el comienzo, entonces empezaré por él.

Es por ello que me pregunto acerca del lugar del analista dentro de las llamadas "Entrevistas Preliminares" y es a partir de aquí, en el inicio posible del tratamiento, que intentaré abordar cuestiones que hacen tanto a la técnica psicoanalítica, como a sus fundamentos teóricos y éticos, ya que considero imposible aislarlos dicotómicamente como entidades cercadas, cuando se fundan y constituyen uno al otro.

Me pregunto acerca de las particularidades de este tipo de entrevistas, sus fundamentos y objetivos, los movimientos que allí se producen, y los lugares posibles que el analista ocupa en función de ellas. Teniendo siempre en cuenta que son entrevistas preliminares a un análisis, o al menos a dilucidar la posibilidad y necesidad del mismo.

Cabe aclarar que este trabajo es un reflejo parcial de algunas inquietudes y cuestionamientos que me he planteado en este transitar, pero sabemos que no todo puede ser dicho, por lo que esto es un mero recorte de cierta realidad inabarcable. El nexo que une estas ideas es el recorrido por el cual circuló mi pensamiento a la hora de pensarme en el lugar de analista, que a su vez se conjuga con mi experiencia como analizanda. Porque pienso desde el sillón y desde el diván, y son ambos lugares los que me marcan en mi formación.

Parto de la concepción de que el lugar del analista determina y está determinado por muchos factores, pero fundamentalmente marca y limita una postura particular que implica una concepción singular tanto del sujeto como del análisis. Por ello no considero que sea un "tema" sobre el cual escribiré, sino uno de los núcleos centrales por donde se atraviesa toda la teoría y la técnica psicoanalítica.

"Lo que denominamos el comienzo es con frecuencia el final. Y llegar a un final es llegar a un comienzo. El final es de donde partimos..."
Thomas Stearns Elliot, Little Gidding

Un desarrollo posible...
El título de este seminario me lleva directamente a pensar sobre la técnica psicoanalítica. "La dirección de la cura en el psicoanálisis lacaniano" remite al título del texto de Lacan que se encuentra en los "Escritos". Y si pensamos que la cura se conduce y se dirige entonces hay una posición, un lugar muy preciso que ocupa el analista, y como dice Lacan en ese texto citado, es una posición de política, estrategia y táctica.

En términos generales podría pensarse que la esencia de la técnica apunta hacia una "acción" muy especifica, que consiste en que el analista perciba fuera de sí mismo, de modo inconsciente, el inconsciente del analizando, o mejor dicho, el inconsciente producido en el análisis, si consideramos que el inconsciente es del orden del acontecimiento y de la producción. De este modo la concepción de "dirección" cobra cierto cariz particular, porque si bien es necesario dirigir la cura y posicionarse en ese rol, también se hace imprescindible saber que dirigir la cura no es lo mismo que dirigir al analizando.

"...no hay dos inconscientes en un análisis; no hay más que uno solo, que es un inconsciente del acontecimiento, en tanto se produce a partir de un acontecimiento; es un inconsciente idéntico a la relación transferencial" (2)

Es así como este modo de pensar la dirección de la cura, se articula a través de la trilogía de estos tres elementos: política, estrategia y táctica, que ofician de lentes que permiten visualizar el lugar desde el cual el analista se posiciona en relación a la técnica analítica. Es este enfoque el que permite aprehender el proceso que implica el análisis en relación a la función del analista.

La táctica podría pensarse como la manera en que el analista dispone para que la sesión se convierta en un acto analítico, es decir, que se produzca algo de la verdad de ese sujeto. El acto analítico depende particularmente de la producción de esa sesión singular, en relación a un acto puntual. Este acto es un corte en la continuidad, un acontecimiento puntual. Entonces las distintas tácticas van a estar diagramadas a partir de la estrategia, la cual se establece en el comienzo según lo que el analista lee en el discurso del analizando.

Es así como la táctica, es una táctica de lo puntual, y depende a su vez de la estrategia. Esta última es la que determina las diferentes tácticas, por ello el analista es menos libre en la estrategia que en la táctica.

La estrategia surge a partir de las entrevistas preliminares, e implica situar provisoriamente a ese sujeto en relación a su estructura, a sus síntomas, a su historia. Esto nos permite situarnos a nosotros como analistas, en función de la posición de ese sujeto. Entonces la estrategia oficia como una guía, que nos permite dirigir nuestras acciones en relación a las tácticas que emplearemos.

