Buenos Aires - Jueves, 28 de Agosto de 2008

18 usuarios on-line


Contactar al autor/autores   Clik aquí para contactar al autor o autores


UN NIÑO Y SU SÍNTOMA

Lic. María Cecilia Colinas

Un niño de 7 años operado recientemente de hernia internado junto a su madre durante 7 días. Una nena en terapia intensiva desde hace más de un mes por quemaduras totales de 3er grado.

Situaciones que me llevan a pensar en el niño y su enfermedad, en qué es un niño, en lo que significa estar enfermo y cómo lo manifiesta.

Desde la observación misma, el niño aparece como una determinada entidad psicofísica, según algunos autores, o como una etapa evolutiva durante el transcurso de la vida, según el sentido común. Al pensarlo desde el punto de vista psicoanalítico no es fácil determinar lo que por lo común se designa como niño. Sigmund Freud le otorga al niño los primeros años de vida que luego sucumben a la amnesia. Pero creo que la pregunta por un niño nos puede conducir a su prehistoria, en sentido generacional, la historia de esa familia, situando al niño en ese contexto.

De esta manera podemos comenzar a ubicar al niño que llega a consulta, este no llega sólo, sino que lo hace junto a sus padres. Estos son quienes presentan a este niño portador de una enfermedad. Y presentan junto a él, sus propias angustias, temores en relación a la enfermedad de su hijo. ¿Cuál es la función del psicólogo en esta instancia? ¿Qué es lo que el psicoanálisis puede aportar más allá de la enfermedad de un niño?

A mi parecer el psicoanálisis tiene la tarea de resaltar la importancia de las palabras del entorno o de su ausencia en relación a la enfermedad. De que forma en estos padres el diagnóstico de la enfermedad dado por el médico resuena afectivamente, y cómo se sitúan en relación al mismo. Quizá la puesta en palabras de la situación dolorosa vivida le permitirá a los padres y al niño a dar sentido, y comprender lo que ellos viven. ¿A qué somos convocados cuando se nos requiere en una interconsulta con un médico en relación a un niño enfermo?

"El psicoanalista es convocado para que realice el examen de las relaciones interpersonales y para su mejora: relaciones entre enfermo, médicos y familia... tarea de devolverle el uso de la palabra al cuerpo que sufre, escucharlo, y a la vez hacer que esa palabra sea escuchada"(1). El analista se presenta de otra manera, escucha ahí donde se hace silencio en otras instancias. De lo que se trata es de poder acceder a un conocimiento que canalice y concrete las expectativas de salud que la situación de enfermedad esta reclamando. Intervenir para que la enfermedad se reenfoque sobre ese ser humano que la padece y su contexto.

Anteriormente planteé una cuestión en relación a un niño enfermo y lo que significa para él esa condición. La enfermedad para un niño, ¿es sólo dejar de ir al colegio, dejar de jugar, "hacer las cosas de niños"?. ¿Qué otras cuestiones están en juego?

Si la salud implica para un niño jugar, ir a la escuela, estar con su familia, situaciones que forman parte de la vida, la enfermedad produciría una detención en estas acciones comunes y cotidianas. La enfermedad produce un corte en la vida, un silencio, una quietud, un estado inerme. Creo que evidentemente el estar enfermo conlleva un estado de angustia, como una amenaza real a la vida (tanto en los padres como en el hijo). Freud planteaba que la angustia es acerca de algo, también como una reacción frente a una situación peligrosa. Esa angustia, desde los padres, presentifica la angustia real frente a su hijo, que padece una enfermedad. Desde nuestro lugar, abrir preguntas sobre el significado mismo de esa enfermedad para cada uno de los integrantes de la familia, ya sean padres o hermanos; preguntas que habiliten a cuestionarse las diferentes posiciones frente a la situación traumática, para luego poner a trabajar la causa. Es aquí donde podría inferir que algo del orden de la ética del analista está en juego. Operar para que algo de lo que le pasa al paciente y sus familiares pueda ser dicho. La ética del analista encontrará su fundamento en el reconocimiento del sujeto como ser simbólico, sujeto que se humaniza por el lenguaje, que a través de la palabra accede a la condición de humano. De lo que se trata es de acompañar al sujeto, transitar junto a él este atolladero, intentando inscribir junto con él, las huellas de su derrotero hacia una significación de lo padecido.

Es desde aquí, la clínica con niños, donde se podría plantear una clínica distinta, donde son de suma importancia los diferentes discursos que van apareciendo, el del niño, el de los padres, y de esta forma se podría dejar entrever cómo estos discursos se entrecruzan formando lo que constituye el mito familiar. Y pensar que es a través de este mito construido en la familia, que puede dar cuenta de la polisemia de escrituras en relación a la subjetividad de ese niño.

Notas
(1) Mannoni, M: El niño, su enfermedad y los otros - Ed. Nueva Visión- Cap I y II   Volver

Este trabajo fue visto  1487  veces

 

 

 

Versión impresora
Click aquí para descargar el artículo
Clik aquí para enviar un link del artículo

Click aquí para contactarnos

Política de Privacidad
Copyright © 2001 - 2008 ProyectoPsi.com - Todos los derechos reservados