Buenos Aires - Jueves, 28 de Agosto de 2008

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CONSULTAR POR UN NIÑO

Lic. María Cecilia Colinas

En muchas ocasiones, se nos hace difícil saber en qué momento es necesario pedir ayuda o consejo de un profesional. Uno se resiste quizás porque considera que no le van a decir nada nuevo, o que en caso de hacerlo será como poner en entredicho su capacidad como padre o como adulto incapaz de resolver determinado problema.

Los padres son usualmente los primeros en reconocer cuando un hijo tiene un problema emocional o de conducta. Esta preocupación, combinada con las posibles observaciones de maestros o de otros miembros de la familia, es la manera más común para darse cuenta si el niño puede beneficiarse con algún tipo de tratamiento. Los padres pueden consultar a algún profesional para encontrar la manera de ayudar a su hijo.

Pedir ayuda, no sólo como padre, sino también desde cualquier rol o situación que la vida nos plantea es una actitud de lo más madura y consciente, propia de alguien que usa su decisión y los medios a su alcance para afrontar determinada problemática.

Siempre llega el punto en el que no sabemos si es suficiente o no lo que nos está ocurriendo, a nosotros o a nuestros hijos, como para consultar a un especialista; ese punto o límite es algo totalmente individual y subjetivo, que queda marcado de forma distinta por cada persona. Sin embargo, hay situaciones objetivas, que indican claramente la necesidad de hacerlo; algunas de ellas son:

Hay niños que se sienten abrumados por los cambios vividos en la familia, como también extrañados en aquellas situaciones nuevas (por ejemplo el inicio de la escolaridad), y es así como intentan despertar la atención del adulto a través de conductas atípicas hasta ese momento.

Cuando se consulta por un niño, el profesional tiene muy presente los diferentes discursos que van apareciendo en las entrevistas, el de la madre, el del padre, el de los hermanos, ira viendo como estos discursos se entrecruzan, y como cada integrante plantea la problemática entorno al niño.

El profesional está ahí para ayudarle, no para juzgar sus actitudes y comportamientos; su función no va a ser recriminatoria pues no se trata de un juez moral. Alguien, especializado en el tema, y que puede valorar desde fuera lo que a Ud. y a su familia le está ocurriendo, será quien le pueda ofrecer más elementos para afrontar la situación que le preocupa.

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