Buenos Aires - Viernes, 10 de Octubre de 2008

21 usuarios on-line


Contactar al autor/autores   Clik aquí para contactar al autor o autores


PSICOANÁLISIS Y DISCAPACIDAD

Lic. Carolina A. Villegas

En los inicios, cuando un bebé nace, muchas cosas pueden suceder; y de estas muchas cosas que sucederán podrá o no devenir un Sujeto.

Lacan conceptualiza la constitución del Sujeto. Debemos, entonces, pensar que el Sujeto no está dado, sino que es algo a construirse y constituirse como tal. Esta constitución está sujeta al encuentro con un Otro. Un Otro materno, un Otro de la Ley, un Otro de la cultura.

Las marcas que estos encuentros y desencuentros inscriban, más lo singular que este niño porte, posibilitarán que allí advenga o no un Sujeto deseante. Cada una de estas marcas se imprimirá en este cuerpo y en las vivencias infantiles ya que sobre ellas se edificarán las siguientes huellas que comandarán la vida de ese Sujeto en particular.

Sabemos que un hijo viene a ocupar "un lugar" que lo estaba esperando, que lo antecedía, un lugar que su mamá fue creando desde niña, cuando mecía una muñeca o jugaba a alimentarla, un lugar que tendrá que ver con la historia singular de cada uno de sus padres.

Ese niño que llega podrá ser "el niño de mamá y papá", "la alegría de la casa", "su majestad el bebé", "una molestia", "una enfermedad"...

Cuando un niño nace con cierta discapacidad muchas veces confronta a sus progenitores con ese "amargo sabor " de lo que no pudo ser. Ese que nació no es el que se parecería a papá o tendría el humor de mamá. Muchas veces este niño es puesto en el lugar del intruso que les robó a su bebé. Intruso que no posibilita la proyección de la vida sino que confronta con la muerte. La muerte en lo Real, la muerte del Ideal. Quiebre narcisista...

Las "culpas", los "reproches", la "desesperación", las "fantasías de muerte" se encuentran  a la orden del día.

Es muy importante tener estas cuestiones en cuenta en la dirección de un tratamiento.

Muchas veces estos niños llegan al consultorio años más tarde, derivados por algún otro profesional y muchas veces los papás no saben el motivo por el cual este niño debe asistir al encuentro con un psicoanalista.

Recuerdo una ocasión en la que el papá de una hermosa niña de 3 meses de edad llegó a mi consultorio. Al preguntarles por el motivo de la consulta el papá señaló a la niña y con un movimiento de cabeza dijo: "Síndrome de Down". Esa niña hermosa, con ojos chispeantes y sonrisa alegre no era portadora de un nombre, de Su nombre, ella era: "Síndrome de Down". En otra ocasión, los papás de un niño de 4 años que tenía un diagnostico médico de espina bífida se sorprendieron al verlo jugar en la alfombra del consultorio con juguetes que él había tomado muy selectivamente ya que no sabían que le gustara jugar y por ello nunca le habían comprado juguete alguno, ni habían intentado jugar con él. "Había sido que le gustaba jugar", dijo en esa ocasión el papá con asombro. Otra mamá adolescente ante la inminente operación cardíaca con la que debía ser intervenido su hijo de 9 meses de edad, con un diagnóstico médico de Síndrome de Down y una importante cardiopatía congénita, lloraba y aseguraba que "habría sido mejor que muriera al nacer así no tendrían que haber atravesado momentos tan difíciles y llegar a una operación con la que los médicos no eran muy optimistas en relación a la continuidad de la vida de Nico".

Si bien el encuentro con los hijos no es sencillo, este encuentro se ve mayormente obstaculizado en los padres que han tenido hijos con algún tipo de discapacidad. Se ven confrontados a atravesar un duelo por "lo que no pudo ser y lo que posiblemente creen que no será..."

Es por ello que nuestra intervención es tan importante en estos primeros momentos. Este duelo que estos papás deberán atravesar les dará la posibilidad de descubrir a ese niño que ha nacido como su propio fruto, de engancharlo y atravesarlo por el deseo de sus progenitores, de verlo como un sujeto que con su singularidad podrá realizar incluso cosas que ni ellos habían imaginado. Le darán la posibilidad de sujetarlo a un Otro y que allí, donde sólo había "carne" advenga un Sujeto del Deseo.

Por estas cuestiones es importante tener en cuenta que el tratamiento de un niño no es sin los padres del mismo. Los papás juegan un rol fundamental en la vida de todo infante, y ayudarlos a transitar este momento de duelo posibilitará que puedan tomar a ese niño y convertirlo en propio.

Considero, a su vez, importante desmitificar las "fórmulas" que algunos profesionales suelen ofrecer o sugerir a los papás en relación a sus hijos.

Debemos centrarnos en la idea de que cada niño es único y singular y lo que posiblemente sea útil para uno no lo sea para el otro. Muchas veces suele pensarse que los niños que sufren discapacidades necesitan de un tratamiento psicológico, y esto no es así. Discapacidad no es igual a enfermedad. Hay niños con discapacidades que se encuentran atravesando un buen desarrollo subjetivo, que pudieron ser atravesados y sujetados por un Otro que posibilitó que ese niñito comenzara a transitar el recorrido de su deseo, que advenga como un sujeto deseante.

Claro está que un niño que presente cierta discapacidad deberá tener cuidados médicos según lo amerite su caso en singular.

Desde la clínica debemos pensar al niño y no al discapacitado. ¿Cómo podemos ayudar en la subjetivación de ese niño que se llama "Nicolás" si sustituimos su nombre con otros términos como "el discapacitado" o "estos chicos"?

Nuestro nombre es lo que nos engancha al deseo de un Otro, es lo que nos sitúa en determinada novela familiar, es lo que nos posibilita una historia, un pasado y por consiguiente un futuro, es lo que nos hace portador de este Deseo singular y no de otro.

El Deseo es de lo más particular, de lo más singular. Al posicionarnos en el recorrido del mismo no podemos pensar en la pluralidad, no podemos pensar al Deseo en relación a "grupos", o en relación a la discapacidad. Si lo hiciéramos estaríamos recortando todo lo Singular que ese niño tiene, estaríamos recortando o aglutinando su "Ser", su "esencia" a la de otros.

Como seres sociales que somos desde luego  hay cosas, gustos, preferencias, etc., que compartiremos con otros. Pero esto no implica que deban establecerse "Fórmulas" asociadas a la escolaridad, a los lugares de socialización que cada niño debe atravesar, a los juegos que deben jugar, a las cosas "convenientes para esos pequeños".

Como psicoanalistas debemos vérnoslas con la falta del Otro y con la propia, y desde esta "Nada" poder generar un nuevo "Sentido". Un Sentido que pueda reinscribir una historia, dar un Nombre y posicionar a "Síndrome de Down" (así la señalaba su padre) como Magali.

Este trabajo fue visto  837  veces

 

 

 

Versión impresora
Click aquí para descargar el artículo
Clik aquí para enviar un link del artículo

Click aquí para contactarnos

Política de Privacidad
Copyright © 2001 - 2008 ProyectoPsi.com - Todos los derechos reservados