Buenos Aires - Jueves, 28 de Agosto de 2008

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SOBRE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA HOY

por Lic. Susana M. Szymanczyk

La estimulación temprana se ocupa del desarrollo del niño desde el nacimiento hasta más o menos los 3 años de vida.

Este período es fundamental, ya que marcará la historia y el nivel madurativo de la persona.

Es importante y a la vez imprescindible la estimulación que reciba el bebé por su medio circundante -madre, padre- y el círculo o díada desarrollada con su madre. Incluso desde muy pequeño, el niño puede ir adquiriendo nociones de espacio -por ejemplo que a la noche las luces se apagan y todos duermen. Paulatinamente se le van marcando pautas rutinarias, como los intervalos entre comida y comida.

El objetivo principal de la estimulación temprana es posibilitar que el desarrollo psíquico del bebé esté acorde a su función corporal. La intervención en estimulación temprana apunta a un desarrollo integral y armónico del recién nacido. Por tal motivo, decimos que por medio de esta disciplina se intenta lograr realizar las conductas esperadas del bebé.

En la vida intrauterina, el bebé va captando palabras; también gestos a través de movimientos rítmicos del cuerpo. Allí es donde se instala una relación intrapsíquica única y especial. A través del cuerpo el niño nos va transmitiendo sus vivencias y su percepción del mundo que lo circunda.

La inclusión de la madre en el tratamiento es primordial. Hace a la salud del bebé, de la misma madre y de todo el núcleo familiar.

El cuerpo y el contacto corporal son fundamentales para dicha intervención. Por lo tanto, es tarea del estimulador formar parte de un equipo multi y transdisciplinario para la función que le compete.

El profesional deberá contar con una equilibrada salud psicofísica y receptividad, además del afecto para con el otro.

Entre las tareas de la estimulación temprana pueden considerarse:

Otro de sus objetivos fundamentales es la educación preventiva que tratará de evitar desviaciones psicosociales en la percepción, el hábito motor, la emoción, la comunicación, lo verbal y el aprendizaje. Además de ejercer una educación preventiva también participa de la educación especializada, correctiva y compensatoria.

Por último, creemos que es de sumo valor la detección precoz del síndrome o la patología, ya que los niños discapacitados son en primer lugar niños y no discapacitados.

Se debe trabajar sobre la motivación del niño en realizar las actividades, más allá de las conductas esperables para su edad.

La intervención se efectúa en el plano de la estimulación kinestésica para que el niño responda a estos estímulos. Mediante un buen posicionamiento postural, llegar a que intervenga en situaciones de alcance, presión de objetos, girar sobre su cuerpo. Estimular para pasar de la posición de estar acostado o sentado hasta una primera etapa del caminar.

Sin olvidar que todo pasa por la motivación y por el logro de una actitud de deseo del niño; y que sin la labor cuerpo a cuerpo con el estimulador por parte de los padres nada sería posible.

El concepto de estimulación temprana hoy
Anteriormente se definía a la estimulación temprana como un proceso terapéutico dirigido al recién nacido considerado de alto riesgo, ya sea por problemas genéticos o hereditarios.

Actualmente este pensamiento cambió radicalmente, ya que se trata de un proceso terapéutico preventivo que sirve de apoyo, sostén y rehabilitación al recién nacido normal y a aquel con necesidades especiales. También se ocupa de su familia y de la comunidad toda.

Sabemos que los procesos de aprendizaje de los niños se deben a una evolución de su conducta y su desarrollo y la necesidad de una comunidad afectiva, esencial para dicho desarrollo.

El objetivo fundamental es ayudar al niño con o sin problemas a su incorporación al núcleo familiar, escolar y social.

Cabe ahora la pregunta: ¿Cuáles son los casos en los que la estimulación temprana es factor decisivo para el desarrollo ulterior del pequeño?

La estimulación temprana puede realizarse en niños recién nacidos como una disciplina terapéutica - educativa preventiva. Sirve para darle información sobre las conductas esperadas del infante a los padres y a todos los que intervienen en su educación.

En el caso de los niños de bajo, medio o alto riesgo, la intervención del estimulador es fundamental para que logre dentro de sus posibilidades las conductas esperadas, teniendo en cuenta su desarrollo madurativo y evolutivo.

Todo depende de la detección precoz del síntoma que aqueja al pequeño y su patología en sí, ya sea esta de carácter motriz, senso-perceptivo o emocional.

Sabemos que en ciertos casos de discapacidades mentales leves, la detección precoz es de muy difícil resolución. Pero esto no significa que el hecho de no haber comenzado a tiempo sea lo mismo que no empezar.

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