La política engloba la estrategia, y por lo tanto también la táctica, porque es la manera en que el analista se coloca subjetivamente en la cura, en esa cura singular. Porque las posiciones del analista son diferentes en cada cura y también varían en los diferentes momentos de una misma cura.

Es decir, que la posición subjetiva va a determinar cómo el analista lee y escucha el discurso del analizando, lo que define a la estrategia, y a su vez esto determina lo que va a hacer en función de eso que captó en la estrategia, es decir, la táctica. Esto se torna importante a la hora de pensar que si el analista forma parte del inconsciente del analizando, entonces según la posición del analista será el discurso y lo que se produce como inconsciente en esa cura singular.

La posición subjetiva del analista es una función que se define como el "deseo del analista", función que articula la posición subjetiva con aquellos elementos del analista que se ponen en juego en ese encuentro. El deseo del analista, entonces es un articulador que nos remite a la estructura del analista.

"El análisis constante de nuestras sensaciones crea un nuevo modo de sentir, que parecerá artificial a quien lo analice únicamente con la inteligencia y no con la propia sensación" (3)

Por ello la importancia del análisis de control, porque es necesario interrogarnos sobre nuestras posiciones subjetivas para lograr: "ubicarse más en su falta en ser que por su ser" al decir de Lacan.

"El analista es aun menos libre en aquello que domina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haría mejor en ubicarse por su falta en ser que por su ser" (4)

La falta en ser son todos aquellos elementos que nos permiten reconocernos en tanto persona. En el espacio analítico, aquellas marcas que dicen lo que soy tienen que quedar a un lado, desactivadas, de forma tal que solo se ponga en juego aquello que es del analizando. De otro modo no hay cura analítica sino simplemente transferencia a nivel afectivo e imaginario.

Esta ubicación del analista, en tanto se ofrece como objeto de la pulsión, es lo que se denomina Lugar del Muerto, es un lugar ausente de valor, que en tanto vacío permite que se deposite allí el valor que el analizando le adjudique, en el entendido de que el único discurso debe ser el del analizante.

"Hacer silencio en sí significa que, espacialmente, estamos fuera de nosotros, exiliados del yo, somos extraños a nosotros mismos. (...) No estamos ni solos ni con los otros, estamos sin nadie más. Y al estar sin nadie más, somos objeto". (5)

Lograr esta posición es necesario y fundamental, de otro modo el analista corre el riesgo de ubicarse en lugares en donde su función se desvirtúa, ya sea cediendo al deseo del analizando, o a su propio deseo. Es así como una de las variantes de esta posición, que en términos generales puede plantearse que obstaculiza la cura, es ubicarse en la posición de Amo. Cabe destacar nuevamente que las posiciones del analista varían durante una cura, y puede ser que en determinado momento sea necesario ubicarse en esta posición, siempre y cuando esto sea una táctica y esté en función de la estrategia para ese análisis en particular. Pero a grandes rasgos, la posición de Amo es justamente la contraria al Lugar del Muerto, porque en ella el sujeto desconoce su carencia y se ubica en un todo completo, no dando lugar a la falta en sí. Es decir, implica una posición de desconocimiento en cuanto que es un sujeto dividido entre lo que dice y lo que sabe, por lo que su verdad radica en el centro mismo de su posición.

Ubicarse en este lugar implica que el pensamiento va a funcionar de forma especular, y en su afán de dominio va a eliminar la subjetividad del otro para cubrir la falta en ser. Se transforma así en un discurso yoico en donde el otro queda cristalizado en lo que el amo determina que el otro es. El analista, ubicado así en la posición de amo, corre el riesgo de llenar con su propia palabra el vacío de significante del analizando.

Esto supone una postura, tanto en relación a la concepción de sujeto, como técnica y también ética, porque desde el psicoanálisis freudiano el inconsciente sólo puede ser aprehendido a partir del discurso, pero de aquel discurso del analizando que queda fuera del campo de lo yoico. Es decir, el inconsciente no sólo se produce en tanto acontecimiento en la sesión, sino que la forma en que se produce es a partir de la relación de un significante con otro. Es en esa cadena en donde se produce el sujeto inconsciente, ese sujeto que nos permite acercarnos al ámbito del ser.

"...pero lo que es seguro es que los sentimientos del analista sólo tienen un lugar posible en este juego, el del muerto; y que si se le reanima, el juego se prosigue sin que se sepa quién lo conduce." (6)

Entonces el lugar del analista implica una postura ética ante el discurso del analizando, en donde éste no debe decir al analizando cual es su Bien, porque no sólo no lo sabe, sino que además si lo hace nominará al analizando según lo que el analista cree que éste es. Este es el riesgo que se corre al querer "curar", y se asemeja demasiado al método sugestivo, en donde se le atribuyen al analizando objetos, bienes, normas que tapan la incertidumbre sobre el síntoma y el sufrimiento de este analizando.

También esta reflexión, como reflexión ética, cuestiona a aquellos analistas, que muchas veces siguiendo esta línea, se proponen a sí mismos como modelos identificatorios al final de una cura, es decir al colocarse como objetos en este sentido, se convierten en un "Bien". De este modo se impide la apertura para que lo que es del orden del ser se realice.

Un análisis transita por diferentes momentos en donde los elementos que lo conforman tienen particularidades que van más allá de la singularidad de cada análisis particular, porque si bien ningún análisis, ningún sujeto y ningún analista es idéntico a sí mismo en cada momento, también es cierto que hay una técnica distintiva que aparece como un fondo estable bajo las variaciones singulares de un análisis particular. De otro modo no nos reconoceríamos como psicoanalistas encontrando parte de esta identidad en la técnica analítica. Es desde este lugar que me pregunto sobre las primeras entrevistas con un analizando.

En el curso de las primeras entrevistas, en el cara a cara con el sujeto considero que debe apuntarse a realizar un movimiento por el cual se introduzca al analizando en determinado lugar, en determinada posición de esa realidad que nos relata. Su discurso versará sobre esa realidad, que implicara un contexto familiar, laboral, social, económico, etc. Pero más allá de esa realidad, lo que fundamentalmente importa en estas primeras entrevistas es la relación que ese sujeto establece con sus síntomas. Es decir, el sujeto le da un sentido a cada uno de sus sufrimientos, y es en este nivel del sentido en el que el analista debe realizar la intervención, intervención que Lacan denominó "Rectificación Subjetiva" .

¿Qué es la rectificación subjetiva? Es intervenir en esa relación de sentido que el yo del sujeto establece con sus síntomas. Por ello se hace esencial, como uno de los objetivos de las primeras entrevistas, despejar en la mayor medida de lo posible el motivo de consulta, es decir, la razón por la cual esa persona ha decidido acudir a un analista. El sentido, la relación del yo con el síntoma se vincula estrechamente con esa decisión tan particular de apelar a un otro. Y es aquí donde se juega la "Rectificación Subjetiva" ya que es luego de ese primer encuentro en donde el analista devuelve al sujeto una respuesta que apunta a resituarlo de otro modo en relación con su sufrimiento. Es decir, interviene en el núcleo mismo en donde él se explica sus síntomas, en la causa y el sentido que él le da a su sufrimiento. Sería el espacio que se instaura entre el pedido de ayuda y la demanda de análisis. Y es justamente este espacio que configura las entrevistas preliminares.

El pedido de ayuda es entendido de este modo como una incógnita que hay que develar, y que es con lo que llega el sujeto a la primera entrevista. Aquí aparece la falta como elemento esencial. La falta a nivel discursivo en las explicaciones que ese sujeto encuentra a su situación subjetiva, porque es justamente esta falta la que determina que un sujeto pueda llegar a construir, en las entrevistas preliminares, una falta en saber. Una falta en saber en relación a su síntoma, porque cuando no hay falta en el discurso el otro funciona sólo como sostén. Esta falta en saber implica que el sujeto reconoce la necesidad de otro, porque solo no puede, no encuentra ningún significante que dé cuenta de lo que le sucede. Y este es uno de los objetivos de las entrevistas preliminares e implica el pasaje desde el pedido de ayuda a la construcción de una demanda de análisis. Este pasaje, esta acción psíquica si se quiere, es una condición necesaria para que se instale la transferencia simbólica. Esto es, el sujeto transfiere al analista un saber que aparece en él como falta, un saber sobre el origen y la causa de lo que al sujeto le falta. El otro pasa a ser investido en una suposición de una causa del problema del analizando. Sólo de esta forma se produce la transferencia a nivel simbólico, que es transferencia de saber, el otro sabe de mí porque le transfiero lo que me falta, entonces el otro sabe lo que yo ignoro sobre mí mismo.

Ese "yo no sé" del analizando, es la demanda de análisis e implica la constitución del Sujeto Supuesto Saber. Este es un concepto que nombra al analista, al cual se le supone un saber que fue transferido. El Sujeto Supuesto Saber ya no es la persona del analista, como sujeto singular, sino que es sujeto de enunciación, es suponer que ese saber que falta puede ser dicho. Implica un agujero en el saber que permite buscarlo en el otro o en nuestro propio discurso.

La demanda de análisis es la que instaura los lugares, y es a partir de allí que comienza un análisis, ya que el otro me habilita con la transferencia.

Entonces es así como la producción de la transferencia simbólica es uno de los ejes de las entrevistas preliminares, que a su vez se relaciona con otro eje de las mismas que es la elaboración de una hipótesis diagnóstica, un diagnóstico de estructura. Es este el que permite una estrategia clínica

El diagnóstico no es la etiqueta, es la dirección, la ruta que ese análisis va a seguir. Y es así que este diagnóstico se hace bajo transferencia, porque al ser un diagnóstico de estructura implica al transito por el complejo de Edipo, al modo en el que se instauró la castración como determinante de la misma. Y es en este sentido que podría decirse que la forma en que el sujeto transfiere ese saber nos habla de sí, en el sentido de que hay un modo neurótico, un modo perverso, un modo psicótico de suponer el saber, porque la suposición del saber esta en relación a la falta, y la forma en que la falta se conjuga en ese sujeto determina la estructura.

De aquí la importancia de poder vislumbrar aquello que está más allá del contenido del discurso del sujeto, más allá del sentido del mismo, cobrando relevancia la posibilidad de escuchar el tono, la melodía en que ese sujeto aparece en el discurso, porque el diagnóstico psicoanalítico no es la recolección de síntomas. Y también porque un análisis no es una experiencia intelectual. Por esto es bajo transferencia.

Cabe aclarar que no es un diagnóstico de síntomas, porque en la neurosis la transferencia va cambiando, se modifica a lo largo del proceso de análisis en diferentes ubicaciones. Podría pensarse que a lo largo del proceso son varias las transferencias, porque son varias sus localizaciones. Es así como en el curso de una cura (no ya en las entrevistas preliminares) el analista debe acompañar el movimiento de las transferencias del analizando, y esto hace que uno vaya recorriendo las diferentes posiciones del fantasma, es decir, las diferentes relaciones que el sujeto establece con el objeto.

"...el problema principal no es cómo hacer, sino dónde estamos cuando hay transferencia" (7)

El movimiento transferencial del analista está entre ser lo que quiere el otro y no ser nada, implica un dejarse tomar para después correrse, porque uno hace apariencia de objeto, pero no es el objeto, de modo que sea una táctica y no una actuación. Para ello es necesario que el analista se ubique en un lugar tal que permita al analizando desplegar la transferencia en todo su potencial, porque sin transferencia no hay análisis posible.

"Los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene"
(Juan Carlos Onetti)

No es un acercamiento fenomenológico el que debe realizarse al discurso del analizando, sino a través de la escucha intentar percibir qué cosas de la estructura de ese sujeto se revelan en su discurso, y ver desde qué lugar se dirige al Otro, desde qué lugar emite sus demandas y sus preguntas en relación a lo que le sucede.

Porque se parte de la base que todo neurótico, cuando habla se dirige al Otro, a un Otro que es una función en la estructura del discurso. Es decir es una función, un lugar que está en el interior de la estructura del lenguaje. Ese Otro es introducido como una ausencia, de modo que el neurótico al hablar intenta colocar a alguien en ese lugar de ausencia.

Es por ello que la pregunta del analista es: ¿qué mensaje le dirige ese analizando al Otro? Y es en función de esto que nos posicionamos en un lugar como analistas, porque ese Otro al que se dirige el analizando puede responder a sus preguntas o negarse a hacerlo, ese poder se lo da el analizando al dirigirle la pregunta. Entonces aparece el riesgo de que el que es llamado a responder (el analista ubicado como Otro por el analizando, aquel del lugar del supuesto saber) responda a su demanda. Y justamente de lo que se trata es de no ceder ante la demanda del analizando.

¿Cuál es la demanda del analizando? Esa pregunta debe ser abordada por el analista en las entrevistas preliminares. Porque es desde el comienzo que esto está en juego. El momento en que una persona pide un tratamiento, puede entenderse como una crisis en su modo de estar en el mundo, es decir una crisis en el modo en que obtenía su goce, ya que el síntoma que oficiaba como vehículo del mismo ha dejado de ser efectivo. Y lo que el analizando busca es justamente que el analista restituya este goce que se ha perdido, la efectividad del síntoma, por decirlo de algún modo. Volver al estado anterior es la demanda del analizando.

Se podría pensar que el psicoanálisis se diferencia de otras terapias porque apunta a develar un saber que no se sabe, y diseña un dispositivo específico para producir un saber inconsciente, es por ello que la frustración de la demanda se hace necesaria para que ello se alcance, en el entendido de que es uno de los motores que impulsa la transferencia y permite el inicio de la cura analítica.

La palabra del analizante es central para que este saber del inconsciente se produzca, pero no cualquier palabra, sino aquélla que permite articularse en transferencia, aquella que sorprende cuando aparece y que es la apertura del acto analítico y la posibilitadora de la cura. Es la palabra que porta el saber que no se sabe.

Esta palabra surge en la ausencia de respuestas, si la demanda del sujeto es satisfecha, y no hay ausencia en la respuesta de la relación del sujeto con el Otro esta palabra no surge, porque es obturada por el analista, o mejor dicho, por el "personaje" que el analista actúa cuando responde a la demanda del analizando.

Frustrar la demanda es algo que implica la técnica, pero también que va mas allá de ella. Pasa por el supuesto ético de que todo saber sobre el otro es supuesto, porque es una verdad inconsciente del otro. Es este el nódulo por el cual se evita un posicionamiento de Amo, y es esto lo que permite al psicoanálisis su existencia. Porque retomando la experiencia de Freud, es en ese punto en donde al "dejar hablar a sus histéricas" se corrió al lugar de no-otro del analista.

Entonces el discurso analítico nos dirige a una formación y a una ética del psicoanálisis. Porque para ser analista es necesario, no sólo una formación en relación a la teoría, sino el pasaje por el análisis personal y un profundo análisis del deseo de ser analista.

A modo de reflexión...
Intentar darle una finalización, a modo de conclusión a este trabajo me resulta una tarea dificultosa, hasta podría decir que imposible. No solamente porque prefiero que oficie como apertura y no como un cierre, de modo que permita generar nuevas producciones, sino también porque considero que todo saber siempre es parcial, en el sentido de que estará sometido a nuevas elaboraciones posteriores que permitan ampliarlo, afirmarlo o negarlo.

Esto podría plantearse en función de cualquier saber, pero se torna más importante cuando se trata del saber sobre el psicoanálisis, porque es un saber sobre el hombre y la explicación que le damos al mundo que nos rodea, es un saber estructurante en tanto analistas y también en tanto sujetos singulares. Entonces es un saber que habla de uno mismo. Por lo que espero no finalice jamás.

"...querer comprenderlo todo es ser menos que hombres, porque ser hombre es saber que no se comprende." (8)

Muchas son las preguntas que quedan sin respuesta, así como muchas preguntas han ido naciendo y otras muriendo a lo largo del trabajo. Intentar abordar el lugar del analista es tan vasto como lo es todo lo inabarcable, y sé que muchas son las cuestiones pendientes. Pero el límite esta puesto desde el inicio, el límite desde el lenguaje y desde el tiempo. Tiempo de elaboración del trabajo y tiempos personales que permiten ver algunas cosas y no otras. Porque la luz sobre algunos puntos hace sombra en otros.

Y es necesario aceptar el límite.

Después de todo la falta posibilita el deseo...

BIBLIOGRAFÍA
Carrasquillo Ramírez . A. "La infantilización del otro". Artículo publicado en la revista Acheronta. www.acheronta.com
Fernando Pessoa . "El libro del desasosiego". Ed. Emecé. Bs. As.
Lacan, J . " Escritos " 1. Ed. Siglo XXI. España. 1989.
Landeira, R . " La ética del psicoanálisis freudiano ". Trabajo presentado en la mesa redonda: "Reflexiones sobre la ética en el campo de la psicología" realizado por la Asociación de Psicólogos del Uruguay. 1985. Ed. HZ. Montevideo. 1996.
Nasio, J.D . " Cómo trabaja un psicoanalista" . Ed. Paidós. Bs As. 1996

Notas
(1) Fernando Pessoa. "El libro del desasosiego". Ed. Emecé. Bs. As. Fragmento 148, Pág.: 165. Volver
(2) Nasio, J.D. Cómo trabaja un psicoanalista. Ed. Paidós. Bs As. 1996 Pág:169 Volver
(3) Pessoa, F. "El libro del desasosiego" Ed. Emecé. Bs.As. 2000. Pág.: 155. Volver
(4) Lacan, J. Escritos 1. Pág.: 221 Volver
(5) Nasio, J. D.: "Como trabaja un psicoanalista". Pág. 163. Ed Paídos. Bs.As. 1966. Volver
(6) Lacan. J. Escritos. Pág.: 221. Volver
(7) Nasio. J.D. "Cómo trabaja un psicoanalista". Ed. Paidós. Bs As. 1996 Pág: 105. Volver
(8) Fernando Pessoa. "El libro del desasosiego". Ed. Emecé. Bs. As. Pág: 118 Volver

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